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martes, 24 de septiembre de 2013

Jazmines en el Lídice

por Walter De Andrade
@deandradewal

La obra, es un acercamiento a lo más profundo de ese dolor incrustado, una aproximación desgarradoramente humana y vital.

Más de veinte mil asesinatos por año evidencia que la violencia es un polizonte al que se le ha hecho cómodo instalarse. Se ha vuelto tan familiar ese bizarro matrimonio entre la carne y el asfalto. Nuestras pieles rezuman pólvora, la angustia cede a la costumbre, y el dolor se instaura, silencioso, apenas sostenido por la esperanza. Esa inevitable realidad consigue en la dramaturgia de Karin Valecillos un derrotero catártico y estremecedor. “Jazmines en el Lídice” es una pieza simplemente inevitable. El texto, recientemente ganador del I Premio de Dramaturgia Isaac Chocrón, cumple su temporada de estreno en la sala Espacio Plural del Trasnocho hasta el próximo 29 de septiembre, bajo la égida de Tumbarrancho Teatro y la dirección de Jesús Carreño.

La historia es un eco condensado que nace como homenaje a las 54 madres de la Fundación Esperanza Venezuela, madres cuyos hijos han sucumbido ante los ensordecedores gramos de una bala, y que buscan, en su reunión, alzar un clamor por la paz. Es la historia de Meche, Yoli, Anabel, Dayana, Aída y Sandra, seis mujeres -que son millones- vinculadas por el dolor y la pérdida. En una humilde vivienda del barrio Lídice, estos seres coinciden el día del cumpleaños de Dayana, la menor, apenas una adolescente, pero que también ha visto su sangre correr; y un fiero debate de sentimientos se desprende entre la celebración y el recuerdo. Es una ficción armada con trocitos de realidad.

“¡Indiferencia!” grita Meche, y allí radica el tratado de la pieza. La obra no pretende ser solución, ni panacea contra una realidad insoslayable, al fin y al cabo, las víctimas han devenido en solo cifras, estadísticas a las que nos hemos acostumbrado, y que leemos incluso ya sin asombrarnos. La obra, es más bien, un acercamiento a lo más profundo de ese dolor incrustado, una aproximación desgarradoramente humana y vital que revienta cualquier indiferencia. El aroma de esos jazmines penetra la carne para remover el alma.

La puesta en escena de Carreño conjuga el realismo de la pieza y la poética de la imagen con acertado equilibrio, y con la fortuna de no acercarse a un malogrado melodrama. Gladys Prince, encabezando el elenco, nos ofrece una Meche inolvidable, conmovedora, íntegra. Omaira Abinadé, Rossana Hernández, Patricia Fuzco, Indira Jiménez y Tatiana Mabo, desarrollan sus roles con laudable compromiso y entraña, dejando firme la impronta de cada una de sus historias, y el espectador, al dejar la sala, no puede menos que afirmar: ¡Gracias por la esperanza!

Columna publicada el 17/09/2013 en el diario El Nuevo País

lunes, 16 de septiembre de 2013

Jazmines en el Lídice


Por Bruno Mateo
@bruno_mateo

Este fin de semana del 21  y 22 de septiembre  de 2013 finaliza la temporada de “Jazmines en el Lídice” escrita por Karin Valecillos, recientemente galardonada por la también reciente Fundación Isaac Chocrón, en el Espacio plural del Trasnocho cultural del Centro comercial Paseo Las Mercedes de Caracas. Un texto que nos narra la historia de seis mujeres cuyos hombres fueron asesinados en una calle de Lídice y que dialogan sus penas amarguras y esperanzas el día de cumpleaños de Dayana,  la más pequeña del grupo. 



El elenco está conformado por Gladys Prince como Meche, Omaira Abinadé es Aída (La musiua), Rossana Hernández es Anabel, Indira Jiménez como Yoli, Patrizia Fusco es Dayana y Tatiana Mabo interpreta a Sandra. La puesta en escena es de Jesús Carreño para Tumbarrancho teatro, Lux siete producciones y Esperanza Venezuela.


Con una puesta sencilla de Jesús Carreño con el respaldo de la música de Abiram Brizuela, joven venezolano radicado en los Estados Unidos, “Jazmines en el Lídice” es una elegía escénica que poco a poco se convierte en un canto de esperanza. Nos sugiere una posibilidad de vida distinta a la que se vive a diario en Venezuela, no de ahora sino desde que yo recuerde. Es un montaje políticamente correcto en cuanto a la manera “objetiva” como plantea la problemática de la violencia en el país. De nadie es la culpa; la culpa es del sistema. La solución no es del sistema es de todos. 


Las actuaciones de las actrices es convincente, cada una logra darle un matiz interpretativo que llega; no sólo a una  técnica actoral sino a verdaderos   niveles de creación, algunas menos otras más;  tal es el caso de Indira Jiménez como Yoli, una verdadera interpretación oximorónica de la alegría amarga de una mujer que ve a su hijo pasar de bueno a malandro; Rossana Hernández con sus explosiones de rabias y dolor que se enfrenta a una madre que siente lo mismo que ella, pero lo aborda  de otra manera; Omaira Abinadé en la interpretación de una hija de inmigrante que se radica en Venezuela que pierde a su hijo en una balacera y que pretendía con su profesión de abogado hacer justicia, la cual queda en el tiempo del subjuntivo; Tatiana Mabo compone a un personaje lleno de  culpas por haberle pedido a su esposo, hijo de Meche, la madre, que fuera a comprarle el pan sin saber que en esa encomienda perdería la vida de varios disparos; Patrizia Fusco nos trae a una adolescente que a su corta edad pierde a su hijo y vive en una casa con mucha amargura, pero que se resiste a perder su ilusión por vivir y por último a Gladys Prince interpreta a la madre, al estilo de la Bernarda Alba lorquiana, que quiere ser dura frente a la pérdida de los hombres de la casa, sin embargo, la fraternidad de las mujeres hace que mantenga la esperanza de sembrar jazmines en el Lídice.

lunes, 5 de agosto de 2013

Jazmines contra la violencia


Por E.A Moreno Uribe
@EAMORENOURIBE

Un puñado de madres de las víctimas de la violencia cainítica que azota a Venezuela se organizaron y salieron a las calles caraqueñas para mostrar las fotografías de las 54 mujeres que perdieron a sus descendientes en manos del hampa o de enloquecidos policías. Singular modo de pedir paz y reconciliación que demuestra la firme voluntad de luchar para impedir más muertes. Ellas le ponen la cara a la esperanza para buscar  el fin de esa violencia que amarga la cotidianidad de esta Tierra de Gracia, violencia que diezma a la juventud pero que arremete contra la sociedad en general.
Son la fundación Esperanza Venezuela, de carácter artístico, social y apolítico, la cual reaparece como coproductora del espectáculo Jazmines en el Lídice, el cual exhiben durante los fines de semana en el teatro Trasnocho. Está bien escrito y correctamente dirigido por Karin Valecillos y Jesús Carreño, con música original de Abiram Brizuela y las estremecedoras actuaciones de Gladys Prince, Omaira Abinadé, Rossana Hernández, Patrizia Fusco, Samantha Castillo y Tatiana Mabo.
Y como de violencia se escribe, conviene precisar que, en el noroeste de Caracas, existe, desde 1943, la urbanización Lídice para rechazar el exterminio que hicieron los nazis de los casi dos mil habitantes de ese pueblo checoslovaco, porque se rebelaron contra la opresión fascista.

Y ahora, en esta segunda década del siglo XXI, gracias a la magia del teatro, en nuestro Lídice hay una casa, la morada de Meche, donde crecen en porrones unos jazmines. Ella hace seis años perdió en manos de la violencia a su hijo Raúl. Sus hijas Anabel y Dayana, a quienes también mataron a sus vástagos, tratan de persuadir a la madre de que se mude a otro lugar porque anda suelto el asesino de Raúl.

La obra se desarrolla cuando ellas junto, a la vecina Yoli; Aída, abogada y amiga de la casa; y  Sandra, la viuda de Raúl, se reúnen con Meche para convencerla de marcharse. Sin embargo, ella está arraigada a su comunidad, pues, pese al dolor, ha encontrado en la pérdida de su hijo un vínculo con otras madres y siembra jazmines como quien cultiva esperanzas. Eso es  Jazmines en el Lídice, realista y estrujante teatro basado en testimonios de 54 madres que perdieron a sus hijos, ellas ahora se protegen y luchan desde Esperanza Venezuela.

Muestra la vida de seis venezolanas quienes encontraron una manera de salir adelante por encima de la tristeza de haber perdido a sus hijos. La pieza pretende ser un punto de partida para recuperarnos como sociedad y evitar que esas tragedias continúen repitiéndose.

Nosotros estamos plenamente convencidos que Jazmines en el Lídice es una manera pulcra y sensible, además de altamente creativa, de acercarse desde lo humano al universo de esas venezolanas, quienes encontraron una manera de salir adelante por encima de la tristeza, y cuyas sus historias son punto de partida para recuperarnos como sociedad. Es también un hermoso homenaje a las mamas que se yerguen y prosiguen luchando por la vida. Se realiza sobre la peligrosa cuerda floja del melodrama lacrimógeno y convence plenamente porque esa realidad que plasma no es ajena al público.

¡Nadie puede negar ahora que el teatro contemporáneo criollo está de espaldas a la realidad en que vivimos!