Por Carlos Herrera
@cehs1957
Una de las obras más emblemáticas de la producción teatral del inmortal dramaturgo venezolano Rodolfo Santana (1944-2012) ha sido por su incuestionable vigencia, La empresa perdona un momento de locura. Escrita en 1974, estrenada en la Sala de Conciertos de la Universidad Central de Venezuela en 1977 y galardonada con el Premio Nacional de la Crítica del año 1978, esta pieza se inscribe dentro del realismo crítico porque es capaz de resumir la fuerte contradicción dicotómica sociedad/clase obrera oprimida y cómo los mecanismos opresivos tienden a alienar la toma de conciencia de estos últimos a fin de que no asuma una toma de su conciencia de clase explotada.
La síntesis argumental discurre cuando un fiel trabajador llamado Mariano Núñez que ha entregado a una empresa de troquelado 20 años de su vida, un día estalla y empieza a romper con un martillo las máquinas cuando vio como un aprendiz se lesionó con una de esas máquinas. Ello hará que la empresa le ponga bajo el servicio de una psiquiatra y es allí como Núñez que había sido un joven traído a la ciudad por la recluta desde el ignoto pueblo de Pejugal apenas sobrevive en los cinturones de miseria de la urbe, pero levanta una familia, logra un trabajo y tiene un hijo que será asesinado por tener ideas de izquierda. Ira, desencanto y rabia afloran desde su mundo interno, pero la empresa buscará readaptarlo comprando su realidad a fin de que sea un individuo alienado al poder económico que le somete.
Ello entra en concordancia con esa búsqueda dramática de Santana en la cual bajo la mirada de la investigadora Yoyiana Ahumada trata de “desmontar los grandes tótems de la modernidad: la razón y el progreso, arremetiendo contra mitos como el intelectual, como clase éticamente pura, la fe, la violencia del poder, (…) y la “santidad foucaltina” de las instituciones al ver como esa clase de poder empresarial procura la profilaxis de una empresa haciendo entrar en razón a un obrero que se ha salido del carril a través de un interrogatorio que raya en la tortura psicológica. Es la anticatarsis del sistema opresor que cínicamente oprime al desvalido –el obrero o el trabajador obediente– para seguir esquilmándole su plusvalía.
Dentro de lo que ha sido el mes Homenaje a Rodolfo Santana, Un año en la Eternidad que dispuso Fundarte y el GDC para ser programado dentro del Circuito Teatral de Caracas en este 2013 y a un año de la sensible desaparición física –pero nunca de su trascendente legado– que fue presencia de este significativo dramaturgo, director y guionista venezolano, se exhibió en los espacios del Teatro Nacional la propuesta La empresa perdona un momento de locura que contó, como casa productora, con la Fundación Teatro San Martín y Fundarte para llevarle al espectador esta joya de la dramaturgia santaniana que, bajo la dirección de Rubén León, se propone al espectador un montaje sencillo y a la vez directo con la idea argumental que esta pieza transmite.
Con limpieza escénica, pocos recursos escenográficos, pero teniendo los necesarios para enmarcar el ámbito de encuentro de la psiquiatra y el trabajador (encarnados de forma correcta por las actuaciones de Mariana Alviárez Villamediana y Emiliano Molina) se produjo ese efecto vital de un mensaje como una reflexión que caló con vital pertinencia en el público asistente. La empresa perdona un momento de locura fue asumida por una conjunción creativa inteligente, sobria y plena de buen talante que me hace pensar que este montaje podría ir a espacios como fábricas, universidades, escuelas y comunidades a fin de divulgar y discutir el pensamiento de un autor y la perspectiva de un grupo que entiende que la realidad debe ser entendida con compromiso ideológico. Más que nunca, Rodolfo Santana está con nosotros.
martes, 29 de octubre de 2013
martes, 22 de octubre de 2013
Amor sueco
Por CARLOS E. HERRERA
critica@cantv.net
@cehs1957
Hacia 1979, Rodolfo Santana había culminado uno de sus más agudos dramas en torno a la desmedida voracidad de las grandes corporaciones bancarias que rigen al mundo capitalista de nuestro tiempo. Una obra en cuyo trasfondo la mente lúcida, pero a la vez crítica de Santana, osó levantar su puño contra la voracidad consumista que aliena a nuestras sociedades y que esta imponía sus nefastas como inhumanas fórmulas a favor de entes como la una necesaria banca, pero todas sustentadas en la insidiosa presencia de organismos supranacionales que las favorecen. Me refiero al texto dramático Nunca entregues tú corazón a una muñeca sueca ganadora del Premio de Dramaturgia Santiago Magariños (1994) estrenada por el grupo guariqueño Búsqueda (1984) y luego en coproducción entre el Grupo Cobre y TextoTeatro (1998) donde el autor la dirigió participando en ese tiempo David Villegas y Alfonso Rey.
Pieza contundente por la posición de quien fue un dramaturgo preocupado en hurgar a través del poder de la palabra su feroz crítica al universo del capitalismo deshumanizante que, por años, acosa a esta aldea global que llamamos sociedad occidental. Tal y como Santana lo llegó a visualizar, la banca es “una máquina con semántica propia dirigida a la trituración inmisericorde del ser humano”. Es pues, el desmantelamiento que tenía este dramaturgo sobre las diabólicas posturas de los mercados capitalistas y sus decisiones sobre el mercado financiero mundial y cómo operaban sus diabólicos agentes como el FMI o el Banco Mundial. Drama capaz de radiografiar cómo estos organismos actúan sobre sociedades enteras activando una alucinante antropofagia económica que medra sobre países y sistemas cordero que persisten en ver sus migajas salvadoras como posibilidades de salvación. Santana lo supo decir, y señalar lo que ha sido por décadas harto denunciado dentro de los países en desarrollo, pero pocos se han atrevido a desenmascarar y menos mostrar cómo opera la gran esquilmadora de los sueños de naciones e individuos que siguen creyendo que las finanzas y el dios dinero lo es todo.
Nunca entregues tu corazón a una muñeca sueca se retomó bajo el empuje del Teatro San Martín y Teatro Cobre dentro del Circuito Teatral de Caracas, y fue exhibida en el Teatro Principal en fiel concordancia con lo que Santana deseaba mostrarle al público para seguir diciendo que, a través de obras, el tema de la corrupción y la deshumanización consumista tiene absoluta vigencia. Ha sido un trabajo lleno de un poder moralizante que aún es capaz de seguir desvelando los mecanismos que ostentan la banca local y foránea que ni sienten ni padecen sus consecuencias, el peso de sus decisiones sobre nuestras sociedades; pieza que tiene una poderosa vigencia y que sigue manteniendo la fidelidad con la cual la elaboró Santana, al imbricar elementos del absurdo con la ironía dentro de un lenguaje ajustado que posee resonancias metafóricas, expuesto por dos personajes: los hermanos Iván y Abel, perfectamente interpretados en esta oportunidad por Adolfo Nittolli y David Villegas, quienes formaron una dupla histriónica acoplada, llena de sutilezas y con un ritmo compositivo plausible, que sostienen una relación antropofágica sostenida por la utopía consumista que se concreta mediante una muñeca de plástico que cambia sus bizarras vidas.
Un trabajo teatral donde el lector/espectador se rio, pero al mismo tiempo se llevó en su subconsciente una reflexión sobre la oscura mascarada que ostentan las sacrosantas instituciones de las finanzas locales y mundiales. Un montaje que puede verse más de una vez, y donde el espectador podrá hacer sus lecturas personales y discutir en colectivo.
critica@cantv.net
@cehs1957
Hacia 1979, Rodolfo Santana había culminado uno de sus más agudos dramas en torno a la desmedida voracidad de las grandes corporaciones bancarias que rigen al mundo capitalista de nuestro tiempo. Una obra en cuyo trasfondo la mente lúcida, pero a la vez crítica de Santana, osó levantar su puño contra la voracidad consumista que aliena a nuestras sociedades y que esta imponía sus nefastas como inhumanas fórmulas a favor de entes como la una necesaria banca, pero todas sustentadas en la insidiosa presencia de organismos supranacionales que las favorecen. Me refiero al texto dramático Nunca entregues tú corazón a una muñeca sueca ganadora del Premio de Dramaturgia Santiago Magariños (1994) estrenada por el grupo guariqueño Búsqueda (1984) y luego en coproducción entre el Grupo Cobre y TextoTeatro (1998) donde el autor la dirigió participando en ese tiempo David Villegas y Alfonso Rey.
Pieza contundente por la posición de quien fue un dramaturgo preocupado en hurgar a través del poder de la palabra su feroz crítica al universo del capitalismo deshumanizante que, por años, acosa a esta aldea global que llamamos sociedad occidental. Tal y como Santana lo llegó a visualizar, la banca es “una máquina con semántica propia dirigida a la trituración inmisericorde del ser humano”. Es pues, el desmantelamiento que tenía este dramaturgo sobre las diabólicas posturas de los mercados capitalistas y sus decisiones sobre el mercado financiero mundial y cómo operaban sus diabólicos agentes como el FMI o el Banco Mundial. Drama capaz de radiografiar cómo estos organismos actúan sobre sociedades enteras activando una alucinante antropofagia económica que medra sobre países y sistemas cordero que persisten en ver sus migajas salvadoras como posibilidades de salvación. Santana lo supo decir, y señalar lo que ha sido por décadas harto denunciado dentro de los países en desarrollo, pero pocos se han atrevido a desenmascarar y menos mostrar cómo opera la gran esquilmadora de los sueños de naciones e individuos que siguen creyendo que las finanzas y el dios dinero lo es todo.
Nunca entregues tu corazón a una muñeca sueca se retomó bajo el empuje del Teatro San Martín y Teatro Cobre dentro del Circuito Teatral de Caracas, y fue exhibida en el Teatro Principal en fiel concordancia con lo que Santana deseaba mostrarle al público para seguir diciendo que, a través de obras, el tema de la corrupción y la deshumanización consumista tiene absoluta vigencia. Ha sido un trabajo lleno de un poder moralizante que aún es capaz de seguir desvelando los mecanismos que ostentan la banca local y foránea que ni sienten ni padecen sus consecuencias, el peso de sus decisiones sobre nuestras sociedades; pieza que tiene una poderosa vigencia y que sigue manteniendo la fidelidad con la cual la elaboró Santana, al imbricar elementos del absurdo con la ironía dentro de un lenguaje ajustado que posee resonancias metafóricas, expuesto por dos personajes: los hermanos Iván y Abel, perfectamente interpretados en esta oportunidad por Adolfo Nittolli y David Villegas, quienes formaron una dupla histriónica acoplada, llena de sutilezas y con un ritmo compositivo plausible, que sostienen una relación antropofágica sostenida por la utopía consumista que se concreta mediante una muñeca de plástico que cambia sus bizarras vidas.
Un trabajo teatral donde el lector/espectador se rio, pero al mismo tiempo se llevó en su subconsciente una reflexión sobre la oscura mascarada que ostentan las sacrosantas instituciones de las finanzas locales y mundiales. Un montaje que puede verse más de una vez, y donde el espectador podrá hacer sus lecturas personales y discutir en colectivo.
lunes, 21 de octubre de 2013
Tiempo, distancia y relaciones
Por Joaquín Lugo
@joaquilugo
En el Teatro de la Asociación Cultural Humboldt, se
presenta el Grupo Actoral Dram-ON con Marburg,
texto del catalán Guillem Clua, producción de campo de Karla Fermín, producción
general del grupo y dirección de Juan José Martín.
Cuatro lugares que tienen el común el nombre de “Marburg”
se conectan en una especie de conciencia planetaria que sobrepasa el tiempo y
la distancia. Dos científicos presencian y sufren la aparición de un virus
mortal en Alemania, una familia pierde a su único hijo en un lago en los
Estados Unidos, un Padre viene a comprobar el milagro de un Cristo que llora
sangre en África y dos hombres revelan sus deseos en una estación meteorológica
en Australia. Presentada en dos actos,
la pieza va desarrollando cada trama una por una estableciendo
vinculaciones entre los personajes y las situaciones para comprobar que las
relaciones humanas están por encima de la ciencia, la religión, los prejuicios
y el sexo.
La dirección resuelve los cuatro espacios donde ocurren
las acciones colocando uno al lado del otro manteniendo la continuidad dramática
que plantea el inicio del texto. Apoyada en el diseño de escenografía y
ambientación de Oscar Salomón, y la iluminación de Víctor Villavicencio,
concentra cada historia en el espacio que le corresponde y maneja adecuadamente
los desplazamientos que permiten dar forma a cada trama. Sin embargo, el cuadro
del Padre y la hermana en África se presenta muy estático y compromete el ritmo
de todo el montaje en comparación con la diversidad de los demás cuadros. La
propuesta escenográfica de Salomón brinda el estilo justo a cada lugar tanto en
el colorido como en los elementos que facilitan el desarrollo de la acción. Por
su parte, el diseño y producción de vestuario de Gio Sperandei Moda y Accesorios
se percibe adecuada para la época y ambientación de cada trama reflejando
estilos que van desde los 60 hasta principios del siglo XXI.
El trabajo actoral está equilibrado y bien conducido en
cada uno de los roles. Ana Melo como Helga y Aníbal Cova como Tom son veraces e
intensos en la primera historia. Eulalia Siso como Claire y Diana Volpe como
Nancy ofrecen el tono justo a ambos roles, acompañadas por la labor precisa de
Guillermo Díaz Yuma como Walter, en la segunda trama. En el tercer cuadro,
Louani Rivero como Acanit y Elio Pietrini como el Padre Gabriel conducen bien
sus personajes pero no se han acoplado totalmente. Por último, Newman Vera como
Buck y Markel Méndez como Dundy demuestran franqueza y buen manejo de las
intenciones en la última historia.
En fin, hay que reconocer el esfuerzo de producción y la
calidad en el trabajo de esta agrupación.
El mundo en llamas
Por Joaquín Lugo
@joaquinlugo
En su sala homónima, la agrupación Rajatabla presenta La piel en llamas del catalán Guillem
Clua, producción general de William López y dirección de Vladimir Vera.
Cuatro personajes coinciden en diferentes tiempos en una
habitación de hotel: un fotógrafo que viene a recibir un premio por la imagen
de una niña con la piel en llamas, una periodista del diario emblema de un país
dictatorial, un médico aprovechador y una mujer que desea salvar a su hija por
todos los medios. Con este grupo de personajes, Clua crea un texto duro y sin
cortapisas que demuestra que el mundo es controlado por los oportunistas y que
ninguna organización que agrupe a las naciones puede hacer algo para cambiarlo.
El fotógrafo, la periodista y el médico se aprovechan de estar rodeados de una
sociedad corrompida para alcanzar sus intereses, la madre es el símbolo de
todos aquellos marginados que sufren la descomposición mundial.
La mayor virtud de la puesta en escena es el manejo del
tiempo y de los personajes que coinciden en la habitación. Un tiempo presente y
uno anterior confluyen en escena con buen dominio desde el punto de vista de la
dirección: equilibrio en el escenario, desplazamiento e intervenciones entre
los personajes. Un ajuste del ritmo sería más contundente para el montaje. El
manejo especular del escenario es otro punto a favor. Esto se logra gracias a
la presencia de los elementos escenográficos esenciales, sin embargo el aspecto
visual del diseño no posee una composición armoniosa. Asimismo el diseño de
iluminación podría ser más significante para reflejar los tiempos dentro del
desarrollo dramático. La propuesta de vestuario es más atinada para delinear
cada rol.
El trabajo actoral está equilibrado. José “Pepe”
Domínguez como Salomón, el fotógrafo, logra un trabajo correcto y en
correspondencia con la vanidad del rol. Fedora Freites como Hannah, la
periodista, se conecta de manera profunda para transmitir los sentimientos del
personaje más complejo y a la vez más perverso del argumento. Jean Franco De Marchi
como Brown, el médico, digiere y transmite de forma excepcional las intenciones
de un individuo corrompido. Tatiana Mabo como Ida, la madre, equilibra de
manera correcta el sufrimiento y la esperanzas infundadas con una buena
composición del rol tanto corporal como vocalmente.
En el momento de mayor tensión, varias imágenes de muerte
y guerra son mostradas una y otra vez creando un ambiente de incomodidad en el
espectador. El mundo está en llamas. De forma sorprendente, las informaciones e
imágenes de muerte y corrupción social parecen inocuas en la Venezuela
contemporánea.
domingo, 20 de octubre de 2013
Nunca entregues tu corazón a una muñeca sueca
![]() |
| Rodolfo Santana |
Por Bruno Mateo
@bruno_mateo
El sábado 19 de octubre de 2013 en el Teatro Principal
ubicado al norte de la Plaza Bolívar de Caracas se presentó la pieza “Nunca
entregues tu corazón a una muñeca sueca” del dramaturgo venezolano Rodolfo
Santana como parte del homenaje a este
autor a un año de su desaparición física, una producción del Teatro San Martín
y Grupo teatral Cobre, bajo la dirección del mismo Rodolfo Santana con las actuaciones
de Adolfo Nittoli y David Villegas, pieza que nos habla de dos antropófagos
selectivos que sólo comen banqueros y su mayor sueño es vivir en Suecia.
Nos encontramos frente un montaje que, a pesar de que el
texto nos grafica una situación tan abominable como la antropofagia, el
infratexto de Santana nos indica metafóricamente otra realidad: el canibalismo
por parte de los bancos hacia la gente, lo que hace que nos resulte divertido
amén de las buenas actuaciones.
Puedo destacar la desbordante energía y la absoluta
entrega de los actores en sus respectivos personajes, antónimos por demás. La
conexión que hubo entre Adolfo Niittoli y David Villegas hace que aparezca la
convención tácita de la que hablan tantos los especialistas en el teatro. Nos creímos totalmente la puesta en
escena. Por parte de Villegas la
relación que tuvo con la muñeca de plástico hace que por momentos veamos a una
mujer de verdad. Una excelente manipulación de objetos. Nittoli hace lo propio
en su interpretación de hombre violento que gusta del sexo hardcore. Los constantes cambios de emociones correspondientes
a las distintas situaciones dramáticas de la fábula hacen que la línea
estructuradora de la puesta en escena sea ágil, con buen ritmo desde principio
a fin y eso lo logran las
interpretaciones de ambos actores en cada una de ellas.
Nos resultan unos caníbales adorables, que incluso, puedo
compararlos con el mítico Robín Hood porque ellos sólo se comen a los banqueros
y no a los “actores ni poetas”.
Concluyo diciendo que este fue un homenaje muy bien
merecido y que deja en alto el nombre de Rodolfo Santana dentro de la
dramaturgia nacional.
El inmortal o el beisbol teatral
![]() |
| David Concepción es el súper personaje de la obra de Paul Salazar Rivas |
@eamorenouribe
El beisbol, pasión exacerbada con la comercialización de los grupos que lo cultivan y su próspero negocio, que es fomentado por los medios de comunicación, sin contar ese vaso comunicante con el multimillonario imperio lúdico escenificado en Estados Unidos y otras naciones, no son temática ni argumento frecuentes en el teatro mundial.
El teatro venezolano, en pos de temas originales y de captar más espectadores, le puso el ojo al beisbol, no sólo por el público que atrapa con las vicisitudes de tal juego o por las complejidades de sus jugadores, sino porque nada humano se le puede escapar al ojo de una de las más antiguas manifestaciones artísticas del país, aunque el beisbol llegó a Venezuela a finales del siglo XIX, cuando unos “niños bien” jugaron unos innings en la capital y se quedó para toda su ya larga historia centenaria.
En Caracas, el beisbol teatral fue abordado, a lo largo del siglo XX, por Gustavo Ott quien escribió 80 dientes, 4 metros y 200 kilos; además tiene Fotomatón y Linda gatita. Francisco Viloria pergeñó Los Samanes Beisbol Club, saga de un grupo de peloteros, en San Bernardino, el cual después se transforma en el Magallanes. Milton Quero tiene La vida es un strike out, donde una pareja de ancianos evoca los juegos que vieron y a los que no acudieron. Néstor Caballero redactó y estrenó el unipersonal Mister Juramento/Homenaje a Julio Jaramillo, donde un travesti revela su pasión por algunos peloteros, a quienes se llevó a la cama. Ibsen Martínez tiene La hora Texaco.
Le correspondió a Paul Salazar Rivas, durante la temporada 2002 del Ateneo de Caracas, estrenar su pieza Rivales eternos, cuyo subtítulo revela la razón de la pieza misma: La historia de un magallanero que fue caraquista por un día.
Durante la temporada 2009, la periodista Mari Montes debuta como autora con su unipersonal Tania en pelota, protagonizado por Tania Sarabia. Ahí, apoyada en un discreto y nada práctico tinglado audiovisual, reflexiona sobre el béisbol, al cual desprecia porque jamás lo ha entendido, lo considera absurdo y, muchas veces, ridículo, tanto por sus peculiares reglas para ser jugado, como por la conducta de sus jugadores, las formas de ‘ligar’, el lenguaje y hasta el uniforme.
Y ahora, para cerrar la temporada 2013, Paul Salazar Rivas se presenta en el Celarg con El inmortal, o La inmortalidad negada a un hombre eterno, un homenaje a David Concepción, pelotero estrella.
No es El inmortal biografía, ni tampoco una pieza exclusiva para los amantes del béisbol. Trata sobre la injusta no exaltación de Concepción al Salón de la Fama en Cooperstown, templo de los inmortales del béisbol. La argumentación transcurre en Caracas, comienza en 1974 y se desarrolla hasta la época actual. Es un paseo nostálgico, donde sus personajes van envejeciendo con la historia, apuntalada con una selección de videos importantes y una musicalización precisa, los cuales revelan el maravilloso mundo del béisbol, pero especialmente “el camino de la vida a la muerte, que es el camino a la inmortalidad”, afirma Salazar Rivas.
El inmortal es una estremecedora, valiosa e ingeniosa comedia, la cual posee situaciones dramáticas; cuenta además con actores talentosos, como Carlos Minoves, Osmary Hidalgo, José Félix Armas, el multifacético Ricardo Urrea, los promisorios morochos María Fernanda y Jesús Aristiguieta, y Jhonathan Urrea. La musicalización, grabación y mezcla está a cargo de Luis Ugueto, mientras que la producción es del Grupo Producciones Pequeño Grupo, con la dramaturgia y dirección de Paúl Salazar Rivas, quien realizó uno de sus sueños.
viernes, 18 de octubre de 2013
¿Quién será el verdadero enemigo del pueblo?
El pasado domingo, finalizó la
temporada de la pieza teatral El enemigo
del pueblo, versión realizada por el maestro Ugo Ulive del original escrito
por Henry Ibsen y que este año en Venezuela ha subido, con ésta, dos veces a
las tablas caraqueñas en distintas versiones.
Parece ser que el ambiente político
que vivimos los venezolanos, es el acaldo de cultivo perfecto y el adecuado
marco para que el Dr. Stockman (protagonista del drama) sea vapuleado y
considerado enemigo de su pueblo, al intentar luchar por la verdad. Esta vez
Skena es la agrupación teatral encargada de realizar la puesta en escena bajo
la batuta de Armando Álvarez, el director más joven de la agrupación, que ese
mismo domingo arribó a sus 34 años de fundada.
Esta visión de Ulive del texto
ibseniano, centra su atención en la pareja protagónica de hermanos, los
Stockman uno el médico que descubre la contaminación del balneario que puede
llegar a matar a su pueblo, y el otro, el gobernador que le exige guarde
silencio para no peder dinero y poder si se revela la verdad. Ulive limpia el
texto de toda retórica y dilaciones para concentrar más el conflicto, acción
que hace muy interesante la propuesta, pues los acontecimientos se precipitan
como un torbellino.
Por su parte Álvarez, desde la
dirección supo apoyarse en sus protagonistas, pilares de su puesta y siendo
éstos Jorge Palacios y Basilio Álvarez quienes como titanes hacen gala de su
talento de histriones para cautivar al espectador. Y lo logran.
Skena, junto con su dramaturgo,
centraron el problema de la pieza desde el punto de vista mediático, por lo que
la acción se traslada en el tiempo a los años ´60 para contar cómo la vida política,
social y económica de un pueblo depende de sus medios de información “el cuarto
poder” como lo conocemos. Así a partir de una rueda de prensa es que el
Gobernador Stockman comienza a tejer toda la trama para enredar a su hermano
cual arácnido corrupto que puede llevarse por delante a cualquiera por el poder
y el dinero, incluso a los de su propia sangre.
Interesante juego escénico al romper
la cuarta pared del escenario e involucrar al espectador como ese morboso
pueblo deseoso de información, que vive y se alimenta de los medios que
conducen su vida, y los alienan en seres homogéneos, masas, borregos o focas
que aplauden todo lo que diga un carismático líder- cualquier parecido con la
realidad es pura coincidencia- aunque la pieza original fue escrita en 1882,
podríamos pensar que se terminó de escribir antes de ser estrenada en Caracas.
En virtud de lo anterior es esta
masa deforme, ciega y conducida por un enfermo de poder quienes deciden lo que
se debe o no condenar porque “la mayoría siempre tiene la razón” Habría que
preguntarse: ¿La mayoría también puede equivocarse?
No cabe duda que Palacios y Álvarez
en los roles principales están muy acertadamente escogidos, Palacios da rienda
suelta a su calificativo de Primer Actor y se mueve como pez en el agua,
impacta en su construcción maquiavélica del personaje del gobernador, con
detalles que hilvana finamente para entregar un carácter maléfico que da gusto
apreciar; por su parte Basilio Álvarez se crece con su Dr. Stockman y logra
momentos que en medio de la desesperación del incomprendido, tocan la
sensibilidad del espectador hasta conmover. Del elenco de soporte, resaltan las
actuaciones de Juan Carlos Ogando, Israel Moreno, y los jóvenes: Luis Ernesto
Rodríguez y Patrizia Aymerich, dos promesas en nuestras tablas nacionales.
En síntesis, hay una cuidada
dirección y correcto manejo de todos los elementos estéticos de la pieza, amén
de un adecuado manejo espacial, pese a las nefastas condiciones del espacio no
convencional del PH del Centro Cultural BOD –Corp Banca. Sentimos que si estos
“gerentes” bancarios han decidido instalar dos salas de teatro en su PH sería
respetable, para el público y los artistas acondicionar de una forma más
profesional, seria y responsable estos espacios, para transformarlos en
verdaderas salas de teatro y no en “templetes escénicos” que atentan contra los
esfuerzos artísticos de las agrupaciones y sobre todo contra el espectador.
L.A.R. / @rosasla
Caracas, 18/10/2013
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