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lunes, 21 de octubre de 2013

Tiempo, distancia y relaciones


Por Joaquín Lugo
@joaquilugo

En el Teatro de la Asociación Cultural Humboldt, se presenta el Grupo Actoral Dram-ON con Marburg, texto del catalán Guillem Clua, producción de campo de Karla Fermín, producción general del grupo y dirección de Juan José Martín.

Cuatro lugares que tienen el común el nombre de “Marburg” se conectan en una especie de conciencia planetaria que sobrepasa el tiempo y la distancia. Dos científicos presencian y sufren la aparición de un virus mortal en Alemania, una familia pierde a su único hijo en un lago en los Estados Unidos, un Padre viene a comprobar el milagro de un Cristo que llora sangre en África y dos hombres revelan sus deseos en una estación meteorológica en Australia. Presentada en dos actos,  la pieza va desarrollando cada trama una por una estableciendo vinculaciones entre los personajes y las situaciones para comprobar que las relaciones humanas están por encima de la ciencia, la religión, los prejuicios y el sexo.

La dirección resuelve los cuatro espacios donde ocurren las acciones colocando uno al lado del otro manteniendo la continuidad dramática que plantea el inicio del texto. Apoyada en el diseño de escenografía y ambientación de Oscar Salomón, y la iluminación de Víctor Villavicencio, concentra cada historia en el espacio que le corresponde y maneja adecuadamente los desplazamientos que permiten dar forma a cada trama. Sin embargo, el cuadro del Padre y la hermana en África se presenta muy estático y compromete el ritmo de todo el montaje en comparación con la diversidad de los demás cuadros. La propuesta escenográfica de Salomón brinda el estilo justo a cada lugar tanto en el colorido como en los elementos que facilitan el desarrollo de la acción. Por su parte, el diseño y producción de vestuario de Gio Sperandei Moda y Accesorios se percibe adecuada para la época y ambientación de cada trama reflejando estilos que van desde los 60 hasta principios del siglo XXI.

El trabajo actoral está equilibrado y bien conducido en cada uno de los roles. Ana Melo como Helga y Aníbal Cova como Tom son veraces e intensos en la primera historia. Eulalia Siso como Claire y Diana Volpe como Nancy ofrecen el tono justo a ambos roles, acompañadas por la labor precisa de Guillermo Díaz Yuma como Walter, en la segunda trama. En el tercer cuadro, Louani Rivero como Acanit y Elio Pietrini como el Padre Gabriel conducen bien sus personajes pero no se han acoplado totalmente. Por último, Newman Vera como Buck y Markel Méndez como Dundy demuestran franqueza y buen manejo de las intenciones en la última historia.

En fin, hay que reconocer el esfuerzo de producción y la calidad en el trabajo de esta agrupación.

 

miércoles, 16 de octubre de 2013

Guillem Clua en doblete teatral caraqueño

Newman Vera y Markel Méndez  en la comprometida pareja gay de Marburg
Por E.A Moreno Uribe
@eamorenouribe

No es frecuente, en el ámbito teatral caraqueño del siglo XXI, que un autor foráneo, vivo y joven, ocupe sendos escenarios y además sea capaz de incitar la curiosidad del público. Nos referimos al periodista español Guillem Clua (Barcelona, 1973), a quien los grupos Rajatabla y Dram-ON le han montado sus obras La piel en llamas (2005) y Marburg (2010),  durante los dos últimos meses.

Rajatabla, con 42 años de historia en el duro batallar del teatro criollo, busca estar a tono con nuevos tiempos teatrales  y por eso orquesta planes artísticos. Tiene, después del mutis de su fundador Carlos Giménez (1993), a un director artístico, Vladimir Vera, quien debutó el 19 de septiembre con La piel en llamas, producción de William López con buen elenco de profesionales como Pepe Domínguez, Fedora Freites, Jean Franco De Marchi y Tatiana Mabo.

En La piel en llamas se fracturan  dos de las tres unidades de la estética aristotélica y por eso muestra sendos conflictos (acción), uno que ocurrió y otro que está en desarrollo (tiempo), pero que utilizan el mismo espacio: la habitación de un hotel. No es un espectáculo fácil para el público por la duplicidad de las acciones y los diálogos se cruzan, pero, gracias a las proyecciones que tiene la propuesta de Vera, se obtiene una atmósfera lúdica para quien de verdad quiera llegar a descubrir las claves de todo lo que se muestra. Al final, comprenderá que ha participado en un viaje emocional e intelectual que obliga a considerar y cuestionar esa línea que separa a poderosos de necesitados. Y, lo más importante, ver  y palpar, la inmoralidad mundial: un  médico trafica con su ciencia y el honor de una mujer desesperada, y un periodista que pacta hasta con el demonio con tal de estar al lado del poder. ¿Eso sucede en Venezuela?

Juan José Martin se atrevió a escenificar Marburg: cuatro historias en diferentes espacios y tiempos, pero que terminan siendo un contundente alegato contra la discriminación sexual y la desazón existencial de los seres humanos, precisamente en una centurias donde los virus  y las drogas psicotrópicas niegan las posibilidades del amor, como el Sida, por ejemplo. Se exhibe los fines de semana en la Asociación Cultural Humboldt, con los diestros Diana Volpe, Eulalia Siso, Guillermo Díaz Yuma, Elio Pietrini, Ana Melo, Louani Rivero, Newman Vera, Markel Méndez y Aníbal Cova.

Gracias a esta pieza  sabemos que  en la Tierra hay cuatro pueblos denominados Marburg y  el autor los utiliza para escenificar hechos que él vincula entre sí: un matrimonio de científicos descubre que el desamor no tiene cura, durante los años 60, en Alemania Occidental; unos esposos gringos execra a su hijo de 17 años por ser gay, en los tiempos de Reagan; una monja africana droga al sacerdote que investiga a un crucificado de madera  que llora sangre, durante la última noche del siglo XX, y una pareja gay elige amarse a pesar de las  higiénicas molestias del condón, en los tiempos actuales de esa lejana Australia.

Nos sorprendieron gratamente Newman Vera y Markel Méndez  por la verdad de lo que mostraron: la pareja de gais desafiando a los virus y en pos de ese intangible que es el amor. Y el director Martín sale muy airoso de esta prueba.

Dos espectáculos para ver en esta Caracas, a la cual Simón Bolivar la llamo, una vez, “la horrible”. ¿Por qué sería? ¿Están superados esos malos ratos

miércoles, 9 de octubre de 2013

Marburg o la esperanza de una vida mejor…

por Luis Alberto Rosas
@rosasla

El pasado viernes 4 de octubre se estrenó en la Sala de la Asociación Cultural Humbolt de Caracas, el inteligente texto dramático del dramaturgo catalán Guillem Clúa bajo la dirección de Juan José Martín y la producción de Karla Fermín para el Grupo Actoral Dram-on, colectivo emergente que con este espectáculo asciende a pasos agigantados en el panorama escénico nacional.

Aníbal Cova, Newman Vera y Giovanna Sperandei, son los jóvenes líderes de Dram-on que emprendieron la idea de llevar a cabo este proyecto y con la sagacidad, el desparpajo e ímpetu intrínseco a la juventud, se hicieron de un gran texto que negociaron directo con el autor y convocaron a uno de los directores más sobresalientes del país, Juan José Martín quien a su vez logró amalgamar un casting de primera línea encabezado por los veteranos: Diana Volpe, Guillermo Díaz (Yuma), Eulalia Siso y Elio Petrini, en compañía de los jóvenes Ana Melo, Markel Méndez, Louani Rivero y los mismos “Dram-ones”: Cova y Vera. Iniciaron la aventura apasionados por la historia y desafiando todos los escollos que puede significar realizar un montaje teatral de autor frente a la marquesina actual caraqueña donde pululan las risas y los actores con escasas prendas de vestir y hermosos cuerpos.
 
Montar Marburg en estos días que corren en esta convulsa ciudad y en medio del huracán escénico de las salas caraqueñas es una batalla titánica, no sólo por el tipo de obra (teatro de tesis, donde el autor hace reflexionar al público acerca de cuatro situaciones dramáticas de la vida) sino por el desinterés del público caraqueño en sentarse a pensar sobre lo que le pasa al ser humano. Flojera mental, enquistamiento cultural, deficiencia formativa, es de lo que sufre el público de Caracas y estamos seguros que Marburg es un extraordinario antídoto contra todos estos males.
 
La obra es una extraordinaria ocasión para demostrar que hay posibilidades de llevar a nuestras tablas teatro profesional de altura y exportación. Comparable con cualquier espectáculo internacional que pudiese estar programado en Buenos Aires, México o España. Esta joya contemporánea de la dramática actual pasea al espectador por cuatro momentos en la vida de nueve personajes en distintas épocas y países, que ocurren en una localidad llamada Marburg, aunque en distintos puntos del planeta.
 
Situaciones de fuerte contenido dramático, quizás podríamos pensar terribles, pesimistas, pero que al final asoman la esperanza de una vida mejor para estos seres que se enfrentan a sus deseos de una forma irrefrenable.
 
Evidentemente que no sólo con una buena historia, que posibilita al espectador no querer perderse ningún momento de la anécdota para llegar a conocer el desenlace de cada una, se logra un gran espectáculo, hay que poner atención al equipo artístico detrás del montaje. Y cuando todos van hacia un mismo objetivo: la excelencia, no puede conseguirse otro resultado que una obra de arte.
 
Si usted está leyendo estas líneas, y se precia como espectador que le gusta disfrutar del teatro, o por el contrario, quiere saber si el teatro en Caracas va más allá de la pantalla de televisión, no puede dejar de ver los sábados y domingos a las 4 de la tarde en la Asociación Cultural Humbolt Marburg, donde se deleitará con sólidas actuaciones (difícil tarea de la dirección al confluir en su elenco tan variados estilos de actuación y niveles de experiencia actoral) Una dirección de arte impecable de la mano del maestro plástico Oscar Salomón y una cuidadosa producción de quien hoy por hoy se ha convertido en una de las productoras emergentes más eficientes: Karla Fermín. Orquestados todos por la sapiencia de Juan José Martín que logra tejer los hilos de una puesta en escena entramada de tal forma que jamás se arrepentirá, querido lector, de dejarse cautivar por el laberinto de esta historia.

En síntesis Marburg se convierte en una opción infaltable en la agenda de todo espectador inteligente, estudiante acucioso, periodista sagaz o público que desee conocer el verdadero teatro que se cuece a fuego lento en los hornos de nuestra eufórica juventud de teatreros nacionales “¡Bravo Dramon-es!”

L.A.R./ @rosasla

Caracas, 09/10/2013