lunes, 10 de junio de 2013

Shakespeare da para todo

Foto: Nicola Rocco

Por Bruno Mateo
@Bruno_Mateo



Montar una pieza del dramaturgo inglés William Shakespeare (1564/1616) es una tarea apetitosa para cualquier director de teatro o cine, esta vez, le tocó el turno a Orlando Arocha con su grupo Contrajuego  quien  junto con el grupo Hebu teatro, en la persona de Diana Volpe, lleva a cuestas dos empresas para el teatro venezolano, la primera, haber montado “Macbeth” y la segunda, abrir  un nuevo pequeño teatro, con un aforo máximo, calculo, de 60 espectadores en la antesala de la concha acústica de Bello Monte, al que le pusieron el muy acertado nombre de “Caja de fósforos” en donde  representan esta obra para el público caraqueño.


La historia transcurre en una especie de sala de tanatología para dar la sensación de una nación muerta. En este  “Macbeth” se da una lectura distinta, lo que produce un significante que pretende vincular una realidad, interpretada  por el director,  sobre la política contemporánea venezolana y la vida del Rey de los escoceses que gira en torno a la ambición, el poder y la usurpación. Vínculo débil con  poca sustentabilidad argumentativa y mucha  impresión personalista del proceso político nacional de Arocha.

 Este montaje nos trae infinidad de elementos que se articulan para ofrecer una visión un tanto efectista: imágenes impactantes, ruptura total con las convenciones teatrales tradicionales, cuerpos desnudos llenos de sangre, el  extremo acercamiento de los actores con el público son algunas estrategias para lograr una atmósfera apabullante. No hay duda que hay una búsqueda incesante de nuevas estéticas.

El trabajo actoral de Juan Carlos Gardié como Macbeth es merecedor de muchos halagos, un dominio de escena desde su primera aparición hasta la culminación del montaje. Su interpretación es explosiva, cargado de mucha pasión. Un verdadero acierto fue la representación de las brujas (hermanas fatídicas) por Simona Chirinos, Dayana Carmona, Homero Chávez y Dallas Aguirrez. Por su parte, Diana Volpe interpreta a una Lady Macbeth serpenteante.

Los dramas de Shakespeare son tan bien elaborados en cuanto a estructura que soportan cualquier lectura y es perfectamente válido usarlos para hacer paralelismo con  una realidad, aunque esa realidad sea una percepción parcial.
 

Enemigo del pueblo

Foto: Nicola Rocco

Por E.A Moreno Uribe

Siempre la corrupción imperó y por los siniestros vientos que soplan pareciera que será eterna. Es una pandemia moral que acorrala y enferma a gobiernos, organizaciones civiles, religiosas, militares, y, por supuesto, hay millones de seres humanos corrompidos hasta la médula. Y los que no lo son todavía, hacen sus coquetos con esa monstruosidad. Es, pues, milenaria la historia del abuso del poder, de la mala conducta o la degradación moral de gran parte de los seres humanos.

¿Será acaso otra manifestación del Demonio o del Anticristo?, como lo ha dicho el Papa Francisco.

La recordamos ahora  y llamamos la atención a los lectores tras ver el espectáculo teatral Un enemigo del pueblo de Henrik Ibsen y cotejar su vitriólico y moralizante mensaje con  las recientes declaraciones del Papa Francisco quien afirmó que los corruptos son "el anticristo, hacen mucho daño a la Iglesia y son un peligro, ya que son adoradores de sí mismos, sólo piensan en ellos y consideran que no necesitan de Dios. Esas personas, poco a poco han roto esa relación con Dios y dicen: 'nosotros no necesitamos a ese patrón, que no venga a molestarnos. Esos son los corruptos, aquellos que eran pecadores como todos nosotros, pero han dado un paso adelante, se han consolidado en el pecado. Cuanto mal hacen los corruptos en la comunidad cristiana, que el Señor nos libere de caer en ese camino de la corrupción. Pecadores sí, corruptos no", subrayó el Papa, al recordar los  50 años de la muerte del beato Juan XXIII, al quien puso como "modelo de santidad", el 2 de junio de 2013. 

HERMANOS STOCKMAN

Lo que dice el Sumo Pontifice nos sirve, como anillo al dedo, para resaltar la corrupción que impera en la saga argumental de Un  enemigo del pueblo e invitar al público a que la compare con algunos hechos reales y cotidianos que debe conocer pero que no se atreve a glosar o comentar siquiera. Ahí, un hombre honesto (el doctor Thomas Stockmann) lucha desesperadamente  contra la maldad que impera en el poder  municipal de su ciudad y en algunos gremios económicos privados, la cual impide el cierre de un balneario nocivo para la salud de sus visitantes por tener sus aguas contaminadas con bacterias o virus letales, incluso.

Hay que recordar que el teatro de Ibsen (Noruega, 20.03.1828/23.05.1906) no fue grato ni lo es todavía para las sociedades corruptas, aunque las mismas lo aplauden e incluso hasta lo premian, pero algunas de sus piezas, como Casa de Muñecas (1879), han generado auténticas revoluciones culturales, tal es el caso del  triunfante feminismo. En Un enemigo del pueblo (1882), el autor denuncia la perversa conducta de los periodistas y los medios de comunicación que se unen a su hermano, quien además es  el alcalde o líder de todo el aparato corrupto de la municipalidad, para bloquearlo y perseguirlo. ¡Aquí  está la clave del poder “omnipresente” de la corrupción!

En síntesis, tanto los habitantes como las autoridades se unen y el doctor Stockmann queda prácticamente en la calle, porque le casa donde vive con su familia le suspenden al arrendamiento y le piden desocupación…Y comienza así su calvario, sin pretender ser precisamente otro Jesús de Nazareth, solamente por ser  un buen hombre que denunció los peligros de una contaminación que puede significar pérdidas de vidas humanas. Y la corrupción, la única culpable, ahí feliz y campante.

MONTAJE

Una coreografía simbolista, que se repite al final, abre el montaje para dejar el trágico desfile de sus personajes. La pesadez de su situación trasciende la escena y los personajes-actores son impactantes, especialmente Antonio Delli (doctor Stockman) y  Wilfredo Cisneros (alcalde Stockman), los conductores o sacerdotes  de todo esa tragedia de la corrupción. Hay una atmósfera dura o pesada que envuelve al público y lo obliga a pensar sobre si la realidad cotidiana  o su realidad como ciudadano no serán superiores a la ficción escénica que está degustando. He ahí la clave del montaje, conseguida a  puro pulso por el  director Jesús Delgado y presente en todos sus actores. Si quedaba alguna duda de su talento como director ahí se ha consagrado y de qué manera. Es teatro de texto, con mínimos juguetes escénicos, donde el texto que se emite y la verdad de lo que dicen es cual un cartucho de dinamita que derriba el muro de las mentiras que teje la corrupción.

¡Ahí se demuestra, una vez más, que no siempre la mayoría tiene la razón y que los pueblos también se equivocan! ¡Y que la democracia mundial requiere  de otro Hércules que le haga una limpieza porque está cubierta por los excrementos de la corrupción!

SINOPSIS

 Noruega de finales del  siglo XIX está en la sala múltiple  Cabrujas de la Fundación Cultural. Ahí se plasma la saga del doctor Thomas Stockmann, y de una ciudad cuyo balneario es la principal atracción turística. Todo comienza cuando Stockmann descubre que las aguas están contaminadas y se dispone a denunciarlo. Es vilipendiado por el poder político, representado por el alcalde de la ciudad, quien paradójicamente es su propio hermano, y por los distintos factores de poder que actúan en su contra y procurando proteger sus propios intereses, hasta lograr que la opinión pública unifique su repudio contra él, teniendo el quijotesco Stockman que convertirse en un agente político de cambio para influir en una mayoría que no lo reconoce. 

FICHA TECNICA

Con la adaptación y producción de Jesús Delgado y Sebastián Torres, este montaje de Un enemigo del pueblo es otra producción de El Grupo Teatral Emergente, la cual cuenta con el impactante y bien creado vestuario del artista Joaquín Nandez; la musicalización de Nacho Huett; coreografías de Adriana Urdaneta y Jacques Broquet; diseño de escenografía de Elvis Chaveinte; iluminación de Gerónimo Reyes, y diseño de maquillaje de Daniel García. Y por supuesto que Antonio Delli y Wilfredo Cisneros están correctamente acompañados de  Claudia  Nieto como la señora Stockman, Jesús Hernández es Hovstad, Lidsay Castro es Petra, Jorge Dakar encarna a Aslaksen, Carlos Clemares es  Morten Kull, mientras Hernán Iturbe, Marcos Chocrón, María E. Cedeño, Víctor Jiménez y Yeisy Guerra encarnan a ese pueblo que le grita al doctor Stockman: “eres un enemigo del pueblo”.

 

miércoles, 5 de junio de 2013

Un enemigo del pueblo


Por Walter De Andrade
       @deandradewal

Punzantes y vigentes reflexiones saltan exprofeso: “¿Realmente las mayorías siempre tienen la razón?”.

 “Democracia, poder y dignidad”. Con estas tres palabras el Grupo Teatral Emergente de Caracas, bajo la dirección de Jesús Delgado, define el leivmotiv para su propuesta del clásico universal “Un Enemigo del Pueblo” del noruego Henrik Ibsen, cuyo estreno se llevó a cabo el pasado viernes 24 en la Sala Cabrujas de Los Palos Grandes.

La obra, escrita en 1882, es uno de los puntales del drama realista moderno y en ella el autor expone los vicios de una sociedad moralmente débil, poco ética, y sometida a un poder manipulador y mentiroso. El reconocido y apreciado Dr. Stockman ha descubierto que las aguas del balneario, principal fuente de ingresos de su ciudad natal, están contaminadas. Ingenuamente, e idealista como es, decide publicar su hallazgo con el apoyo de la mayoría. Pero, ante la posibilidad arriesgar ese sustento económico, termina no sólo abandonado, sino que la entera sociedad, inicialmente a su favor, se vuelve ferozmente en su contra. Cuando decide decir lo que nadie quiere oír, se convierte en un encarnizado enemigo. Su propio hermano, el Alcalde, lidera el linchamiento social movido por sus intereses políticos y la manipulación de las masas.

La propuesta de Delgado es clara estética y discursivamente. Juega con la presencia constante de la cloaca como entorno vital, las aguas negras como sustento. En esta ciudad, sus habitantes roen, deambulan en la oscuridad, se acomodan en la inmundicia, la venden y sacan provecho. El vestuario (Joaquín Nandez) refleja la putrefacción de los personajes: telas duras, corroídas, manchadas; y en juego con la escenografía de Elvis Chaveinte y Christian Ponte quienes idearon los elementos escenográficos a partir de tuberías de agua; imbuyen el concepto de una enorme alcantarilla, y sus habitantes, seres subterráneos, ratas… Punzantes y vigentes reflexiones saltan exprofeso: “¿Realmente las mayorías siempre tienen la razón?”.

Antonio Delli, protagoniza con una denodada interpretación del Dr. Stockman, comprendido en su dimensión personal y simbólica. Wilfredo Cisneros (Alcalde), Jesús Hernández (Hovstad), Jorge Dakar (Aslaksen), Carlos Clemares (Morten Kull y Claudia Nieto (Sra. Stockman) resuelven acertadamente sus roles y engranan un elenco equilibrado y seguro. Lidsay Castro (Petra, hija de Stockman) requiere aportar más voz y médula a su trabajo.

En definitiva, una aguda propuesta con el meritorio don de atreverse, cuestionar, y obligar a reflexionar ¡así no se quiera!

Columna publicada el 27/05/2013 en el diario El Nuevo País

jueves, 30 de mayo de 2013

Macbeth, cuando la realidad supera la ficción

Foto cortesía de Nicola Rocco/ www.photomanifiesto.blogspot.com 

Presenciar lo que está ocurriendo en la antesala de la majestuosa Concha Acústica de Bello Monte, es estar frente a un acontecimiento que pocas veces se ha dado en nuestra golpeada ciudad. Dos colectivos teatrales (Contrajuego y Hebu Teatro) salvando todos los obstáculos posibles y apoyándose en su constante trabajo, han logrado levantar una nueva “sala teatral de bolsillo” a la que han llamado La caja de fósforos.
Nos parece increíble esta hazaña en tanto el país-económico que vivimos no es el más adecuado para tales fines. Donde más bien empresas, consorcios, agrupaciones deben bajar sus“por no poder costear sus gastos, éstos férreos artistas, lucharon hasta hacerse de un nuevo lugar y brindarle a toda la comunidad aledaña y en general a la urbe, una exclusiva sala de cincuenta y cinco puestos.
No contentos con conseguir lo anteriormente descrito, Orlando Arocha y su equipo, Ricardo Nortier, junto a la infatigable Diana Volpe, deciden abrir el telón del nuevo recinto teatral con nada menos que el clásico shakesperiano Macbeth. Menuda empresa en estos tiempos de marquesinas teatrales que ofertan sólo carcajadas con pocos metros de tela sobre los cuerpos de sus “cómicos”.
Pero el hecho de llevar esta gran obra en la actualidad no sería objeto de colocarle atención, sería simplemente otro Shakespeare que se monta, como en cualquier parte del mundo, sin embargo en este caso no lo es y es ahí donde nos detendremos, el Macbeth que hoy podemos disfrutar en Caracas es sin lugar a dudas uno de los mejores reflejos de nuestra actualidad, lo que nos hace pensar que finalmente los artistas de teatro despertaron (como un proceso natural) y están radiografiando nuestra desgracia.
Macbeth, es la infausta historia de un hombre manipulado por su sed de poder y condenado por su autoritarismo al hacerse del trono. La corrupción, la traición, el engaño y los asesinatos para sacar del juego a los que molestan sus objetivos, son las premisas de quien llega a obtener el poder a través de la mentira.
No hay que hacer mucho esfuerzo intelectual, para comprender lo que Arocha desea poner frente a nuestros ojos, ese secreto a voces (a veces no tan secreto) de nuestra podrida clase política y cómo una sociedad se va desmoronando a causa de un tirano hambriento de sangre.
La genialidad de este montaje reside en su concepción estética y acercamiento a una lúcida lectura contemporánea de la pieza, ese país está muerto, no en vano las acciones ocurren dentro de una morgue: riesgo, trasgresión, imágenes contundentes, cinismo y crítica, son palabras que pueden definir la totalidad de este espectáculo, que arriba a su tercera semana de funciones con la taquilla agotada.
Diana Volpe y Juan Carlos Gardié, llevan en sus espaldas la responsabilidad de la obra, acertado casting que nos permiten volver a toparnos con sus talentos y sapiencia del oficio actoral. Sin embargo debemos destacar el elenco de soporte de actores en donde brillan: Beto Benites, Giovanni García, Paul Gámez, Ernesto Campo y Seyward Djamil Djassir. 

Usted amable lector, que está ahora paseando sus ojos sobre esta reflexión crítica, si me permite un consejo, no deje de ver esta crónica venezolana de la legendaria obra de Shakespeare.  Creerá que Macbeth nació aquí y comenzamos a saber de él hace 14 años…


@rosasla /@avencrit
Caracas, 30/05/2013


martes, 28 de mayo de 2013

Bajo tierra


Por Bruno Mateo
@Bruno_Mateo

El sábado 25 de mayo de 2013, pude presenciar en la sala Anna Julia Rojas de la Unearte, “Bajo tierra” un ensamble de la tetralogía del petróleo del dramaturgo venezolano César Rengifo por Karim Valecillos, contentivo de las piezas:  Las mariposas de la oscuridad (1951-1956), El vendaval amarillo (1952), El raudal de los muertos cansados (1969) y Las torres y el viento (1969). Aunque debo confesar que no vi ésta última en ningún momento del trabajo excepto por el ambiente hostil y fantasmal logrado con la escenografía de Rafael Sequera. La responsabilidad del montaje estuvo a cargo del director Francisco Denis para la agrupación Río teatro caribe (1994) y Auyan tepui producciones (2006)  con la actuaciones de Verónica Arellano, Gladys Prince, Zair Mora, Antony Castillo,Jesús Carreño y Luis Domingo González.

Cuando, en mi experiencia como espectador, siempre me pregunté las razones por las cuales los montajes vistos de la dramaturgia de César Rengifo  eran tan estáticos. Esto no significa ningún juicio de valor, sólo es un elemento recurrente producto de mi observación.  Los trabajos rayaban en lo tedioso lo que traía como corolario el rechazo hacia el contenido de sus textos. Ver “Bajo tierra” me significó más que hacer una crítica basada en un epistemología positivista, me incita a realizar más bien una reflexión.

Yo soy un lector asiduo de César Rengifo, entre otros autores y autoras, y ver este montaje me produjo una gratísima satisfacción porque el trabajo es una visión completamente distinta de lo que siempre se ha hecho con Rengifo. Aquí hay  una energía dinamizadora de un contenido de crítica social llevado a los códigos de paradigmas contemporáneos, como lo son el género de la telenovela, latinoamericano y, ¿por qué no? venezolano por excelencia,  la desacralización del discurso social como algo necesariamente pristino de cualquier guiño de comicidad y la ruptura a voluntad del hilo conductor de la estructura dramática.

Esta lectura puede traer consigo , también, una estereotipación de los personajes, como me percate, por ejemplo, en la caracterización de los indigenas; esto no implica que no sea efectiva esta represetación social, solamente apunto hacia el peligro de transitar en la frontera entre la comedia y la burla mordaz hacia ciertas personas vulnerables de la sociedad.

“Bajo tierra” resultó atrevido, algo que se debe  incentivar entre los creadores escénicos, un montaje al cual yo llamaria un  teatro necesario porque es vital la revisión de nuestros modelos imaginarios, insuflar las bases de esta Venezuela contemporánea, movilizar nuestros referentes ideológicos y ´pienso que Francisco Denis con su tropa lo logra con esta recomendable pieza.

Bajo tierra con César Rengifo


Por E. A Moreno Uribe

¿Sería chavista el dramaturgo César Rengifo (Caracas, 1915/1980) si hubiese sobrevivido a sus dolencias?  No sé, lo que denunció con su teatro no era exclusivo, porque el resto de la inteligencia venezolana, especialmente la izquierdista, también luchó para detener ese proceso desgastador que durante el siglo XX significó la explotación de los hidrocarburos. No hay que ser chavista para execrar los abusos cometidos no sólo por las empresas sino por los gobiernos títeres. Todo lo que advirtió se cumplió y aunque al final el petróleo fue controlado por el Estado venezolano, las secuelas de aquellos nefastos años no han podido curarse, ni los muertos inocentes resucitarán jamás.

Él hizo lo suyo al escribir su teatro, pero pocos le hicieron caso y las consecuencias están a la vista, porque “ya no somos un país independiente económicamente. Junto con el alud del capital extranjero, explotador, nos llega también una pseudo civilización estandarizada. Y junto a los ranchos, habitados por gente depauperada y sin ninguna cultura, aparece la pseudocultura del petróleo”.

Conocí de trato y palabra a César y su radicalismo me conquistó.Lo recuerdo ahora al ver y degustar el excelente espectáculo Bajo tierra, que ha presentado Rio Teatro Caribe y  Auyan Tepui Producciones en Unearte, bajo la dirección de Francisco Denis Boulton  y con el desenfadado apoyo actoral de Verónica Arellano, Gladys Prince, Zair Mora, Luis Domingo González, Jesús Carreño y Antony Castillo, dentro del dispositivo creado por Rafael Sequera.

Bajo tierra es un inteligente y amoroso ensamblaje, logrado por Karin Valecillos, de cuatro piezas de César sobre la explotación petrolera: Las mariposas de la oscuridad (1951-1956), El vendaval amarillo (1952), El raudal de los muertos cansados (1969) y Las torres y el viento (1969). Ahí resumió los inenarrables avatares de los trabajadores del petróleo y la de los campesinos desplazados por tan cruel industria. Escribió, pues, para advertir sobre las frustraciones de un amplio sector de la sociedad venezolana por el sinuoso destino de la renta petrolera, además de la muerte lenta de la agricultura y el éxodo de los campesinos a las grandes ciudades para buscar un destino incierto o esquivo, al tiempo que señaló la incesante sustitución de la cultura nacional por una foránea, “bien servida” por todos los medios de comunicación.

El director Denis Boulton quería montar esos textos pero no consiguió los recursos financieros y optó por el comprimido que le hizo Vallecilos. Plasmó la parodia de un programa de televisión que es visto por una abuela, su hija, mientras al nieto lo devora la Internet, en cualquier hogar venezolano.
Trabajó con esa fusión y los mínimos actores, reelaborando lenguaje y puntualizando acciones escénicas. Toda una estética de la sencillez que ha mostrado en sus anteriores montajes, como Machete caníbal o Sexo. El espectáculo se centra en el relato de la desgracia humana como consecuencia de la miserable explotación del recurso natural y el engaño a que se sometió al campesino principalmente. El humor es el otro personaje presente y es bálsamo para digerir todas las desgracias de esos seres arruinados sin saber porque.

El montaje se llama Bajo tierra porque el petróleo se extrae del suelo  y para hacer referencia a los hombres que trabajan bajo tierra, a una cultura que queda bajo tierra y un país que quizá, todavía, está bajo tierra en el sentido que depende de este ‘oro negro’, y esto no solo interviene en lo económico sino en muchos ámbitos sociales y culturales.

lunes, 20 de mayo de 2013

Trasnocho cultural deslumbra con sendas opciones teatrales (Glorius y Caricias)



Glorius, la peor cantante del mundo, es el nombre con que Peter Quilter, dramaturgo inglés, titula la comedia teatral que el Centro de Directores para el Nuevo Teatro presenta en la Sala Principal del Trasnocho Cultural, para contar la historia de vida de Florence Foster Jenkins, mujer norteamericana que se empeñó en cantar sin poseer el más mínimo talento ni cualidades para hacerlo; lo que sí tuvo fue mucho dinero que le permitió incluso grabar discos y presentarse en el Carnegie Hall antes de morir, en los años 40.

La primera actriz Elba Escobar es la encargada de personificar a Florence, la obsesiva millonaria que aturde a sus fanáticos. Con extraordinaria sapiencia de su arte, Escobar brilla, dando muestras de su descollante talento que junto a la puesta de Daniel Uribe, quien supo lograr un montaje minimalista que resalta toda la atención escénica en su distorsionada cantante, nos permiten disfrutar de una fascinante historia.
La escogencia del casting para este espectáculo es un real acierto: Germán Anzola, interpreta al pianista que acompañó en la última etapa de su vida a Foster y además sirve como hilo conductor de la trama, pues es él quien nos cuenta la historia. Anzola derrocha su presencia escénica y buen decir. Junto a él Liliana Meléndez como la amiga íntima de la protagonista y su fiel admiradora, ofrece una construcción de personaje sólido, divertido, que da muestras de su madurez como actriz. Completa el elenco Alberta Centeno como la criada de la peor cantante del mundo, derrochando comedia y soltura escénica.
Glorius, es un acertado espectáculo que permite ver buen teatro realizado con reconocidos profesionales de nuestra escena y que demuestra que cuando se conjugan en feliz comunión todos los elementos artísticos y el talento de nuestros artistas no se puede obtener otro resultado que el éxito.



Lo rudo de las relaciones humanas 
Sergi Belbel, es un dramaturgo catalán que ha sorprendido a miles de espectadores alrededor del mundo con sus punzantes textos que cobijan personajes atormentados al momento de relacionarse con sus “otros”, escrita en los años 90 y llevada al cine por el reconocido director español Ventura Pons, Caricias es la inflexión del ser humano en cuanto al amor, la soledad, la traición, la homosexualidad, la vejez e incluso el incesto.
Puesta en escena en dos ocasiones en nuestro país: primero de la mano del centro de Directores para el Nuevo Teatro dirigida por Gregorio Milano y luego gracias a Séptimo Piso bajo la dirección de Dairo Piñeres, este texto siempre ha llamado la atención por lo rudo de sus planteamientos.
En esta ocasión el director José Jesús González, asume el reto re-leer la pieza y subirla a las tablas del espacio Plural del teatro Trasnocho. Con un elenco de lujo, entre veteranos y jóvenes, González se dio a la tarea de seleccionar un cuidado staff de talentosos histriones: Virginia Urdaneta, José Torres, José Romero, Marco Alcalá, Alexander Rivera, Arlette Torres, Alexander Solórzano, Loly Sánchez, Ana María Paredes, Mariú Favaro y el debutante Grouber Materán, son los responsables de hacer que el público transite por las sofocantes vidas de estos personajes.
La puesta de José Jesús González jugó a la simpleza y colocó su acento en la interpretación de los actores, plausible hazaña que supo llevar a buen término cuando se observa uniformidad y verdad en la escena aunque cada uno de los intérpretes venga de escuelas y corrientes distintas. Inteligentemente, el director se apoya en los más veteranos: resulta un placer volver a ver en las tablas a Loly Sánchez, Ana María Paredes, Virginia Urdaneta, José Romero y al maestro José Torres. Es sencillamente una buena cátedra de actuación.
Marco Alcalá junto a Mariú Favaro, que vuelve a las tablas después de un retiro prolongado, se lucen en uno de los sketches más difíciles de la pieza. Al igual que Arlette Torres y Alexander Solórzano. Por su parte Alexander Rivera da muestras de su crecimiento sostenido en cada personaje que le vemos. Para Grouber Materán (el más joven del elenco) es una extraordinaria oportunidad de formarse sobre el escenario junto a estos gigantes. No cabe duda que la elección de estos actores es uno de los grandes logros de la producción en manos de Alexxey Córdova.
Ajustes de ritmo necesarios, que se ganan con el correr de la temporada y que son normales hasta que los once actores se amalgamen, sería el acento de nuestra lectura crítica, amén de un mayor cuidado en la musicalización del espectáculo para completar la unidad total del mismo.
Estamos seguros que los espectadores volverán a quedar atrapados y colmarán el Espacio Plural del Trasnocho para verse reflejados en sus lados más oscuros y reconocerse en cada uno de los personajes de Caricias.

@rosasla /@avencrit
Caracas, 02/05/2013