jueves, 10 de marzo de 2016

Oswaldo Maccio ganó Premio Marco Antonio Ettedgui 2015

Oswaldo Maccio
Nosotros, Francis Rueda, Edgard Antonio Moreno Uribe, Luis Parada, Douglas Palumbo y Joaquín Lugo, jurado designado por la Junta Directiva de la Fundación Rajatabla, para conceder la Décima Octava edición del Premio Marco Antonio Ettedgui ,correspondiente a la temporada 2015, galardón que busca reconocer, distinguir y estimular la actividad de los jóvenes creadores de la escena nacional en su búsqueda de nuevas alternativas creativas para el teatro Venezolano, hemos considerado nominar a este premio a: Aitor Aguirre, Josbel Caraballo, Héctor Castro, Jennifer Gasparini, Abel García, Valentina Garrido, John González Vicent, Oswaldo Maccio, Shakti Maal, Graziella Mazzone, Andreína Mesa, Jan Thomás Mora, Aronix Morales, Jennifer Morales, Ysabel Nieto, Adolfo Nittoli, Theylor Plaza, Jorge Souky, José Manuel Suárez y Jan Vidal.
 Después de intensa deliberación se acordó, como primera decisión otorgar un premio Marco Antonio Ettedgui de Honor a:

 COSTA PALAMIDES con una carrera de más de 30 años Costa es formador de nuevas generaciones tanto en Unearte como en la Juana Sujo. Ha hecho el teatro su forma de vida según comenta en una entrevista a que dio a Edgar Moreno Uribe. Este director emerge del 1er Festival de nuevos directores creado por Carlos Giménez en el año 1986 con El Desatino de Griselda Gambaro, y luego ya es una larga historia de grandes éxitos teatrales y muchos reconocimientos. Fue Regidor de la Compañía Nacional de Teatro asistió en la dirección a Ugo Ulive (Acto Cultural de Cabrujas y Panorama desde el puentede Miller), José Ignacio Cabrujas (Lo que dejó la tempestad de Rengifo), Enrique León (Caín adolescente de Chalbaud), Carlos Giménez (La tempestadde Shakespeare) y José Simón Escalona (Sainetes Venezolanos de Guinand y Martínez). Luego de El Desatino vinieron Los enredos de una casa de Sor Juana Inés de la Cruz, Entre Pancho Villa y una mujer desnuda de Sabina Berman, El ángel de la culpa de Marco Antonio de la Parra, Jardín de Pulposde Arístides Vargas Trópico del Crimen de Abelardo Estornino, Una vez más por favor de Michel Tremble, Penitentes de Elio Palencia y Bingo de Román Chalbaud. También ha dirigido varios de los más importantes grupos: Taller Experimental de Teatro (Tierra Santa  de Elio Palencia), Rajatabla (Mi reino por un sueño  de José Antonio Barrios), Escena de Caracas (Topografía de un desnudo de Jorge Díaz y La Casa Nueva de Goldoni), Teatro San Martín (Proyecto Padre III  y Proyecto Madre de varios autores hispanoamericanos y La momia en el closet  de Gustavo Ott), Arte  (Las Mujeres Sabias  de Moliere), Hebu Teatro (La noche de las tríadas  de Per Olor).

Reconocer a este gran hombre de teatro nos llena de Orgullo y que ¡Viva el teatro!
En segundo lugar concedemos cinco menciones especiales entre los nominados de este año a
JOSÉ MANUEL SÚAREZ por una brillante carrera teatral que se pasea por la comedia o el drama: Dirige, escribe y actúa. Este año su participación como actor en La Calva Diva, fue autor y dirigió para micro teatro Dime que sí yQuizás, En drama estelarizó Estado de sitio, y terminó el año, dirigiendo y actuando en Relatos Borrachos. Esto lo hace merecedor de esta distinción
ADOLFO NITTOLI distinguimos a este gran actor que en su dilatada carrera nos ha dado memorables actuaciones, es un “enorme” ser humano y uno de los actores más buscado por todos los productores. Este año destacó en El Feo, fue coprotagonista de La Opera de 3 Centavos y su participación en el Microteatro con Su mundo al Revés

VALENTINA GARRIDO es una estrella en ascenso cada personaje un reto cumplido, su presencia, su vitalidad en escena, su saber decir nos enamora, este año recordaremos su Adela en La casa de Bernarda Alba, y sus grandes actuaciones en El Año de Ricardo, un trabajo de gran envergadura y el estupendo monólogo De que habló cuando hablo de ellas.

THEYLOR PLAZA un artista con carrera meteórica, y es así, por su gran ímpetu en el escenario, es un actor que hace que cada montaje crezca con su sola aparición, sus retos son gigantes y todos sale con un sobresaliente. La obra Carne, nos hizo volver la mirada hacia este actor, y luego nos sorprende con su actuación en Saderman y Las preciosas ridículas, (dos visiones, dos aciertos) y para terminar el año, la explosiva actuación que fue Yo Federico. Un estupendo año para un gran actor

JAN VIDAL RESTIFO es una persona que se ha alimentado del teatro desde siempre, y cada día demuestra todo lo que es, ha logrado hacerse un nombre por méritos propios. Es un director que se arriesga y un estupendo actor.  Este año su Calva Diva tuvo una gran temporada y como actor tanto en Compadrescomo en La Punta del Iceberg nos dan galas de su buen hacer

Para concluir el jurado en consideración de las bases del premio acordamos otorgar el Premio Marco Antonio Ettedgui 2015 a OSWALDO MACCIO una labor impecable en el mundo teatral, dirige, escribe, actúa, produce, y lo hace desde hace tiempo y todo con mucha calidad, su labor está muy muy ligada en el Grupo La Bacante.  Recordamos su impecable texto de El niño y la luna juegan un juego que nadie ve, la magistral El día que cambió el Señor Odioobra que siempre ve temporada porque el público así lo reclama.En su haber tiene una joya Varieté Socialista o Su más reciente creación Stand up tragedy. No es raro verlo en el escenario actuado no sólo con su grupo sino como invitado por tantos otros.  Piel MercurioEl niño y la lunaYocasta, y también cantando en Asia y el lejano Oriente etc. Su presencia es cada vez más y más requerida, en los escenarios de Caracas, este año dirigió una obra de gran éxito con un nombre imposible: Aunque nos vayamos no nos podemos ir de Lupe Gehrenbeck. Por toda una trayectoria que esperamos que sólo sea el comienzo, le vale su premio Marco Antonio Ettedgui.

En la ciudad de Caracas a los 9 días del mes de marzo   de dos mil dieciséis.
Williams López Presidente Fundación Rajatabla. Francis Rueda,  actriz; Edgar Moreno Uribe,  crítico teatral; Joaquín Lugo, crítico teatral; Luis Parada, médico y comunicador social; Douglas Palumbo,  empresario y promotor teatral.

domingo, 6 de marzo de 2016

El largo camino al Edén no siempre ha sido fácil

Por Carlos Herrera.
@cehs1957
@avencrit

Es siempre saludable constatar que las obras de nuestros grandes autores puede resultar un atractivo gancho para estimular la creatividad y el fogueo de los jóvenes creadores tanto en el terreno de la dirección como de la actuación. El asumir textos donde las tramas, los argumentos, las situaciones, los personajes parten de lo que ha sido o es nuestra realidad, es medularmente, esa obligada correlación para comprendernos cada día más en lo que somos como sociedad, pueblo y nación.

Muchas veces, por alguna tratar de jugar al riesgo creador o por tratar de experimentar con discursos dramáticos foráneos que, el joven creador recién formado en los distintos centros de formación que van de de talleres, escuelas o universidades no logran aprehender que, más allá de sus ansias por desvelar algo de agua tibia a lo que apenas maneja su instrumental teórico práctico dentro del proceso de armar una puesta en escena que sepa decirle al público, "¡Mírenme, este soy yo!, He aquí mi trabajo como creador!" pues la más de las veces, no haya esa sinapsis con la idiosincrasia de lo histórico social, lo conceptual estético y menos aún, lo solidez de lo artístico. Buscan a como dé lugar, agitar las aguas; sin embargo, las salpicaduras, solo lo que logran es mojar el piso y sin caer en cuenta, que al caminar, pueden hasta resbalarse.

Claro, es la necesidad de expresarse. Es la urgencia de hacerse notar. Es buscar lograr un nicho para empezar a calar en el reconocimiento del público y del medio teatral donde esperan hacer vida. Pero, no todos osan irse a la carrera. Hay jóvenes creadores en el campo de la dirección que saben pensar y son cuidadosos en la elección del camino a seguir. Sus procesos no están bajo presión.

Saben buscar con calma; comprenden que, hay que investigar y de ahí, constituir ciertos proyectos teatrales que, más que proyectarlos como individualidades, sean más bien un acto puente de comunicación con el espectador de su tiempo para lo cual, escoger a un autor, seleccionar una obra y concebir todos los elementos que articulen con seriedad y compromiso artístico el logro de un trabajo, es más que el fin, sino el objetivo.

Uno de esos jóvenes y grupos que hemos visto surgir, ha sido a Jhonny Romero y el colectivo, Dionisiacas Producciones (creado en 20

12) quienes se presentaron en la Sala "Horacio Petersón" de la Unearte con la propuesta El largo camino del Edén (monólogo escrito en 1970) por José Gabriel Núñez (1937).

Trabajo escénico compacto, que evitó solazarse en un efectismo gratuito y supo aprehender con eficacia – desde la sólida actuación de la actriz María Alejandra Téllis cuyo registro compositivo fue orgánico y verosímil – la compactación espacial, el bien tono dramático y la potencia del drama hacia la platea, logró un loable efecto magneto. Producción austera pero que dejo tras de sí, ganas, tesón y la verdad que se hace necesario re leer a nuestros autores. En este sentido, tras del elenco, estuvo ese aquilatado aporte de Dennys Alexander Ledezma para consolidar un todo compacto y dentro de los límites que sus recursos manejaron. Jhonny Romero apostó y lo logró con el enérgico retorno del público. ¡Les felicito!

domingo, 28 de febrero de 2016

Amores para este siglo XXI

La ambiguedad es la pauta
Por Edgar Moreno Uribe
@eamorenouribe
@avencrit



Revise las definiciones que tenía sobre el amor, basándose en la teoría y en la práctica. Despójese  de todos los prejuicios de género que le hayan inculcado y asista así a una divertida representación de la comedia musical  Los amantes inconstantes, ambiciosa creación de Fernando Azpúrua a partir del texto La doble constancia (1723) de Pierre de Marivaux (Paris, 1688/1763), que presenta el Trasnocho Cultural,dentro de su evento Segundo Festival de Nuevos Directores.Estamos seguro que actualizará sus conocimientos amatorios o le quedará la espina de la duda.

 Azpúrua metió mano a la historia de tres mujeres y  tres varones que hacen un juego romántico para no aburrirse en un palacio de la Francia del siglo XVIII y los lleva a una especie de cabaret con fantástica pasarela, del siglo XXI, donde seis hombres (las damas cambian sus sexos, porque así lo quiso el versionista-director ) tratan de demostrar que el  amor es una fantasía que los humanos se inventan  para distraerse en  sus vidas, con lo cual pretenden demostrarse que ese sentimiento es una necedad y que no se debe tomar nunca en serio, porque los amados son caprichosos y, además, peligrosamente inconstantes.

Así se enseña como el poder y el dinero conspiran contra el amor tradicional, donde el sexo es otra moneda de cambio, y todo se limita a una ceremonia de 90 minutos donde sus ambiguos personajes -felizmente encarnados por  Oswaldo Maccio, Carlos Díaz, Javier Figuera, Juan Bautista, David Colmenares y Saúl Mendoza- salen todos del mismo hueco y exponen, con desparpajo sus inseguridades y sus inconstancias junto a sus nunca satisfechos deseos. Y para que todo se tomen en fiesta, o en broma, el ritmo y los cuadros son musicales, donde se interpretan temas como Hotel Californiao Angie de Los Rolling Stones.

El director Azpúrua (está por los 25 años, no más) quiso hacer así este desopilante espectáculo y dedicárselo la comunidad LGTBI y al público heterosexual para que con sus respectivos y cuidadosos códigos culturales hicieran las consabidas comparaciones y sacaran conclusiones sobre la falsedad que está presente en las relaciones amorosas, siempre.

Véala este fin de semana, porque después no se sabe si podrá, y emita su opinión. Lo único que advierto es que ha nacido un director de teatro para este siglo, un director, que, como lo pedía Carlos Giménez,  no es un director de tránsito, sino un autor escénico, como debe serlo todo aquel que pretenda ser creativo, es un director de la talla de Orlando Arocha…pero más joven y en crecimiento.Es la ley de vida y ojala haya más en esta Tierra de Gracia,tan necesitada de creadores.

viernes, 19 de febrero de 2016

A veces estamos a un átomo de distancia de la vida

Gustavo Ott
Por Carlos Herrera.
@cehs1957
@avencrit

Una vez más Gustavo Ott (Caracas, 1963), se nos confirma como uno de los dramaturgos más arriesgados del país. Se acerca de nuevo con su particular agudeza dramática para crear de nuevo esa sintonía con el público de la capital. Con la escenificación de su obra A un átomo de distancia (2011), ganadora del VII Premio de Textos Teatrales Fatex 2012, España; regresa a la fórmula del thriller
como parte de su intención de construir una trama donde un crimen de una niña, hace borbotear un cerrado universo cuyas fronteras son las incertidumbres, los rastros y una ansiosa búsqueda de la verdad. Esta se escabulle hacia el subconsciente creando una magnética incertidumbre en quien trata de vislumbrar los extraños resortes que se articulan tras ese suceso.

Escenificada por el Teatro San Martín de Caracas bajo la dirección de Rubén LeónA un átomo de distancia ratifica una vez más lo que hace años, Rodolfo Santana decía sobre Ott, “conoce las mecánicas del drama, sus profundos y delicados engranajes”. 

Es ese autor necesario para este siglo XXI porque no deja de asombrar por evitar apegarse a los supuestos que estructuran un argumento, se sacude los rigores de las convenciones y sabe hilar aspectos poco usuales de la vida. Esto último, es notable, porque más allá del suspense macabro, Ott adicionó en la urdimbre argumental, elementos que van de la física cuántica a la poesía, del planteamiento de universos paralelos a la incidencia de las matemáticas invertidas a fin a que cada personaje, cada situación, cada evento dramático, brillase en esa singularidad de lo cotidiano aunque estuviese marcado por su suceso trágico. 

La puesta dada por Rubén León encara la resolución de puesta a la italiana el empleo de lo circular para los elementos del mobiliario de esa piñatería, donde los personajes Teresa, Luís y Valentina, parece gravitar bajo la influencias de circulares del déjà vú y creando ante el espectador, que la percepción de espacio / tiempo tiene que ser circular, como si buscase crear las resonancias de esos universos paralelos donde la sospecha, será, los goznes de unión. Quizás la mayor debilidad de León como director radicó en no saber darle más unicidad al ritmo entre las distintas escenas y no saberle exigir tanto a María Brito que ella como gran actriz buscase no gritar tanto el texto y a Susana López, trabajarla más en profundidad para evitar que su papel fuese monocorde, casi plano en matices y a veces, descolocado en su función significante ante el resto. 

Daré un soberbio reconocimiento al trabajo histriónico ofrecido por David Villegasquien fue un actor potente en sus recursos, sobrio en los tiempos y perspicaz en esa capacidad de jugar con cada parlamento. Su solo monologal fue regio, orgánico y sincero. De esta terna actoral, Villegas se lució como ese histrión que es un verdadero monstruo cuando se le saca de la jaula de las convenciones. 

Mi aplauso en término global a esta producción que sumó los aportes de Alfonso Ramírez (musicalización), René Dal Farra (Iluminación) y de dúo Alberto Pacheco /Ángel Pájaro (escenografía / realización). A un átomo de distancia es lo que nos separa la certidumbre del asombro. 

sábado, 13 de febrero de 2016

Vida y muerte de Peter Pan

A Luis Domingo González en una fantástica performance.
Por Edgar Moreno Uribe
@eamorenouribe
@avencrit

La agrupación Rajatabla (1971) tras la muerte de su fundador Carlos Gimenez (1993) es una nao sin brújula estética progresista y acorde para el siglo XXI. Sigue sin naufragar porque dos directivos la han mantenido a flote: el actor Francisco Alfaro se sacrificó para que funcionara dignamente y actualmente el productor William López  hace malabarismos ya que no quiere cerrar.
Pero la institución no termina de recuperarse artísticamente y lo más reciente ha sido traer de Madrid al venezolano  Rennier Piñero (36), quien tiene una carrera decorosa en los escenarios hispanos, para que montara el espectáculoPan y los nadie, angustioso monólogo, de 75 minutos, del actor Luis Domingo González, con los plausibles apoyos escénicos de Sandra Moncada, Adriana Bustamante y Jennifer Morales. Es una coproducción con el Colectivo Fisión Escénica (constituido en Madrid en 2002), cuya tarea dramatúrgica resolvió Silvia Herreros Tejada
Pan y los nadie es una versión del cuento de Peter Pan, mito  creado por James Matthew Barrie, reencarnado en un malandro venezolano, quien envejece y ahora es el sepulturero-forense de un cementerio del año 2045. Nos gusta el planteamiento de su literatura dramática y hasta la solución escénica para tan vitriólico texto, lograda asombrosamente por el comediante González, pero al espectáculo le sobran por lo menos 15 minutos, hay demasiadas reiteraciones en su discurso, el cual va del presente al pasado y regresa para acentuar con titulares  y textos -coreados por tres ángeles o brujas- sobre la habitual violencia en calles y urbes criollas, crímenes espantosos que le arrugan las entrañas al más centrado de los espectadores.
Por supuesto que la conmovedora performance de González, atrapa a la audiencia y se llega a un final obvio: el anciano Peter Pan muere y en su tránsito hacia el más allá se desnuda para despedirse de la audiencia, que, por supuesto, está consternada ante el realismo teatral de tal violencia cainítica que le han subrayado.  
¿Qué podrá pasar con Rajatabla ahora que está en una especie de tobogán sin destino, precisamente cuando llega a los 45 años de historia? ¿El destino de esta histórica agrupación a quien le duele, precisamente ahora que está reducido su capital humano y anda en pos de una estética que lo prolongue?

martes, 9 de febrero de 2016

La convención del reinado

Por Juan Martins
@avencrit

En la ciudad de Maracay he visto pocos espectáculos que se mantengan con la estructura pro­fesional, en tanto que la representación: aspectos del lenguaje infantil por medio de los cuales hemos podi­do disfrutar: ritmo, cadencia y canto que se ordenan en el discurso de la puesta en escena: las actuaciones se estructuran a modo de que el entretenimiento se constituye por lo que «ve­mos». El espectador poco quiere saber de esas condicione. Sólo lo disfruta­. Y allí su director Daniel Vásquez lo logra. Es decir, se vale de esos códigos (significación/sentido) los cuales le confie­ren desarrollo en el espacio escénico tal como lo entendemos en el propósito del teatro infan­til: la aventura de apropiarse de la emoción, la acción y el estado de ánimo de los espectado­res: el entusiasmo toma lugar en la dinámica de este género. Y los niños son fieles a sus emocion­es. De allí que la diferencia entre un espectáculo y otro lo da la for­malidad del signo que usa su responsable de escena: la sobriedad, autentici­dad y creatividad pondrán ante el público el agrado de saberse ante un espec­táculo que lo defina como público. Y de eso se trata aquí, de definición en el marco del tea­tro de la ciudad.
 Empecemos por el principio: los dos jóvenes actores («Dijana» interpretada por Catherine Martínez y «Akua» inter­pretado por Luis Martínez también tenemos que considerar en el grupo a  Ariada González) los cuales funcionan de mediadores del aquella re­presentación. Entran al espacio y ordenan la estructura de ese discurso. Y eso marca la diferencia sobria de la dirección. Por ello el nivel de aceptabilidad de la obra. Utilizan bien la voz, en su conjunto, el movimiento y el desplazamiento: el ritmo del baile se componen como un todo: los signos, en su convención, eri­giendo su significación por el encanto infantil del género. Esto quiere decir que aquello que logramos identificar como infantil lo es, incluso, por el modo de usar esos recursos actorales, puesto que, insisto, la representación define el espacio escénico de lo que «vemos», pero también en el proceso se hace «ver» la palabra: el drama se urde en el uso de esos códigos con los que asumen ser (el elenco compuesto por los actores, actrices y bailarines: la agrupación Teatrophia anunciada) los mediadores de ese discurso como lo han sido estas ac­tuaciones por su parte. Desde luego con sus diferencias. Los jóvenes muestran toda la capaci­dad entonces de su talento. Por ahora vaya éstos de ejemplo.

El ritmo de la actriz Catherine Martínez es completo, sólido y contundente en esa línea de la representación. Expliquemos un poco esto: la voz la proyec­ta y el movimiento lo acuerda con sus necesidades de desplazamiento. Recordemos que tenemos que diferenciar movimiento de desplazamiento. En esa línea se sostiene el equilibrio de las interpretaciones. El actor (Luis Martínez), a decir verdad, agrega ese orden al movimiento. Entiéndase por tal la justa medida de lo arriba expresa­do, o sea, ritmo y cadencia en la actuaciones hacia la dirección de la pro­puesta. Reitero no por retórica crítica, sino por el contrario, destacar los lo­gros de dicha dirección. A mi parecer Vásquez utilizó la estructura del grupo en esas diferencias del perfil de sus intérpretes o de sus niveles de actuación. Por una parte las bailarinas como unidad de aquel espacio. Y para ello requería de otro rigor: el baile, mo­derado y sostenido en la sintaxis del relato teatral: lo histórico del drama y cómo agregaba la intención de la imagen recreada sobre la anécdota. Y desde otra perspectiva, el uso de la actuaciones narran aquel sentido de logro.bajo3
En lo particular se noto el do­minio actoral, la intención de la representación subraya aquella sintaxis. Acla­remos esto: teniendo su director un reconocimiento de esos niveles, acentúo, donde más podía, el contexto del drama. Permitiendo que la dra­maturgia no se le fuera de las manos. Lo logra a un nivel escénico (en el lenguaje no/verbal: acotaciones y dispositivos escénicos). Sin embar­go, el drama se mantiene con algunas contradicciones en la narración. Lo que más arriba denominaba la 
sintaxis del relato teatral. Puesto que la sinopsis his­tórica del país es puesta con determinación ideológica antes que anécdota de lo infantil para, por esa vía, registrar de modo pedagógico aquellas herramientas de aprendizaje las cuales exigen el teatro infantil. Esto es importante, puesto que si la intención era emitir un sentido más heterodoxo de la misma antes no debe obviarse el rigor de la regla: conocer para cambiar. Todo dramaturgo debe considerar si sus deseos en recrear una dramaturgia auténtica. Ya sabe­mos que nada es «nuevo», después de todo, es la búsqueda del desasosiego de todo autor lo que le importa cuando escribe. Pero no olvidemos que estamos tratando con lo infantil y, en consecuencia, los riesgos de estilo deben considerarse a partir de la unidad del género: coherencia de discurso, lo lúdico, la sintaxis y su narrativa al cabo de dicha representación. De modo que el cuento que se emite llegue con esa claridad. Y es necesario. Desde esta noción de la escritura, Vásquez conquista el atractivo a nivel de la obra (en tanto es representada), pero debe cuidar los aspectos históricos cuando trate con ellos. Ya que los niños pueden confundirse por causa de una visión cerrada y vertical de la misma. No quiero decir que suceda de modo lineal aquí. Confiamos en la disciplina de éste para ver en otro estado de madurez. Con todo, destacamos la dirección. Sin embar­go sugerimos el rigor en la sintaxis del relato: la veracidad de los aspectos conceptuales de la historia. Es cierto en cuanto a las herencias de la colonización y en ello no podemos confundir «raza» con «etnia» o «conquista» con «colonización» y «clases sociales» con la «castas». Cada contexto tiene su verdad en la historia. Es el teatro infantil, en cambio, un discurso que está más dentro del género artístico. Vásquez lo sabe.
En el marco de la propuesta observamos una compleja relación de danza, teatro y diálogos organizados en una dinámica responsable con la intención del habla: el mecanismo de la voz para acceder a un nivel emocional de los niños. Lo que los especialistas llaman «acto de habla»: el tono, la intención y el ritmo de la voz. Allí, se exhibe gran parte de la coherencia que trata de definir sobre su disertación. Y seguro estoy que su director mejorará en próximas funciones. por ser éste un espectáculo ambicioso y por lo alto de su condición escénica: la escenografía aporta el sentido de la narración por un lado y, por otro, el colorido del vestuario: un espacio dentro del otro, una escena dentro de la otra como para fragmentar el orden de tal relato y acentuar lo lúdico. Por ejemplo, el uso del «Barco» el cual le aporta signo, sentido y simbolización de aquella historia. Por tanto la historia se hace metáfora y artificio en el uso del espacio-tiempo de la escenificación.El «Barco» nos divierte y emociona, aun, se nos hace reflexión. De allí lo lúdico.
Estaré visitando otras funciones porque nos promete la seriedad con la que Daniel Vásquez nos compromete. Y es necesario para la ciudad. Por tanto deseo, si me lo permite el elenco, dejar tinta en el tintero. El crítico, pienso, debe producir crítica interna, esta es, observar, desde un plano teórico, el trabajo creador y aportar con su noción del arte, la literatura y el teatro hasta donde alcance los límites conceptuales de esa visión.
Ateneo de Maracay
Ficha artística: Catherine Martínez: Dijana/Reina. Luis Martínez: Akua/Pirata/Negro.  Ariadna González: Indígena.  Rosibel Bolívar: Pirata/Bruja.  Daniel flores: Cómico.  Bailarinas: Ámbar flores/Asly Andazol y Lisandra Curvelo.  Ficha Técnica: Maquillaje: Colectivo. Vestuario: Pedro Ruiz. Títeres: María Magda/Simón Añez.  Barco: Luis Martinez Padre. Asesoría Vocal: Johan Patiño.  Coreografía: Alison Guedez. Producción: Daniel Vasquez.  Asistencia de dirección: Johan Patiño Escrita y dirigida por Daniel Vásquez. Fotografías: cortesía de Daniel Peña («El hippy»).

La historia inconclusa de “Sucre, el último amado”

Elenco de "Sucre, el último amado"
Por @bruno_mateo
@avencrit

 El pasado domingo 07 de febrero de 2016 finalizó en la sala de Conciertos de la Universidad experimental de las artes Unearte , el montaje “Sucre, el último amado” bajo la dirección de Hernán Marcano para el Teatro del Magisterio, trabajo dramaturgístico a partir de textos de Andrés Eloy Blanco , José Antonio Rial, Ricardo Ruiz, Álvaro Mutis y Hernán Marcano.

El contexto histórico de la pieza se remonta a 1830. Los personajes centrales de Antonio José de Sucre (César Augusto Méndez), Simón Bolívar (Mhares Ramírez), María Antonia Bolívar (Ingrid Guevara) (Antagonista) y Luisa Avendaño (Mariana Arnal) son los encargados de llevar el hilo conductor del discurso escénico.

En cuanto a la puesta en escena, puedo decir que estuvo limpia y  congruente con el texto, sin aspavientos ni modelos efectistas, muy de moda en la actualidad,  con un lenguaje sencillo y progresivo en tanto a las unidades de acción al estilo Aristóles (exposición, nudo, desenlace y conclusión). Los actores acoplados con el todo del significante de la puesta , sólo algunos detalles, completamente mejorables, como es el caso de la interpretación de la hermana más querida del Libertador, Doña María Antonia Bolívar, que siempre mantuvo un rictus agresivo lo que se dejaba oír en su voz, la cual a veces, rayaba en esténtores sin contenido, al igual que el exceso de “idas y venidas de luces” para el cambio de cuadros, lo que, percibo puede agotar la mirada atenta del espectador y producir un quiebre en el desarrollo del montaje. La dirección de Marcano estuvo prístina, entendible para todo público, incluso había elementos lúdicos que podrían ser muy atractivos para el público infantil, como lo es la escena de los asesinos en los caballos, ejecutada por los actores Armando Ariza, William Mongua  Ricardo Urrea. Bajo mi punto de vista, una escena bien lograda y verosímil.

En líneas generales, el montaje de “Sucre, el último amado” es un trabajo atractivo que toca un episodio ficcional, el romance inconcluso, truncado por el asesinato de Sucre en Berruecos con una joven caraqueña ciega,  con elementos reales históricos de una manera elegante y seria.