miércoles, 9 de octubre de 2013

Marburg o la esperanza de una vida mejor…

por Luis Alberto Rosas
@rosasla

El pasado viernes 4 de octubre se estrenó en la Sala de la Asociación Cultural Humbolt de Caracas, el inteligente texto dramático del dramaturgo catalán Guillem Clúa bajo la dirección de Juan José Martín y la producción de Karla Fermín para el Grupo Actoral Dram-on, colectivo emergente que con este espectáculo asciende a pasos agigantados en el panorama escénico nacional.

Aníbal Cova, Newman Vera y Giovanna Sperandei, son los jóvenes líderes de Dram-on que emprendieron la idea de llevar a cabo este proyecto y con la sagacidad, el desparpajo e ímpetu intrínseco a la juventud, se hicieron de un gran texto que negociaron directo con el autor y convocaron a uno de los directores más sobresalientes del país, Juan José Martín quien a su vez logró amalgamar un casting de primera línea encabezado por los veteranos: Diana Volpe, Guillermo Díaz (Yuma), Eulalia Siso y Elio Petrini, en compañía de los jóvenes Ana Melo, Markel Méndez, Louani Rivero y los mismos “Dram-ones”: Cova y Vera. Iniciaron la aventura apasionados por la historia y desafiando todos los escollos que puede significar realizar un montaje teatral de autor frente a la marquesina actual caraqueña donde pululan las risas y los actores con escasas prendas de vestir y hermosos cuerpos.
 
Montar Marburg en estos días que corren en esta convulsa ciudad y en medio del huracán escénico de las salas caraqueñas es una batalla titánica, no sólo por el tipo de obra (teatro de tesis, donde el autor hace reflexionar al público acerca de cuatro situaciones dramáticas de la vida) sino por el desinterés del público caraqueño en sentarse a pensar sobre lo que le pasa al ser humano. Flojera mental, enquistamiento cultural, deficiencia formativa, es de lo que sufre el público de Caracas y estamos seguros que Marburg es un extraordinario antídoto contra todos estos males.
 
La obra es una extraordinaria ocasión para demostrar que hay posibilidades de llevar a nuestras tablas teatro profesional de altura y exportación. Comparable con cualquier espectáculo internacional que pudiese estar programado en Buenos Aires, México o España. Esta joya contemporánea de la dramática actual pasea al espectador por cuatro momentos en la vida de nueve personajes en distintas épocas y países, que ocurren en una localidad llamada Marburg, aunque en distintos puntos del planeta.
 
Situaciones de fuerte contenido dramático, quizás podríamos pensar terribles, pesimistas, pero que al final asoman la esperanza de una vida mejor para estos seres que se enfrentan a sus deseos de una forma irrefrenable.
 
Evidentemente que no sólo con una buena historia, que posibilita al espectador no querer perderse ningún momento de la anécdota para llegar a conocer el desenlace de cada una, se logra un gran espectáculo, hay que poner atención al equipo artístico detrás del montaje. Y cuando todos van hacia un mismo objetivo: la excelencia, no puede conseguirse otro resultado que una obra de arte.
 
Si usted está leyendo estas líneas, y se precia como espectador que le gusta disfrutar del teatro, o por el contrario, quiere saber si el teatro en Caracas va más allá de la pantalla de televisión, no puede dejar de ver los sábados y domingos a las 4 de la tarde en la Asociación Cultural Humbolt Marburg, donde se deleitará con sólidas actuaciones (difícil tarea de la dirección al confluir en su elenco tan variados estilos de actuación y niveles de experiencia actoral) Una dirección de arte impecable de la mano del maestro plástico Oscar Salomón y una cuidadosa producción de quien hoy por hoy se ha convertido en una de las productoras emergentes más eficientes: Karla Fermín. Orquestados todos por la sapiencia de Juan José Martín que logra tejer los hilos de una puesta en escena entramada de tal forma que jamás se arrepentirá, querido lector, de dejarse cautivar por el laberinto de esta historia.

En síntesis Marburg se convierte en una opción infaltable en la agenda de todo espectador inteligente, estudiante acucioso, periodista sagaz o público que desee conocer el verdadero teatro que se cuece a fuego lento en los hornos de nuestra eufórica juventud de teatreros nacionales “¡Bravo Dramon-es!”

L.A.R./ @rosasla

Caracas, 09/10/2013

Visuales escénicas

Por Carlos Herrera
@cehs1957

La cartelera teatral de Caracas está activa y exhibe para lo que esta siendo el inicio del mes de Octubre un abanico de producciones que coloca al espectados en algo más que un aprieto a la hora de escoger que espectar. Desde teatro de autores nacionales como foráneos, de propuestas de arte a comedias evasivas, de teatro infantil de buen talante a divertimentos endebles propone que la misma es ecléctica y hasta a veces difícil de perfilar. Sin embargo, el espectador que ya tiene un criterio porque es consecuente semana tras semana a seleccionar la brizna buena del heno abundante, entiende que tiene la alta responsabilidad de hacerle sentir no solo con su presencia sino con sus aplausos el reto que cada grupo o institución se plantea escenificar o de programar. Con todo, siguen habiendo escépticos que siempre con talante negativo dicen que la crisis está allí, instalada y que lo que se ve es solo los síntomas de un quehacer debilitado. En fin, se respeta pero no se comparte. De lo visto la pasada semana, expondré dos sucintos comentarios entorno a espectáculos que merecen ser reseñados.

INOLVIDABLE

   Con el sentido de homenajear y despedir a quien a la fecha ha sido uno de los actores más reconocidos del país, cuya trayectoria artística sobrepasó los setenta años de incansable labor en distintos ámbitos como por ejemplo la televisión y el mundo del teatro, se retribuye a Carlos Márquez lo que un país agradecido le debe otorgar a todo aquel que ha hecho patria. Con el unipersonal Inolvidable escrito por el dramaturgo, José Gabriel Núñez partiendo del libro autobiográfico Lo que me toco vivir suscrito por el propio actor donde Márquez cuenta una zaga personal e íntima que no solo radiografía sus inquietos inicios sino la transformación de un país desde la década de los años treinta hasta la época actual y donde quedan expuestos nombres, movimientos, cambios y transformaciones que vivió el teatro venezolano, se articuló junto a una sobria dirección del maestro Ibrahim Guerra cuya sagaz experiencia tuvo en cuanta el despojar el escenario de toda retórica de elementos escénicos a fin que fuese solo la presencia del histrión las que brillase y que tras su desempeño fuese capaz de contarnos, imbuirnos y sumergirnos de forma elegante en lo que siempre le ha caracterizado a Carlos Márquez: su fina soltura, su aplomado talante y ese  animoso desenfado de un actor integro pero, sobre todo de exponerse como lo que le ha caracterizado desde que tengo memoria, el ser un caballero de las tablas. Gracias a la solvente producción de la Universidad Nacional de la Artes vimos en los espacios de su Sala de Conciertos a un Márquez capaz de convertir la escena en lugar para que el público de honor a quien honor merece.

Inolvidable supone que al creador, al cultor o al artista hay que darle reconocerle en vida todo lo que él nos ha dado a través de su pasión, su preparación y su amor por el arte; nosotros debemos instar a que el Estado le pueda considerar como patrimonio viviente a fin que las demás generaciones puedan seguir admirándole con orgullo de saberlo nuestro. A través de hombre y mujeres como Carlos Márquez, la dignidad del arte y la cultura se proyecta lo mejor de nuestro acervo al futuro.

MIRANDO AL TENDIDO 

Un joven grupo llamado Catarca Producciones que ingresa dinámicamente a las tablas caraqueñas en el año 2011 bajo la mano del emergente director, Juan Vicente Pérez logró estrenar en el Coso de Cipreses (Teatro Nacional) una de las obras emblemáticas del gran dramaturgo venezolano, Rodolfo Santana (1944-2012). Pérez formado en la Escuela de Artes y con experiencia escénica adquirida tras haber participado en montajes con el Grupo Actoral 80, inició su calibración como puestista con la escenificación de la obra de Emilio Carballido, Rosa de dos aromas en 2012. Ahora, el reto asumido es con una de las piezas más hermosas y sugerentes del gran Rodolfo como lo que la eterna pugna entre el torero “El niño” (interpretado por el actor Gustavo Casal) y el poético bovino “Florentino” (cuyo papel fue enérgico y desenvuelto por el propio director como histrión). En el ruedo circular que se logró montar en el Teatro Nacional, la muerte y los anhelos, el absurdo y la crudeza del arte tauromáquico se hilan para armar un drama que complació al público asistente.

Un trabajo compacto, trabajado con firmeza y asumiendo que con el cuidado pertinente en elementos como la iluminación (Héctor Manrique), un concreto dispositivo escenográfico (Oscar Salomón) y sin ajustando con eficacia el vestuario (Joaquín Nández) como el recurso de la máscara del toro (a cargo de Milagros Rodríguez / Ana Kogen) una producción como Mirando al tendido logra capturar al público por la consistente validez de que las cosas bien hechas siempre serán bien recibidas por nuestro público. Ojala que en este mes aniversario de la ida de uno de los grandes de la dramaturgia como lo fue Rodolfo Santana permita que la proyección y exposición dentro del Circuito Teatral de Caracas permita que el colectivo Catarca se exponga sin remilgos. ¡Un aplauso para ellos!

martes, 8 de octubre de 2013

La piel en llamas

Jean Franco De Marchi, Tatiana Mabo, Fedora Freites, José Domínguez

Por Bruno Mateo
@bruno_mateo

 

Esta vez me tocó el turno a mí de ver “La piel en llamas” este domingo 6 de octubre de 2013 en la histórica sala Rajatabla, pieza del autor español Guillem Clua bajo la dirección de Vladimir Vera para el grupo homónimo de la sala. Un trabajo dramaturgístico bastante interesante en cuanto a su contenido y forma. La obra se basa en una ficción sobre la fotografía de la niña “Phan Thị Kim Phúc conocida mundialmente por ser la niña del napalm que aparece en una famosa fotografía de la guerra de Vietnam. La fotografía tomada por Nick Ut le dio la vuelta al mundo y fue galardonada con el premio Pulitzer”

Cuatro personajes: Salomón (el fotógrafo) interpretado por José Domínguez, Hannah es Fedora Freites, Brown lo hace Jean Franco De Marchi e Ida lo ejecuta Tatiana Mabo.

Es una historia en paralelo.  Dos habitaciones. Un mismo hotel. Una dramaturgia cíclica, no sé si el texto es cíclico o fue una estrategia de la puesta en escena. La primera es la relación de Brown, diplomático importante ligado a una Institución del Estado, personaje siniestro y sádico que gusta del sexo hardcore que raya en la crueldad con Ida, joven que es prostituida por la necesidad de salvar a su hija perteneciente a una clase humilde de un país tercermundista explotado; la otra relación es la de Salomón, el fotógrafo famoso, atormentado que se debate entre la fama y el remordimiento de no haber hecho nada por salvar a la niña de la foto, que llega a esa nación del Tercer mundo para ser galardonado por la fotografía  con  Hannah, periodista que se hace pasar como la niña protagonista de aquella famosa fotografía para pasar a la posteridad en un mundo en decadencia.

Lo interesante de la dramaturgia de Clua es la composición de cada personaje, los cuales representan cada uno alguna parte de la humanidad y de la sociedad Occidental.

Otro punto importante es que su director Vladimir Vera se interesa por leer nuestra realidad contemporánea del hemisferio occidental a través de esta dramaturgia que usa la simbología cultural de nosotros. Esas relaciones de poder entre el opresor y el oprimido. Los medios de comunicación son un poder. El sexo es un poder. Tesis ampliamente estudiada por autores como Michael Foucault.

El escenario, al igual que el texto, estuvo dividido en dos. Separados como estancos para el desarrollo de cada historia particular. Lo que hace que el espectador fácilmente identifique la sucesión de las acciones dramáticas sin que haya posibilidad de confusión de historias.

En la función que vi, destaca la entregada interpretación de Tatiana Mabo como la joven ultrajada hasta el punto de borrarse como ser humano al igual que Fedora Freites como la periodista farsante. Ambas desarrollan sus personajes con una credibilidad absoluta.

Con “La piel en llamas” la Fundación Rajatabla pienso que puede abrir otro segmento importante dentro de la historia en el teatro venezolano.

lunes, 7 de octubre de 2013

Traición

De izq. a der. Alexander Solórzano, Prakriti Maduro y Antonio Delli

Por Bruno Mateo
@bruno_mateo

En el teatro Trasnocho,  con Margarita Lamas como Gerente General, se presenta desde el 20 de septiembre de 2013,  una versión  escrita por  Rafael Spregelburd de  “Traición”  pieza del escritor inglés Harold Pinter (1930-2008) con las actuaciones de Prakriti Maduro como Emma, Alexander Solórzano es Jerry y Antonio Delli como Robert, dirección de Iván Olivares de MC2 producciones.

La historia comienza en el año 1977 cuando Emma le dice a su antiguo amante Jerry que se va a separar de su esposo Robert quien es además el “mejor amigo” de él. La cronología temporal  de la estructura dramática es continua y va desde el presente al pasado y nos expone cómo surge la traición cometida por la esposa con su “mejor amigo”.

Con un estilo de teatro inglés, la tensión dramática se logra a través de lo que no se dice; de lo obvio y oculto hasta que, por fin, con un temperamento flemático, propio de las hipocresías sociales se llega al desenlace final.

El montaje es limpio en cuanto a movimientos los cuales  corresponden a la estoicidad de los personajes. Alexander Solórzano se destaca por su composición interpretativa de Jerry, tanto en lo dramático como en los momentos de cierto humor ácido. Salimos recordando su personaje entre culpable e ingenuo; Antonio Delli, por su parte, nos convence de su trabajo como marido cornudo; un momento estelar lo tuvo este actor en la escena con su compañera en la cama del hotel y le dice que recibió un carta de su amigo. Es la escena del clímax.  Sin ánimo de desanimar la pieza, se sugiere a la actriz Prakriti Maduro que sobredimensione su interpretación porque el exceso de naturalidad en el escenario es perjudicial. Hay que entender los códigos de cada formato (televisión, cine, teatro)  para lograr calzar en ellos.

“Traición” de presenta los viernes y sábado 8 pm y domingos 6 pm en el Teatro Trasnocho. Centro comercial Paseo Las Mercedes

martes, 1 de octubre de 2013

El "Inolvidable" de Carlos Márquez Capecci

Por Edgar Moreno Uribe
@eamorenouribe

Desde Guanoco a la eternidad histórica de la cultura criolla, haciendo escala a lo largo de seis décadas en numerosos escenarios, sets y platós de Caracas. Podría ser la síntesis de esta reseña sobre Inolvidable, hermoso espectáculo con el cual el primer actor Carlos Márquez Capecchi decidió despedirse de las artes escénicas, porque “a los 87 años ya no se está para actuar, sino para esperar la muerte en la tranquilidad del hogar”, al lado de su tercera esposa, Dolores Beltrán, como él mismo lo dijo.

Respetamos la decisión de Márquez Capecchi  para su despedida tan teatral - se escenificó durante dos fines de semana en la sala de Conciertos de Unearte- la cual aplaudimos a rabiar por la obvia honestidad, de tal acto celebratorio, con su último trabajo actoral, logrado, gracias al afecto, la paciencia y la creatividad  que aplicaron el dramaturgo José Gabriel Núñez y el director Ibrahim Guerra. Ellos hicieron lo posible para que Inolvidable no fuese únicamente un revisión existencial  del artista, sino que diese una valiosa información inédita sobre varias décadas de los avatares del teatro caraqueño, y, por si fuera poco, una excelente demostración de las  dotes histriónicas que él conserva, porque cómicos, periodistas, médicos y militares jamás se retiran, siempre serán eso, hasta siempre.
Márquez Capecchi, quien ha escrito un texto biográfico, le contó al escritor  Núñez varias facetas de su vida y este estructuró un monólogo, con apoyatura musical de Tony Monserrat. Lo obtenido, según pudimos apreciar, es una deliciosa recreación, a partir del unipersonal El canto del cisne de Antón Chejov, enriquecido con anécdotas del actor  y del hombre, como son sus desencantos por los personajes que quizo hacer y nunca se los dieron para que los encarnara, como aquellos legendarios príncipes Hamlet y Segismundo de  Shakespeare (Hamlet) y Calderón (La vida es sueño), auténticas metas consagratorias para muchísimos  comediantes en etapa cruciales de sus carreras profesionales.

El comediante Márquez Capecchi  fundamentalmente se asume como aquel Vasili Vasílievich, anciano histrión que termina la función con la cual pone punto final  a su carrera teatral y quien se queda  viendo desde el escenario la sala vacía para iniciar un melancólico viaje a través de sus recuerdos, tal lo propone Chejov en El Canto del Cisne.
No queda duda alguna que Inolvidable es un gran tributo a la nostalgia que ha acompañado a este histrión venezolano, quien luchó denodadamente para llegar a ser lo que es: primera figura en el arte de la interpretación, la cual, según reitera Ibrahim Guerra, es la actividad más arraigada, genéticamente, en todo ser viviente, y más, si a este lo complementa el intelecto, tal es el caso de  Carlos Márquez Capecchi.

Como Aristóteles pide en todo acto teatral un conflicto para la expiación de la audiencia, Márquez Capecchi  revela su gran saga de amor, con las luchas y el amargo  final, tal como ocurrió con la pionera Juana Sujo, su  primera esposa, insigne actriz y productora del mejor teatro de arte durante décadas. Desaparecieron las risas y el silencio fue elocuente, pero el público estalló minutos después cuando interpretó el tango Cuesta abajo y el bolero Inolvidable. ¡Y cayó el telón!

Inolvidable


Por Bruno Mateo
@bruno_mateo

 
El domingo 29 de septiembre  del 2013 desde las  6 pm a 7.30 pm el nutrido público de la sala de conciertos de la Unearte que estábamos viendo el unipersonal de Carlos Márquez, dirigido por Ibrahim Guerra y escrito por José Gabriel Núñez sentimos una profunda admiración, no sólo por el actor de 87 años de edad en el escenario oriundo de un pueblo del  Estado Sucre, sino por el maravilloso arte del teatro.

Carlos Márquez entre un discurso anecdotario de su propia vida y de personajes inmortales de autores universales como Calderón de La Barca, William Shakesperare, nos va introduciendo en una realidad alterna y paralela a la vida estandarizada de una sociedad. Es interesante la manera de exponerse al  público cómo se crea un texto, el proceso de la diégesis de una pieza teatral. Recomendable, especialmente, para estudiantes de teatro que piensan que los autores nacen consagrados y que las creaciones dramáticas son producto únicamente de una extraña Musa del imaginario literario o de un famoso subconsciente freudiano útil para cualquier cosa inexplicable del comportamiento humano.

En Inolvidable, nombre del monólogo, la puesta en escena, la ambientación con el pianista en vivo nos remitió  a un pasado de la historia muy poco contada fuera de los predios educativos teatrales (si acaso lo hacen); la historia del grupo Los Caobos, ubicado en la Torre Polar de Plaza Venezuela, creado por Carlos Márquez y Juana Sujo por allá en la Caracas de los años 50´s, época en que llegaron Horacio Peterson, Jesús Gómez Obregón, Alberto de Paz y Mateos. Momento histórico en el que el  teatro venezolano se abre a una nueva modernidad cuando autores nacionales como César Rengifo, el llamado Padre del Teatro moderno en Venezuela, irrumpen en la escena y abren distintas formas estéticas y dramáticas cónsonas con el teatro universal.

 Desde mi humilde posición, les grito: ¡Bravo! A personas como el Señor Carlos Márquez quien ha recorrido tantos escenarios llevando diversión, reflexión, emoción, o sea, llevando teatro, cine y televisión durante tanto tiempo, pero lo más loable de todo, lo ha hecho con mucha humildad.

La importancia de ser formal

CARLOS E. HERRERA
@cehs1957

Hacia el año 2010 irrumpe en el teatro caraqueño la Asociación Civil Amentia Teatro. Gente joven que veía que a través de las artes escénicas se podía establecer un nexo entre su manera de concebir y lo que era la expectativa de un público. Su primera producción, El cuervo (2100) basada en la cuentística del norteamericano Edgar Alan Poe, permite que se le confronte en los espacios de la Sala Luis Peraza; posteriormente, en ese mismo año, asumen su inusual propuesta escénica El cadáver exquisito en el marco de un Festival Mundial de Arte Corporal.

Es así que, sin detenerse, hacia 2011 calan con énfasis gracias a su siguiente propuesta titulada Blablabá Discurso Tóxico basada en la obra El cepillo de dientes del dramaturgo chileno, Jorge Díaz. Cabe destacar que tras el esfuerzo creador, estético, plástico, técnico y artístico la figura de una joven directora como René Guerra ha sido primordial ya que son pocas las féminas que asumen el reto de la conducción de un grupo y está atenta a formularse retos que propulsen hacia la órbita de interés de programadores de salas, medios de comunicación cultural teatral, la crítica especializada y sobre todo, del público.

Para este año, Amentia Teatro retoma con aplomado coraje, el riesgo de escenificar la propuesta de la comedia La importancia de llamarse Ernesto (1895) pieza del escritor y dramaturgo victoriano inglés Oscar Wilde, la cual ha sido considerada como una de las críticas más punzantes entorno de los usos, formas y costumbres de la aristocracia de su tiempo. La variación de la pieza no solo radicó en apelar a conjugar la crítica wildeana sino ver como entra de sopetón al mundo de valores de nuestra sociedad y para tal fin, la producción deja de lado su título original y se nos mostró como La importancia de ser formal. Si hacemos memoria, en los años que se estaba construyendo la República, apareció un libro que fue guía para que una clase social venezolana tratase de erigirse dentro de las formas y conductas del buen decir y del comportamiento. Me refiero al Manual de Carreño hoy diluido por el paso del tiempo pero que, de cuando en vez, algunos miembros de las clases pudientes nos hacen ecos del cómo uno debe ser formal para ser aceptado en sociedad. ¿Paradójico o ex profeso el asunto de fondo que se entreteje en La importancia de ser formal del grupo Amentia Teatro ?

Este pretexto sirve para que con la aplicación sobre la puesta en escena no del texto clásico wildeano sea lo que el público fue a observar sino la determinación de romper estructura para la recepción del hecho espectacular.

Dominó una línea de actuación que hizo énfasis en lo irónico y en la exacerbación de los aspectos mordaces en la actitud, la intención y el movimiento; se plantea un doble discurso donde la falta de escrúpulos de los personajes les impele a estar al servicio de sus mentiras pero siempre manteniendo la postura de la imagen. El equívoco del texto de Wilde lo aprovechó Guerra para armar una fluida dinámica e con sus actores y actrices y de emplear al máximo la integración de aspectos sintéticos en la ambientación y acentuar el concepto de vestuario con el fin de enfatizar de que no se potencie ningún cliché estético de las buena maneras sino más escupirlas ante la mirada del espectador que –pienso yo, se comportó de forma complacida y respetuosa en lo que fue la estada como espectador en el Teatro Principal donde se exhibió la semana pasada– pudo haber resentido algo más de dos horas de duración de este particular trabajo de Amentia Teatro.