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domingo, 20 de abril de 2014

LECTURAS DEL FTC-2014 (2)



Por Carlos Herrera
@cehs1957
@avencrit

Ya el Festival de Teatro de Caracas 2014 ha sumado once días. Son más de 26 salas y espacios públicos tomados y un amplio espectro de obras que, por más que se deseen verlas, exige al espectador haber armado una selección preliminar so pena de verse abrumado por tantas y tantas buenas opciones.

 Como espectador he tenido la suerte de constatar atractivos montajes así como producciones que bien hubiesen sido programadas bajo una categoría de off festival. Lo primero que hay que apuntar es que la vitrina debería tener una curaduría, es decir, separar las propuestas que no tengan un nivel de calidad artística de las que si la poseen. Esto ayudaría mucho a la hora de saber que un festival abre su compás pero su programación decide qué clase de trabajos escénicos le fortalecen o no. Segundo, los grupos jóvenes con menos de 5 años de trayectoria, las propuestas que son producto de talleres montaje o de egreso de universidades o talleres, deberían tener un espacio en particular así se evita mezclar lo profesional de lo que irrumpe sin los elementos mínimos que el público debe cotejar. Tercero, la planificación de los horarios debe suponer un tiempo de duración de cada montaje a fin que el público si decide ver dos o más obras en una jornada, pueda contar no solo con el tiempo de espectar tranquilo el trabajo artístico sino posibilitar lo que supone el traslado a otra sala. Cuarto, la programación infantil debe tener dos o tres salas fijas y horarios especiales; esto aparte del eje creado en la zona del Parque Los Caobos que, desde todo punto de vista, fue muy asertivo para sumar distintas visuales y una dinámica fluida.

Primera lectura. La Tía Chucha. Producida por Vaya al Teatro, la excelente actriz y comediante, Tania Sarabia fue un suceso en el Teatro Principal. Bajo la dirección de Vladimir Vera, se edificó un exultante monólogo donde el tema de la vejez estaba en su centro polar. Con esa espontaneidad que la ha caracterizado por años en las tablas venezolanas, con su soltura y desparpajo histriónico colocó frases, silencios, posturas, insinuaciones y acciones para dibujar un recorrido de una forma de asumir las cosas de la vida, que hizo que hubiese una inmediata sintonía con la platea. Hace tiempo que no veía a Tania que no fuese Tania. Esta vez, agarró el mango del personaje y se sumergió dentro de él y fue, sencillamente, delicioso.

Segunda lectura. Dos amores y un bicho. Del dramaturgo Gustavo Ott, esta obra fue escenificada en la Sala “Anna Julia Rojas” bajo la inteligente puesta de Consuelo Trum para el grupo Repico. Un tema contundente que hala sobre la intolerancia, el odio cotidiano y el absurdo de la incomprensión violenta en estos tiempos, un argumento fragmentado pero que colocó al espectador ahí, atento y tenso, con los ojos fijos en sentido de significación logrado por la síntesis de la plantilla histriónica conformada por Adolfo Nittoli, Milling Cabello y Karolains Rodríguez cuya imbricación la califico de efectiva, en espacio nada desaprovechado, el empleo diestro de lo lumínico y los efectos visuales para armar un lenguaje de significación complementaria hizo que este trabajo fuese una de las mejores opciones del FIT-2014.

Tercera lectura. Fresa y Chocolate. Propuesta exhibida en el Teatro Principal a casa llena por el Grupo Actoral 80 y sabia dirección de Héctor Manrique para el texto de Senel Paz, hizo que la historia del joven comunista y el abierto homosexual fuese un canto a la capacidad de la tolerancia y la amistad en tiempos de opresión. Dos actuaciones muy firmes las dadas tanto por Daniel Rodríguez, Juan Vicente Pérez y Wahid Hadaya para construir un argumento, una situación y un momento de dramatismo que hizo que toda el teatro vibrará sin posturas, sin falsedades y con claro reconocimiento a un hecho artístico de peso. Magnífico espectáculo que habló de forma transparente de cómo desde la escena se puede decir cosas al país nacional sin que unos u otros, sientan que lo ideológico les separa. Para eso está el teatro con su propia verdad y esta debe tejer entre el espectador y el espectáculo una conexión reflexiva a tono con el tiempo que el país vive.

domingo, 13 de abril de 2014

Dos amores intentan amar a un bicho

Sin duda alguna Gustavo Ott se ha convertido en nuestro más aventajado  dramaturgo-cronista. Como ya nos tiene acostumbrados toma las anécdotas de los sucesos de la realidad, reflejados en la prensa y los convierte en poesía teatral, para hablarnos de nosotros. El Grupo REPICO, liderado por Consuelo Trum llevó a escena, en la sala Anna Julia Rojas de Unearte, en el marco de este tercer festival, su obra teatral Dos amores y un bicho, escrita a comienzos de los dos mil y en donde el autor realiza un contundente y hermoso tratado acerca de la homofobia.
Un hombre ha asesinado a su perro ya que el can tenía prácticas homosexuales con otro perro, luego de quince años de ocurrido el suceso, éste vuelve a relucir en una visita que padre y madre hacen a su hija en el zoológico de la ciudad donde la misma trabaja. Y comienza a desencadenar todo tipo de conflictos, verdades y razones, que llevarán al límite a los personajes.
Esa es la anécdota que Gusta Ott nos cuenta en una obra con una dificultad mayor al ser escenificada, pues  hay mucho de información necesaria, de “echar el cuento” de lo que les sucedió en el pasado a estos personajes. Este recurso se hace más complejo a la hora de resolverlo en escena, pues el teatro es acción, los personajes hacen, no narran lo que hacen y Consuelo Trum, hábilmente, logra resolver  en una puesta en escena minimalista el hacer y decir de los personajes.
Karolins Rodríguez (Madre); Adolfo Nittoli (Padre) y Miling Cabello (Hija) son los protagonistas de este drama de humor negro en donde nos enfrentamos a los lados más oscuros del ser humano y ver hasta dónde son capaces de llegar cuando la intolerancia maneja sus vidas. Rodríguez como la madre, estructura un carácter contenido, que poco a poco se va desmoronando hasta lograr estallar y repeler al monstruo que tiene al lado como esposo; su ejecución es limpia y sobria con contundencia en el decir. Nittoli dibuja un padre aterrador, que justifica sus conductas bajo ataques de pánico y resulta siendo un peligro, un asesino, su performance, logra hacer que podamos detestar al personaje, es el objetivo. Por su parte Miling Cabello, da rienda suelta a su talento innegable y construye una hija que en buscas de respuestas se confronta consigo misma, logrando conmover al espectador.

En definitiva una sobria y cuidada puesta en escena, que demuestra la veteranía de Consuelo Trum como una de nuestras mejores directoras actuales, al igual que una estética de iluminación impecable de Lina Olmos, que marca la atmósfera del drama, aunado a unas aplomadas y bien resueltas interpretaciones, hacen de Dos amores y un bicho de REPICO una extraordinaria muestra de nuestro teatro venezolano con calidad de exportación. 
@rosasla