Por Carlos Herrera
@cehs1957
@avencrit
En la dinámica de los distintos proyectos escénicos que se concretan por los grupos preocupados del teatro infantil es raro percibir su inclinación a tocar los llamados temas tabú. Esta clase de temas abordan situaciones, tocan asuntos sobre aspectos relacionados con las problemáticas del niño, púber o del adolescente que estén acordes a lo que bien se esgrime calladamente en el seno familiar como se sabe pero no se discute; incluso, a lo largo de los años, tópicos como el abordaje sobre el amplio abanico de lo sexual, el abandono de los progenitores, las secuelas que se genera con el divorcio de los padres, el maltrato o el desinterés por lo que son los intereses de la niña, niño o adolescente, es dejado de lado porque aun la dramaturgia nacional no tiene auténticos dolientes capaces de construir fábulas que deban ser escenificadas por grupos teatrales comprometidos y responsables que vean que las tablas no es solo cuestión de evasión o entretenimiento para el núcleo familiar a la hora de asistir a tal o cual espectáculos los fines de semana. Incluso, si el tema es áspero o difícil de explicar por el adulto al niño, ello termina por convertirse en socio cómplice para seguir manteniendo cierta clase de paradigma en cuanto a lo que, desde la escena se desea conseguir más allá de un simple momento educativo o de solaz.
El tema de tabú sociológicamente hablando, es un tipo de trama que por sus cuatro costados debe y merece contar con una dramaturgia seria como respetuosa; merece tener grupos, directores y actores capaces de saberla trabajar y exhibir sin rayar en lo superfluo o lo banal; es un tipo de teatro que en pleno s. XXI aun está en pañales aun cuando aspectos y elementos como la violencia superan con creces, parte de las tramas que más de las veces uno como espectador percibe tras algunas historias orientadas a ser aprehendidas por el niño espectador. Es preferible edulcorarlas, tergiversarlas o manipularlas desde otras perspectivas que afrontar el asunto con la seriedad que amerita. El tema tabú dentro del teatro para niños, hoy por hoy, parece exponer la ineficacia de nuestros autores y creadores de la escena como un asunto que se debe seguir postergando incluso, porque ello tampoco es lucrativo en materia de atraer de forma consciente a un espectador con capacidad de considerar que esos asuntos no le habrán de interesar. Evadir el tema tabú u relegarlo a unos pocos atrevidos es la respuesta que en estos años uno como hombre preocupado por ver un mejor teatro para niños y niñas ha ido constatando.
El pasado domingo en la sede del Teatro La Colmenita Bolivariana situada en Maripérez, la articulación de coproducción dada entre Teatro El Chichón y Producciones Cacique, nos proporcionó uno de estos temas que deberían estar siendo tocados de forma más diversificada en los teatros del país. Me refiero al estreno de "No es un juego", texto teatral de la autora Carmen Milagros Oseches Dam quien asumió con coraje "la realidad que viven a diario nuestros niños, niñas y adolescentes a causa del maltrato infantil, la incomunicación entre padres e hijos y la influencia de los vídeos en el comportamiento cotidiano". Con una puesta en escena sincera, desprolija de efectismos, con una actitud plena de contar y mostrar las reglas del teatro y con asertivo idea de los sus actores (Yuvanoska Rodríguez y César Güariman) debían conferirle al paso de las etapas de niño/púber/adolescente tenían que otorgarle a sus personajes, hizo que la dirección de Eliezer Paredes tuviese mucho que decirnos y que confrontar más allá del simple espectáculo que más de las veces uno verifica en otras salas de la capital.
Trabajo digno desde la verdad física y la articulación de que decir y cómo decirlo sea bien en lo dialógico o las acciones lúdicas por parte de los jóvenes histriones que encarnaron a personajes que sabemos existen, por la pulcritud de un montaje alejado de lo anestésico sensorial y enfocar que hay valores pedagógicos y morales que se deben construir ante el ojo del espectador, sumando la experiencia de la producción de dos colectivos que, por lo menos aspiran cambiar los desgastados paradigmas de temas y asuntos de un teatro infantil aun fuertemente tejido por los paradigmas de princesas, dragones, monstruos o, desgastados maléficos. Es un teatro consciente como necesario. ¡Ello no tiene precio!
domingo, 29 de junio de 2014
“No es un juego” más allá de hadas, princesas y dragones.
Por Bruno Mateo
@bruno_mateo@avencrit
El 28 de junio de 2014, Día Nacional
del Teatro, es un día de celebración para todos los que decidimos dedicarnos a
este noble arte en Venezuela, y la mejor manera de celebrarlo es ir a ver
teatro; esta vez escogí ver un montaje para niños y adolescentes del histórico
grupo El Chichón en coproducción con una naciente agrupación Cacique
producciones, NO ES UN JUEGO escrita por Carmen Oseches y bajo
la dirección de Eliecer Paredes; pieza que se inscribe dentro de lo que hemos
llamado teatro tabú, el cual contempla aquellas temas y contenidos que casi
nunca son tocados dentro de los montajes
para niños; en esta ocasión el trabajo está estructurado en tres partes o en
tres premisas; la primera, la violencia física contra los niños; la segunda ,la
violencia causada por los videos juegos y la tercera, el exceso de libertad que
algunos otorgan a sus hijos, convirtiéndose, así, en sus amigos para abandonar sus roles de
padres.
La puesta en
escena minimalista en una ambientación totalmente blanca cumple el objetivo de
neutralizar cualquier referencia espacio
temporal, lo que permite hacer los cambios que requieren cada historia, las
cuales fueron desarrolladas a cabalidad. Es una dirección limpia, elegante,
precisa que dimensiona el texto en la justa medida de su contenido. La
iluminación y la musicalización trabajan en función del montaje.
Las
interpretaciones de los jóvenes actores Yuvanoska Rodríguez y César Guarimán
muy precisas y bien proyectadas. Sólo una acotación a Guarimán, debe cuidar la proyección
de voz, que a veces se perdía el diálogo porque no se escuchaba; sin embargo,
sus creaciones de personajes fueron atinadas.
El grupo
Chichón brinda la oportunidad a las nuevas generaciones de mostrar sus
trabajos, algo por lo cual los felicito, además de que estos jóvenes han
empezado con buen pie y nos muestran un teatro para niños y adolescentes que va
más allá de hadas, princesas y dragones para abordar la realidad con un significante
estético y creativo.
Recomiendo altamente
este pieza NO ES UN JUEGO porque es un creación interesante, inteligente
y divertida amén que nos enseña una realidad que debe ser cambiada.
domingo, 22 de junio de 2014
Cuando el día viene mudo
Por Carlos Herrera
@cehs1957
@avencrit
Creo que, a la fecha, la dramaturgia del escritor y director teatral peruano Diego La Hoz (Perú; Lima, 1971) o ha sido poco o nunca escenificada en las tablas caraqueñas. Autor contemporáneo, que persigue hurgar tras la concreción de sus obras teatrales (Paréntesis, Fe de ratas; Los funerales de Doña Arcadia o la pieza infantil, Un príncipe para tres princesas) desde un acercamiento en torno a los asuntos relativos al ser y su relación con su mundo interior o ir delineando una temática que tienda a crear vasos comunicantes al tiempo social de su país y por ende, del latinoamericano.
En esta oportunidad, La Hoz ha contado con el esfuerzo creativo y artístico del director y también dramaturgo, Jan Thomas Mora Rujano, quien al frente del Grupo JAVAR (Jóvenes Actores de Vargas) nos expone a un colectivo artístico que ha venido contando en su haber, con unos inocultables trece años de actividad (fundado en Mayo del 2000) y cuyas directrices que sostienen su accionar artístico ha estado fundamentado dentro del territorio de la: “formación, investigación, promoción y difusión del hecho teatral”. Han estado allí, efectuando una labor callada pero al mismo tiempo, perseverante la cual siento debe expuesta al lector porque son artistas preocupados porque la escena local y regional del país tenga otras voces distintos a los que configuran la perspectiva del denominado arte profesional consolidado.
Para un director / autor como Jan Thomas Mora, asumir desde el año 2010, con el estreno de la pieza de La Hoz, Cuando el día se nos viene mudo (2006) a otro creador latinoamericano poseedor de su propio talante y perspectiva de lo que desde su visual debe ser expresado al espectador de este siglo. Jan Thomas Mora sin egoísmos y de forma loable establece una comunicación y un vínculo entre visuales escénicas binacionales que siempre favorece la divulgación de países hermanos. También se plausible el hecho que para el director del grupo JAVAR haya sido positivo el haber depuesto temporalmente la prosecución de sus objetivos como autor/director y asumir el reto de escenificar a otro creador cuya obra merece contar con el encuentro de otros públicos.
La propuesta de escenificación que ofreció fue sintética como austera de efectismos; fue centrada en la labor del actor como eje para construir el universo de sus situaciones dramáticas: el encuentro de un dos jóvenes llamados Pablo y Sebastián que al pasar una noche, colocan entre ellos la evocación de una niñez que les ha unido en amistad sino los enredijos de sentimientos y una pasión acallada. Por ende, la dirección enfatiza más que componer una parafernalia que sobresaturase lo discursivo, prefirió darle hasta fuese la capacidad compositiva de estos histriones, buscar elementos de verdad orgánica para que los parlamentos tuviesen un asidero fluido como pleno de credibilidad. La planta de movimientos la armó conjugando tanto al inició como en el desarrollo de la trama con un hilo coreográfico a fin de generar poesía cierta poesía de las cosas que no se dicen pero que si se desean, anhelan o hace que adquiera significado esencial para su futuro devenir como seres que se sostienen en la realidad del ojo social.
Las actuaciones ofrecidas por Gabriel Sulbarán y Elmer E. Pinto sin muchas pretensiones lograron ser creíbles, bien sostenidas y con una capacidad de conocerse el uno en el otro. Francos, dispuestos y perceptivos lograron componer sus personajes de manera sustantiva y aferrándose dentro de lo que les era permitido, a sus fortalezas y debilidades técnicas pero siempre atentas a que sea el espectador quien les evalúe al final de la representación. Un trabajo sincero y comprometido.
Con la reposición de Cuando el día viene mudo en el Teatro Principal bajo la programación del Circuito Teatral de Caracas nos hace ver la energía y tesón de un grupo por estar en franca sintonía con el tiempo actual. Es una propuesta que, muy bien debe continuar en temporada.
@cehs1957
@avencrit
Creo que, a la fecha, la dramaturgia del escritor y director teatral peruano Diego La Hoz (Perú; Lima, 1971) o ha sido poco o nunca escenificada en las tablas caraqueñas. Autor contemporáneo, que persigue hurgar tras la concreción de sus obras teatrales (Paréntesis, Fe de ratas; Los funerales de Doña Arcadia o la pieza infantil, Un príncipe para tres princesas) desde un acercamiento en torno a los asuntos relativos al ser y su relación con su mundo interior o ir delineando una temática que tienda a crear vasos comunicantes al tiempo social de su país y por ende, del latinoamericano.
En esta oportunidad, La Hoz ha contado con el esfuerzo creativo y artístico del director y también dramaturgo, Jan Thomas Mora Rujano, quien al frente del Grupo JAVAR (Jóvenes Actores de Vargas) nos expone a un colectivo artístico que ha venido contando en su haber, con unos inocultables trece años de actividad (fundado en Mayo del 2000) y cuyas directrices que sostienen su accionar artístico ha estado fundamentado dentro del territorio de la: “formación, investigación, promoción y difusión del hecho teatral”. Han estado allí, efectuando una labor callada pero al mismo tiempo, perseverante la cual siento debe expuesta al lector porque son artistas preocupados porque la escena local y regional del país tenga otras voces distintos a los que configuran la perspectiva del denominado arte profesional consolidado.
Para un director / autor como Jan Thomas Mora, asumir desde el año 2010, con el estreno de la pieza de La Hoz, Cuando el día se nos viene mudo (2006) a otro creador latinoamericano poseedor de su propio talante y perspectiva de lo que desde su visual debe ser expresado al espectador de este siglo. Jan Thomas Mora sin egoísmos y de forma loable establece una comunicación y un vínculo entre visuales escénicas binacionales que siempre favorece la divulgación de países hermanos. También se plausible el hecho que para el director del grupo JAVAR haya sido positivo el haber depuesto temporalmente la prosecución de sus objetivos como autor/director y asumir el reto de escenificar a otro creador cuya obra merece contar con el encuentro de otros públicos.
La propuesta de escenificación que ofreció fue sintética como austera de efectismos; fue centrada en la labor del actor como eje para construir el universo de sus situaciones dramáticas: el encuentro de un dos jóvenes llamados Pablo y Sebastián que al pasar una noche, colocan entre ellos la evocación de una niñez que les ha unido en amistad sino los enredijos de sentimientos y una pasión acallada. Por ende, la dirección enfatiza más que componer una parafernalia que sobresaturase lo discursivo, prefirió darle hasta fuese la capacidad compositiva de estos histriones, buscar elementos de verdad orgánica para que los parlamentos tuviesen un asidero fluido como pleno de credibilidad. La planta de movimientos la armó conjugando tanto al inició como en el desarrollo de la trama con un hilo coreográfico a fin de generar poesía cierta poesía de las cosas que no se dicen pero que si se desean, anhelan o hace que adquiera significado esencial para su futuro devenir como seres que se sostienen en la realidad del ojo social.
Las actuaciones ofrecidas por Gabriel Sulbarán y Elmer E. Pinto sin muchas pretensiones lograron ser creíbles, bien sostenidas y con una capacidad de conocerse el uno en el otro. Francos, dispuestos y perceptivos lograron componer sus personajes de manera sustantiva y aferrándose dentro de lo que les era permitido, a sus fortalezas y debilidades técnicas pero siempre atentas a que sea el espectador quien les evalúe al final de la representación. Un trabajo sincero y comprometido.
Con la reposición de Cuando el día viene mudo en el Teatro Principal bajo la programación del Circuito Teatral de Caracas nos hace ver la energía y tesón de un grupo por estar en franca sintonía con el tiempo actual. Es una propuesta que, muy bien debe continuar en temporada.
Andy Ramírez y Abdón Villamizar
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| "Bingo" de Román Chalbaud prosigue en la escena venezolana |
@eamorenouribe
@avencrit
Los personajes teatrales son eternos en los escenarios. Y los seres humanos pueden aspirar a esa inmortalidad, atribuida a los dioses, cuando un escritor los materializa en sus obras. Eso lo enseñó Isaac Chocrón Serfati cuando apuntaló la fundación de la Escuela de Artes de la UCV, en 1978.
Román Chalbaud lo ha demostrado con Bingo y así rescató para la eternidad a un inmigrante venezolano. Y yo lo hice con otro trashumante criollo en El fantasma de Bonnie. Ellos realizaron en Nueva York sus ciclos vitales y ahora desde la escena predican sus luchas por la libertad y el amor.
Las fantásticas sagas de los habitantes neoyorquinos inspiraron a Chalbaud, en los años 80, y es desde el pasado 26 de abril que Bingo convoca a los caraqueños con el espectáculo creado por Costa Palamides. No pretende dar recetas para aprender a vivir. Plasma una ficción ambientada en un apartamento, durante un día invernal, y centrada en latinoamericanos, dispuestos a divertirse jugando al bingo y para ello contratan a un misterioso visitante: el venezolano Andy Ramírez (encarnado magistralmente por Ludwig Pineda).
Lo que ocurre deja sin aliento al público porque cada uno de esos seres, crea una densa atmosfera erótica, no solo visual y verbal, sino que suscitan interrogantes porque quieren conocer más y más de todos ellos, sobre sus orígenes y sus etapas anteriores. Chalbaud rompe lanzas y reitera, por intermedio de esos personajes como la andropausia y la menopausia no asesinan el instinto sexual, el cual es tan fuerte como el instinto de la sobrevivencia, y que todos ellos usan como elixir para una juventud momentánea y mantenerse activos.
Otra faceta de la pieza es el lenguaje utilizado: el cual va de lo agresivo a lo amoroso, porque todos ellos demandan afecto y ayuda para sobrevivir. Y no podía faltar una denuncia política: la miserable explotación a que es sometido el inmigrante, quien tiene que hacer de payaso para subsistir o recibir una cama o un pan como recompensa.
Este Bingo, que es una pieza cosmopolita, quizás la mejor obra que Chalbaud ha escrito, seguirá muchas semanas en cartelera.
Nosotros en la metrópolis neoyorquina, durante los 80, conocimos al tachirense dramaturgo y director teatral Abdón Villamizar, quien murió en la mañana del 27 de mayo de 2014, tras vivir ahí los últimos 52 años de su ruta existencial, pero no él pudo verse en el montaje de El fantasma de Bonnie, estrenado en 2011 por el director Dante Gil en la Sala Rajatabla y después mostrado en España y otros países con las actuaciones de Ulises Acosta y Henry Pantoja.Participo en el Primer Festival de Teatro de Caracas, organizado por Fundarte.
En la sala Rajatabla se materializó tal interesada amistad entre los solitarios seres quienes aceptan conocerse y probar si pueden compartir sus cargas existenciales hasta que el hastío o la vida los vuelva a desunir.
jueves, 19 de junio de 2014
El teatro también es rosa
Por Joaquín Lugo
@joaquinlugo
@avencrit
@joaquinlugo
@avencrit
En la Sala Experimental del
CELARG, se está celebrando por primera vez en Venezuela el Festival de Teatro
Rosa “Estamos aquí”. Este evento, organizado por Elvis Romero y Bruno Mateo,
tiene como intención reunir una muestra de montajes que abordan la temática de
la diversidad sexual para así reivindicar a la llamada comunidad LGBTI del
país. Además, incluye exposiciones, conferencias y lecturas dramatizadas.
El festival es algo novedoso en
un país profundamente machista y que ve la diversidad sexual con una carga de
prejuicios. Al diferente se le percibe mejor a través de los chistes que solo
reflejan un estereotipo. Para muestra, están las expresiones homofóbicas de
varios representantes del gobierno nacional y que han recibido el rechazo de
una serie de organizaciones.
Dentro de la muestra, tuve la
oportunidad de apreciar el monólogo: Un
hombre, cuatro estaciones, dramaturgia y actuación del cubano Luis Carlos
Boffill y dirección de José Manuel Peña, quien falleció antes del estreno de la
primera temporada de la pieza.
Ernesto relata la historia de
Miguel Ruiz, homosexual, que se crio desde muy pequeño a su lado en La Habana.
Miguel tuvo que transitar una vida de desprecio, humillación y frustraciones
debido a su sexualidad, sin embargo esta condición no evitó que Ernesto se
hiciera su amigo y lo comprendiera desde su heterosexualidad y desde el ideal
machista presente en la mayoría de las sociedades latinoamericanas. Con este
argumento, Boffill crea un texto que mantiene la estructura clásica del
monólogo. La pieza es una confesión de Ernesto a los espectadores mientras
relata la vida de Miguel.
La puesta en escena creada por
Peña es sencilla pero precisa. Se concentra en la historia que se cuenta con la
recreación de algunas situaciones para dar mayor fuerza al drama. Los elementos
escenográficos son los mínimos, aunque un mueble es el mayor punto de
concentración. La trama se desarrolla con buen ritmo e intensidad. El público
es conducido por las vidas de Ernesto y de Miguel dejando a cada uno la
capacidad de juzgar e interpretar los sucesos. El único aspecto discordante es
la iluminación que no abarcaba todos los espacios del escenario y no cubría el
mueble cuando éste se iluminaba directamente. A veces, la premura de un
festival, que exige el montaje y desmontaje de cada espectáculo, conlleva a
estos fallos.
Sin embargo, la actuación de
Boffill llena el escenario con veracidad e intensidad. Cada situación relatada
es vivida sobre la escena con cuerpo y voz.
Queda de nuestra parte seguir
viviendo con prejuicios o respetar y comprender al otro en sus diferencias e
ideas.
Bohemios y compadres
Por Joaquín Lugo
@joaquinlugo
@avencrit
@joaquinlugo
@avencrit
El Espacio Plural del Trasnocho
Cultural posee una oferta atractiva. En el horario vespertino, Encuadre Teatral
y NM Producciones presentan Postales de
bohemia, producción general de Norma Monasterios, dramaturgia y dirección
de Katty Rubesz.
Seis personajes icónicos de la
bohemia latinoamericana del siglo XX coinciden en una plaza. Pita Amor, poetisa
mexicana, Ana Jacinta Crespo “Ninón”, primera humorista gráfica de Venezuela,
Francisco Delfín Pacheco, pionero de la música cañonera, y Rafael Michelena
Fortoul “Chicarrita, poeta gastronómico larense, son reunidos por Conny Méndez,
artista venezolana, polifacética y creyente de la metafísica cristiana. Con
este grupo de personalidades, Rubesz crea una serie de escenas que sirven para
descifrar sus virtudes y defectos. Comedia, amor y, sobre todo, música ocurren
en el escenario para mostrarnos una parte de lo que somos como continente y
como país.
El trabajo actoral con apoyo del
canto están bien logrado. Marisol Matheus como Pita, Norma Monasterios como
Conny, Claudia Nieto como Ninón, Jesús Hernández como Chicharrita y Jean Manuel
Pérez como Francisco capturan la esencia de cada rol, acompañados cabalmente
por Mery Rosales como Ruperta. Una iluminación precisa para marcar los cambios,
un vestuario que maneja apropiadamente el símbolo de cada carácter y la
encomiable dirección musical de Rafael Pérez Muñoz complementan esta propuesta
que permite minarnos con esperanza frente a la crisis que vivimos.
En el horario nocturno, Jota
creativa presenta Compadres, texto de
Javier Vidal, producción de Samuel Hurtado y dirección de Julie Restifo. La
pieza muestra la relación entre Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez desde el
movimiento de Aclamación del primero cuando vuelve a la presidencia de
Venezuela y la traición del segundo cuando asume el poder aprovechando que
Castro está de viaje en el exterior. La relación entre los “compadres” es el
eje central del texto para mostrar una Venezuela dominada por las ansias
personales, el egocentrismo y la ignorancia.
Una ambientación correcta en el
estilo de la época, acompañada de un diseño de vestuario excepcional, forman
parte de una puesta en escena bien conducida. Las actuaciones de Juan Carlos
Gardié como Castro y Antonio Delli como Gómez son veraces en el manejo corporal
y el matiz vocal de los “gochos”, secundados por la labor cabal de Jan Vidal
como Eleazar López Contreras y Laura Gardié como la “Ninfa”.
Las situaciones del montaje se me
hacen muy parecidas a la actualidad. El país no ha cambiado o los venezolanos
tropezamos siempre con la misma piedra. Para pensar.
lunes, 9 de junio de 2014
A la valenciana
Por Carlos Herrera
@cehs1957
@avencrit
En concordancia con uno de los lineamientos que determinan la actual programación del CELARG sustentado en la posibilidad que: “La diversidad”, entendida como oda a las minorías que conforman la sociedad en la que vivimos. Puede comprender a distintos sectores de la sociedad en cuanto a temática y a protagonismo, tales como personas en situación de discapacidad (motora, visual, intelectual), afrovenezolanidad, feminismo frente a machismo, sexodiversidad, tercera edad, infancia abandonada, razas, credos, culturas, continentes, entre otros”.
Con ello se permite una serie de miradas en torno a cómo “valorar y considerar sin tabúes, como “la diversidad ha impactado en el siglo XXI” y está siendo capaz de provocar “una sociedad de inclusión, más amplia, más equitativa”. Así dentro del bimestre junio / julio del 2014 se está verificando como un nutrido grupo de colectivos provenientes tanto de la región capital como de las capitales de estado y con luz verde para exhibirse sin restricciones dentro deI I Festival de Teatro Rosa que organizó el CELARG
En sí, son variadas las agrupaciones que, a través de sus esfuerzos artísticos, estéticos y conceptuales han venido ofreciendo al público, miradas, tramas, asuntos, situaciones y conflictos que atañen al universo de la diversidad sexual, en especial, a los que toca la temática sexo diversa con el firme propósito de hacer valer “una manera de reivindicación de los derechos de la comunidad LGBTI del país” dentro del actual tiempo de cambio que experimenta la sociedad venezolana del s. XXI.
Uno de estos grupos que logré cotejar fue a Ceniza Teatro proveniente de la ciudad de Valencia (Edo. Carabobo); colectivo que manifiesta haber surgido alrededor del año 2010 “como respuesta a un trabajo académico que después toma fuerza para aventurarse dentro de la movida teatral carabobeña” busca articularse dentro de la necesidad de ofrecer mecanismos que brinden con sus trabajos una alternativa al espectador de su región. Su propuesta escénica presentada en el marco del Festival Rosa fue intitulada A la valenciana la cual fue expuesta por medio de las actuaciones de una joven plantilla actoral conformada por Yudith Curpa, Ángel Figueroa, Leonor Luque, Camille Sevilla, Jinely Alvarado, Andry Robles, Jogreher Vargas y Yean Luis Castillo bajo la actuación , dirección y adaptación efectuada por Jogreher Vargas del texto original escrito Steve Galucci buscando hacerla pertinente a lo que puede ser parte de la realidad del contexto socio moral que aún subyace como valores y conductas familiares de la región centro occidental del país.
El asunto de la verdad que debe afrontar un joven homosexual al tratar de salir del closet y asumirse con plenitud de derechos sociales e individuales ante la cerrada ortodoxia de una sociedad dominada por desvencijadas perspectivas morales sobre el tema sexual, tiene aun cosas que decirnos sobre nuestras heterogéneas maneras de ver al ser con tendencias sexuales distintas a lo que la “mayoría social” cree que es. Pieza denuncia, propuesta que trabajada dentro de los límites de una fórmula de grupo emergente con ganas de exhibir tenor de calidad tanto en lo expositivo de la producción como en el esfuerzo histriónico, tratan de hacer lo suyo en estos espinosos asuntos temáticos.
A la Valenciana fue pues, un trabajo sincero, que tenía sus problemas en cuanto a la capacidad de su plantilla histriónica de ser uniforme en ritmo, intención, fuerza compositiva y manejo técnico de lo que debe ser la verdad de cada personaje; sin embargo, en ellos, hay ganas y una imperiosa necesidad de constituir con este trabajo escénico, un elemento significativo de comunicación con el público y de ahí, les valoro. La dirección deberá ser más asertiva en seguir trabajando la cohesión interna de este proyecto porque el tema asumido tiene plena vigencia para lo que es la cosmovisión moralista de una sociedad como la carabobeña. Creo que sin entrar en detalles más minuciosos sobre que faltó o que se quedó en el camino esta agrupación empieza a transitar Ceniza Teatro deberá seguírsele y apoyársele para que sigan reforzando la dinámica teatral de las regiones.
@cehs1957
@avencrit
En concordancia con uno de los lineamientos que determinan la actual programación del CELARG sustentado en la posibilidad que: “La diversidad”, entendida como oda a las minorías que conforman la sociedad en la que vivimos. Puede comprender a distintos sectores de la sociedad en cuanto a temática y a protagonismo, tales como personas en situación de discapacidad (motora, visual, intelectual), afrovenezolanidad, feminismo frente a machismo, sexodiversidad, tercera edad, infancia abandonada, razas, credos, culturas, continentes, entre otros”.
Con ello se permite una serie de miradas en torno a cómo “valorar y considerar sin tabúes, como “la diversidad ha impactado en el siglo XXI” y está siendo capaz de provocar “una sociedad de inclusión, más amplia, más equitativa”. Así dentro del bimestre junio / julio del 2014 se está verificando como un nutrido grupo de colectivos provenientes tanto de la región capital como de las capitales de estado y con luz verde para exhibirse sin restricciones dentro deI I Festival de Teatro Rosa que organizó el CELARG
En sí, son variadas las agrupaciones que, a través de sus esfuerzos artísticos, estéticos y conceptuales han venido ofreciendo al público, miradas, tramas, asuntos, situaciones y conflictos que atañen al universo de la diversidad sexual, en especial, a los que toca la temática sexo diversa con el firme propósito de hacer valer “una manera de reivindicación de los derechos de la comunidad LGBTI del país” dentro del actual tiempo de cambio que experimenta la sociedad venezolana del s. XXI.
Uno de estos grupos que logré cotejar fue a Ceniza Teatro proveniente de la ciudad de Valencia (Edo. Carabobo); colectivo que manifiesta haber surgido alrededor del año 2010 “como respuesta a un trabajo académico que después toma fuerza para aventurarse dentro de la movida teatral carabobeña” busca articularse dentro de la necesidad de ofrecer mecanismos que brinden con sus trabajos una alternativa al espectador de su región. Su propuesta escénica presentada en el marco del Festival Rosa fue intitulada A la valenciana la cual fue expuesta por medio de las actuaciones de una joven plantilla actoral conformada por Yudith Curpa, Ángel Figueroa, Leonor Luque, Camille Sevilla, Jinely Alvarado, Andry Robles, Jogreher Vargas y Yean Luis Castillo bajo la actuación , dirección y adaptación efectuada por Jogreher Vargas del texto original escrito Steve Galucci buscando hacerla pertinente a lo que puede ser parte de la realidad del contexto socio moral que aún subyace como valores y conductas familiares de la región centro occidental del país.
El asunto de la verdad que debe afrontar un joven homosexual al tratar de salir del closet y asumirse con plenitud de derechos sociales e individuales ante la cerrada ortodoxia de una sociedad dominada por desvencijadas perspectivas morales sobre el tema sexual, tiene aun cosas que decirnos sobre nuestras heterogéneas maneras de ver al ser con tendencias sexuales distintas a lo que la “mayoría social” cree que es. Pieza denuncia, propuesta que trabajada dentro de los límites de una fórmula de grupo emergente con ganas de exhibir tenor de calidad tanto en lo expositivo de la producción como en el esfuerzo histriónico, tratan de hacer lo suyo en estos espinosos asuntos temáticos.
A la Valenciana fue pues, un trabajo sincero, que tenía sus problemas en cuanto a la capacidad de su plantilla histriónica de ser uniforme en ritmo, intención, fuerza compositiva y manejo técnico de lo que debe ser la verdad de cada personaje; sin embargo, en ellos, hay ganas y una imperiosa necesidad de constituir con este trabajo escénico, un elemento significativo de comunicación con el público y de ahí, les valoro. La dirección deberá ser más asertiva en seguir trabajando la cohesión interna de este proyecto porque el tema asumido tiene plena vigencia para lo que es la cosmovisión moralista de una sociedad como la carabobeña. Creo que sin entrar en detalles más minuciosos sobre que faltó o que se quedó en el camino esta agrupación empieza a transitar Ceniza Teatro deberá seguírsele y apoyársele para que sigan reforzando la dinámica teatral de las regiones.
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