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domingo, 17 de marzo de 2013

Tierra Santa en el FITC

por E.A Moreno-Uribe

Dentro de la programación del 18 Festival Internacional de Teatro de Caracas -del 21 y el 31 de marzo- hay que exaltar la participación del Taller Experimental de Teatro con la más reciente pieza de Elio Palencia, Tierra Santa, la cual vimos en la Sala César Rengifo de Petare, bien puesta en escena por Costa Palamides y apuntalada con las actuaciones comedidas de Guillermo Díaz Yuma, Ludwig Pineda y Yazel Parra.

Elio Palencia con su  Tierra Santa plantea un viaje de ida y vuelta a nuestra Tierra de Gracia, por intermedio de un drama contemporáneo para que los venezolanos nos veamos mejor. Esta obra no es banal ni evasiva, sino todo lo contrario: hace pensar o reflexionar sobre lo que somos como pueblo.

El espectáculo, que no va más allá de 70 minutos, transcurre en el patio de una modesta casa, en Caracas o cualquier población del interior, donde los hermanos Mayor y Segundo, quienes han pasado los 60 años, van y vienen con sus diálogos al pasado familiar para compararlo con el presente que viven o sufren y hasta para fantasear sobre la construcción de un mejor futuro, compartido incluso. Mayor, peleado con su esposa, y Segundo, viudo o abandonado,  se recriminan por la difícil realidad socioeconómica en que se encuentran, pero son interrumpidos, en repetidas ocasiones, por unas adolescentes, amigas o familiares que se pasean por la casa de Segundo, casi todos embarazadas o buscando novio o novia, como para subrayar que la vida sigue a pesar de todo.
Al final, Mayor reconoce que logró estudiar  en una universidad para sacar un grado en Teología y el regalo que le hace uno de sus hijos es un viaje al Medio Oriente, la Tierra Santa. Por lo que todos los proyectos con su hermano Segundo se paralizan, como aquel de montar un restaurante en la barriada donde este vive, porque decide regresar a su residencia donde su esposa lo espera tras perdonarle algunas infidelidades o malacrianzas. ¡Y colorín colorado…este cuento se ha acabado!

La homofobia, presente en casi toda la dramaturgia de Palencia, está ahí: Segundo, homófobo per se, admite que tiene un hijo viviendo con otro hombre y que una nieta es lesbiana. ¡Detalles que provocan risa entre el público!
¿Qué es esta obra? ¿Otro sainete criollo con ribetes dramáticos en medio de nostalgias propias de la vida semi rural que ha sido desplazada por la civilización urbana, pero sin perder el léxico y otras conductas? No está muy lejos el autor Palencia (Maracay, 1963) de un costumbrismo contemporáneo y va más allá: aborda ese limbo social donde moran millones de hombres y mujeres de edad madura, mientras las nuevas generaciones luchan por emerger, instalándose en las ciudades grandes para lograr un trabajo, mientras las mujeres, que también migran, deciden entregarse a la reproducción, además  de  estudios universitarios o técnicos a su alcance. ¡Pueblo trabajador!
Tierra Santa atrapa por la sencillez de su anécdota y la naturalidad de sus criollos personajes, soñadores por los cuatro costados, aunque semicontrolados por los celulares y la televisión escapista y alienante.

En síntesis, Elio Palencia vive su mejor momento creativo. Está cosechando lo aprendido y lo que su talento está aportando para el arte teatral de su Patria.

lunes, 11 de febrero de 2013

TIERRA SANTA

¿Cómo hablarle al país desde la escena? ¿Qué decirle a la sociedad venezolano a través de un texto teatral? ¿Cuál es la visión de los problemas que tiene un dramaturgo de lo que representa temas como la paternidad o la desesperanza? ¿Cómo se puede comunicar una obra teatral con el espectador sin caer en algo superfluo o carente de significado? ¿Cuáles son los retos de la dramaturgia nacional cuando pareciese que la producción escrita dramática mundial pareciese expresar elementos más en sintonía con lo moderno del s. XXI? ¿Debe un autor plegarse al ritual de la masificación de temático argumental para estar saberse universal? ¿Cuáles son los elementos de un texto teatral capaces de devolver el interés por lo propio sin caer rayar en discursos acomodaticios para complacer la reflexión evasiva? Estas y otras interrogantes me surgen cuando logro ir al teatro y constatar una propuesta capaz de generarme más preguntas que respuestas. Al salir de la comodidad burguesa de una sala luego de hora y media de contemplación de una puesta en escena, de oír y disfrutar a través de buenos actores como un texto me moviliza resortes ocultos de mi ser y salgo pensando: ¡Si, es cierto; además, eso duele! porque otros autores no han sabido manifestarse de forma reflexiva, dura –si se quiere- o hasta permanente el seguir tratando de levantarle los párpados lagañosos a mi país” o, sencillamente poder salir de la sala pensando en mu fuero interior: ¡Que buen trabajo teatral he contemplado hoy! Es así que, texto escrito y texto espectacular terminan por reafirmarme que, cualquiera de las interrogantes arriba planteadas apenas asoman parte de un iceberg radiográfico de que hemos sido y somos como país o sociedad; donde la necesaria ecuación creación dramatúrgica – producción teatral – puesta en escena – resolución artística debe terminar conformando un todo contundente más que una edulcorada y hasta demasiado ligera de lo que a veces intuimos como país o de cuál es el sentido de responsabilidad del artista dramaturgo, del artista director o del artista actor. Cuando logro constatar una propuesta que vaya más allá de complacer mis expectativas estaré siempre en el umbral del asombro, en las puertas del saberme nuevamente conmovido. Esto lo necesito como espectador; lo demando como público, lo anhelo como crítico. Debo lograr ver como la escenificación de un texto conlleve esa aguzada perspicacia creadora no sencillamente del autor sino de todo el colectivo artístico que al unirse para llevar adelante un proyecto escénico debe entender que su meta en dejar de lado las cosas pequeñas y constituir un logro especial; un resultado llamado espectáculo teatral que indistintamente sea visto por un neófito o por alguien especializado sepa de entrada que, lo que verá sobre las tablas es una aguda reflexión de nuestro país, es la toma de conciencia sobre asuntos puntuales de la sociedad venezolana de hoy. Eso no es fácil. Nunca lo será. Más sin embargo, a pesar que sea difícil de aprehender y sustanciar como una digno esfuerzo artístico creativo debe connotar elementos significantes a lo local de lo cual sabemos tendrá resonancias hacia lo nacional e, incluso, a lo universal latinoamericano. Esta larga cavilación la hago a propósito después de haber constatado como Elio Palencia (Maracay, 1963) dramaturgo inscrito en la generación de relevo que hizo presencia desde los años ochenta del s. XX, ha sabido ostentar esa capacidad de manejar no solo una forma particular en cuanto al tratamiento del personaje sino que ha sabido curtirse en asuntos y temas escasamente tratados o no profundizados por otros autores. Autor con puntual objetivo de conferirle mayor profundidad tanto a situaciones poco tratadas como de construir personajes realistas capaces de sustanciar con corrosivo sarcasmo o imbuidos de distinto humor cotidiano una trascendencia que entra en el tuétano de otras sensibilidades. Dramaturgo esencial en este nuevo siglo del teatro venezolano que, ahora, inscribe una pieza más a su ya dilatado arco de textos con su pieza “Tierra Santa” (2008). Tomando de la página web (http://www.eliopalenciadramaturgia.com/sec/obras.php) del autor, la sinopsis de “Tierra SantaPalencia sintetiza que es: “El reencuentro de dos hermanos cincuentones, en el patio de la casa materna sirve de excusa para la revisión de afectos, resentimientos, prejuicios y equívocos generados por un nexo familiar. Conceptos como el éxito y el fracaso, la paternidad y las oportunidades, así como las expectativas del pasado y la dificultad para comprender el presente y vislumbrar el futuro, se presentan en dos opciones de vida, a partir de un mismo origen, en un mismo país”. No cabe más que decir. Es puntual para que un lector/espectador sepa cuál es la base de esa historia. Y sin embargo, cada espectador sacará otras lecturas, otros niveles de interpretación que hará suyo al contrastarlo con lo que lee de la realidad de nuestro país, de su idiosincrasia, de sus valores, mitos y creencias. En fin, un texto que es medular dentro de la producción dramatúrgica de Elio Palencia y que lo ratifica como un escritor cavilador que ha sabido hilar muy pero muy fino para tejer redes con eso que algunos sociólogos llaman “la memoria colectiva”. El trabajo que logré ver en el Teatro “César Rengifo” de Petare expuesto por la agrupación Taller Experimental de Teatro (TET), ostentó una sencillez escenográfica (diseñada por Edwin Erminy) sintética en el empleo de los elementos; encuadrada en lienzos blancos que conforman un patio de casa del interior del país; la disposición espacial permitió situar exiguos cosas pero estas proyectaron su peso de significación (árboles secos, ladrillos y, en especial, el colgado de dos grandes hamacas cruzadas que pueden ser leídas como ejes/universos donde gravitan los personajes)a quien la ve. La resolución de planta de movimientos se dio sin complicaciones, se permitió enfatizar salidas como entradas de los histriones pero articulando una coreografía sintáctica relacionada con lo que discurrían dialógicamente dentro de su trama familiar. El diseño de vestuario de Raquel Ríos fue justa visual para que, tanto los personajes (Mayor, Segundo como los cambios de Adolescente Embarazada) proyectasen pobreza en uan formula de pieles sociales plenas de significación. La iluminación de Víctor Villavicencio creó las necesarias atmósferas, delineo sutilezas para cada apertura o cierre de escenas o indicó en zonas concretas cuando se daba tal o cual diálogo; supo generar una paleta de sentidos a fin que la obra dialogase plásticamente con el espectador sobre sentimientos, ánimos, esperanzas y durezas de lo que allí discurría. Costa Palamides como director asumió sin empalagar el texto de Palencia, riguroso y comedido ya que deja que el texto y el desempeño histriónico buscaran enlazar un canal de comunicación necesario. Al desaparecer su intervención crea el espectáculo, es decir, deja que la obra fluya y eso se agradece ya que hubo ritmo correcto, tensiones obvias, momentos mágicos y situaciones que atenazaron. Como cierre de este segmento daré efectivo crédito a la labor callada de la producción de Karla Fermín quien logró unir la realidad de un trabajo compacto donde el Taller Experimental de Teatro (TET) expuso los porque le acreditan como uno de los colectivos de peso en el teatro nacional desde su fundación. Pero el texto de Palencia brillo a través de las sólidas respuestas interpretativas dadas por una trilogía actoral que captó la esencia de la trama. Un Guillermo Díaz Yuma orgánico en la contención interna del personaje Mayor se volcó a generar un fraterno nexo con su sangre pero a la vez cargando todo un sistema de creencias y valores que se contraponían; es era la esperanza que se resumía en esa tierra santa donde los sueños se arrugan, la irresponsabilidad se ahonda y la incredulidad por un mejor momento se espanta por los despropósitos y el lodazal de los descréditos. Su contraparte, el actor Ludwig Pineda en el rol de Segundo, fue contundente en la capacidad de articular un espectro técnico no solo con la voz, el gesto y lo corpóreo sino que le dio a su representación esa convincente fuerza de un personaje animal, descreído, fiero adusto, con una sola forma de ver y asumir la vida y expresarla a los demás; fue brillante y natural porque cubrió con prístina exactitud las coordenadas existenciales que ese papel merecía tener. Finalmente, la caracterización ofrecida por la joven actriz Yazel Parra fue merecedora de un fuerte aplauso de mi parte porque compuso a varios papeles de niñas/adolescentes embarazadas que son imágenes de un país dolorosamente cierto marcado por la irresponsabilidad masculina o, peor, por la corroída imagen del patriarcado ausente en forma y fondo de esta sociedad latinoamericana. “Tierra Santa
” fue uno de los mejores trabajos teatrales de este bimestre y me halaga haberlo podido constatar como espectador y crítico teatral. Sencillamente debo recomendarla y ojala que se mantenga y logre girar a lo ancho y largo del país. ¡El público teatral venezolano lo necesita ver! Por Carlos E. Herrera critica@cantv.net www.bitacoracritica.blogspot.com

martes, 5 de febrero de 2013

Tierra santa, paradoja de dos hermanos.


Por Bruno Mateo

“Tierra santa” es la nueva pieza teatral del laureado dramaturgo venezolano Elio Palencia, que se presenta en el Teatro César Rengifo de Petare, bajo la dirección de Costa Palamides, las actuaciones de los experimentados Ludwing Pineda y Guillermo Díaz Yuma para conmemorar los cuarenta años del Centro de creación artística Tet, bajo la producción general de Karla Fermín a partir  del 2 de febrero de 2013.

Al entrar en la sala llama la atención la escenografía diseñada por Edwin Erminy la cual nos lleva a  un espacio árido que en combinación con la iluminación diseñada por Víctor Villavicencio me remite metafóricamente a las novelas del mexicano Juan Rulfo (1917-1986). Lugar vacío, tostado, seco. Tierra presta a ser fecundada por la imaginación del ser humano. Dos chinchorros a modo de sonrisas irónicas se dibujan en el espacio que perecen decirnos aquí no hay nada, aquí hay algo.

Un hombre sentado en su chinchorro, Segundo interpretado por Ludwing Pineda mira atento la televisión, ventana mágica, acaso maligna a otra realidad. Una realidad de comiquitas en donde siempre ocurre lo mismo. A su lado, tumbado en el otro chinchorro, otro hombre, Mayor, su hermano, actuado  por Guillermo Díaz Yuma, quien fue abandonado por su esposa y “querida”. Al despertarse comienza la inexorable revisión de sus vidas.  Segundo, el resentido; Mayor, el iluso. Poco a poco se va contando sus historias del pasado, del presente y del nunca llegado futuro. En su devenir aparecen tres adolescentes embarazadas, una tras otra, interpretada por Yazel Parra.

El montaje es de ritmo lento, sostenido, constante. Poco a poco se va desarrollado la dramaturgia Palenciana que apunta hacia la exploración de la paternidad venezolana y su participación en la fecundación de un mejor vivir. Es de acotar que Palencia, en esta pieza, se aleja de la sexodiversidad como tema central y reflexiona sobre la responsabilidad que tenemos los hombres en labrar nuestro propio destino.

Las actuaciones de Ludwing Pineda y Guillermo Díaz Yuma nos reconfortan con el buen decir, con el gesto preciso, con  aquello magia de ver a un actor en una situación como si fuera otro. Es un deleite ver como estos dos actores nos transportan a esa tierra yerma. Tostada por el sol y la inercia. Ellos se creen lo que hacen. Nosotros nos creemos lo que ellos hacen. Maravillosas actuaciones.

Un caso especial es la joven actriz Yazel Parra que nos encantó con la interpretación de las adolescentes embarazadas. Merece un aplauso por sus impecables elaboraciones de los personajes. Cada uno es diferente de otro. Muy buen trabajo interpretativo.

“Tierra Santa” es, por un lado, una denuncia de la indigencia material y mental de algunos seres humanos, pero, por  otro lado, es una metáfora de una tierra bendecida que espera por nosotros para ser preñada de buenas acciones. Mayor, se lo advierte a Segundo, lo importante es ser útil.

Recomiendo ver este montaje desde una perspectiva positiva y ver en  la carencia la oportunidad de convertir ese espacio seco en una “Tierra santa”.

Caracas, 4 de febrero de 2013