lunes, 20 de mayo de 2013
CIEN RATONERAS
Por E.A Moreno Uribe
Hace 30 años Venezuela era otra, pero la cartelera teatral de Caracas no tenía 50 espectáculos para los fines de semana porque el estallido del teatro comercial no había comenzado todavía y es por eso que José Ignacio Cabrujas y Carlos Giménez coincidieron, con sus declaraciones ante la prensa, con una grave queja: el teatro venezolano se hacía únicamente para el fracaso, para unas 24 funciones y después había montar otra pieza que atrapara el público.
Si estuvieran vivos tan legendarios personajes se asombrarían ya que Producciones Mimi Lazo pasó de 150 funciones entre enero de 2012 y mayo de 2013, para más de 40 mil espectadores en 40 semanas, al exhibir High, de Matthew Lombardo, con Carlota Sosa, Christian McGaffney y además Luis Fernández en el doble actor de actor y director. Y a este récord se suma ahora La ratonera, con 100 funciones entre agosto de 2012 y el 19 de mayo de 2013. ¡Se vive la época del teatro comercial!
RAZONES DEL EXITO
Algo ha pasado para bien, pues, en el ámbito teatral venezolano con algunos de sus montajes, como es el caso de la producción de Catherina Cardozo y Nohely Arteaga con la famosa obra de Agatha Christie. Ellas afirman que el éxito de un montaje no depende necesariamente de los números o de que sea comercial o no, “si definimos como comercial el vivir de ella económicamente. Esto puede ser muy engañoso ya que la mayoría de los productores de este país hacemos teatro con las uñas debido a que, entre otras cosas, no disponemos o no disfrutamos de un aparato cultural- llámese Ministerio o Estado- como la mayoría de los países civilizados, para apoyarnos, como es debido, en los gastos de producción, los cuales varían de una obra a otra dependiendo de la ambición artística de cada productor o del tamaño de sus uñas”.
En el caso de La ratonera, agregan Catherina y Nohely, “nuestra ambición como productoras más que hacer dinero ha sido la de llevar al público un espectáculo de altísima factura y del Primer Mundo. Todo eso implica combinar un autor y una obra de probado éxito en otros países, una escenografía, música y vestuario de calidad, un equipo artístico y humano de primera, mucha publicidad y promoción y además en este caso, asociarnos con una sólida institución cultural como BODCorpBanca que nos dio su apoyo como coproductor y con quien también compartimos ganancias. Esto hace que una obra de mucha concurrencia y éxito artístico, paradójicamente no deje grandes ganancias debido a que el retorno de la alta inversión es lento y entre otras cosas depende del tamaño de la sala, los costos de boletería y el esquema de producción”.
Subrayan que, para lograr esta producción, “también tuvimos que lidiar con circunstancias adversas tales como: un espacio no convencional y difícil de adaptar, variación de precios y escasez de materiales a nivel nacional y además confrontar la visión austera y menos ambiciosa de Vladimir Vera, un director experimental tal vez acostumbrado a trabajar con menos recursos y en montajes de mucha menor demanda. Aun así, con todo lo acertado y lo adverso, nos ha permitido llegar a las 100 primeras funciones”.
INTIMIDADES
Catherina y Nohely coincidieron en la solicitud de los derechos de autor de La ratonera a través de Sacven y decidieron producirla juntas. “El elenco lo escogimos por su trayectoria en teatro y de acuerdo al perfil de los personajes. Creemos que la escogencia de los 14 actores que han pasado por el espectáculo ha sido absolutamente acertada. Al director no lo conocíamos personalmente solo teníamos algunas referencias de su trabajo y quisimos arriesgarnos con él por sus montajes experimentales e innovadores. El dinero lo obtuvimos de patrocinios de empresas privadas, de amigos colaboradores y de nuestra fundabolsillo. El pago del elenco fluctúa de acuerdo a la taquilla y es bien equitativo. Todos trabajamos de forma integrada y casi a diario en promoción, ensayos y mejoras al montaje. No tenemos números exactos pero suponemos que hay más de 15 mil espectadores”.
La temporada de La ratonera finalizará en BODCorpBanca a mediados de Julio 2013 y ya están planeando una gira por algunas ciudades del interior.“Nuestro plan es seguir haciendo obras de suspenso y misterio, queremos explorar más el género, que ha tenido buena respuesta del público de Caracas”.
EN LOS AÑOS 50
La ratonera, la famosa obra de Agatha Christie, escrita y estrenada en Londres en el año 1952 ha permaneciendo en cartelera desde ese momento. La historia se desarrolla precisamente durante los años 50. Una joven pareja hereda una mansión y decide transformarla en una casa de huéspedes a la que llaman la Mansión Monkswel, ubicada en un pueblito cercano a la capital del Reino Unido. La mansión cobija a cinco personajes distintos unos de otros. El día de la llegada cae una gran nevada en la ciudad, manteniéndoles atrapados y aislados en la casona. Durante el encierro ocurren extraños acontecimientos que hacen que todos desconfíen de todos, creando así una atmósfera de misterio entre los personajes. Esta obra de suspenso, con cierta carga de humor inglés e intriga, es dirigida por Vladimir Vera (cuando no había sido designado director artístico del grupo Rajatabla) y con la participación de actores de gran trayectoria dentro del teatro y la televisión, como son: Gerardo Soto, Gonzalo Velutini, Malena González, Stephanie Cardone Fulop, Gabriel Blanco, Augusto Galíndez, Ignacio Marchena, Flor Elena González, Manuel Salazar y Catherina Cardozo. Ademas han formado parte del elenco Verónica Schneider, Martín Brassesco, Paula Woysechowsky y Nacho Huett.
Se presenta en el BODCorp Banca Centro Cultural en funciones de viernes a sábados a las 8 pm. y domingos a las 6 pm.
viernes, 17 de mayo de 2013
Ideales superados
Por Joaquín Lugo
En la su sala homónima, el grupo Rajatabla presentó Con una pequeña ayuda de mis amigos, texto de Nestor Caballero, producción general de William López y dirección de José Domínguez. Con este estreno, la agrupación comienza el homenaje a Caballero cuyo nombre lleva la III Muestra de Dramaturgia Nacional.
El argumento pone en escena a Gilberto, Álvaro, La Chata y Zulay, cuatro seres que se sintieron atraídos por el sueño revolucionario, de paz, amor y excesos propios de los años 60, pero que transitan una vida en la que traicionaron sus ideales. En el texto, presente y pasado se fusionan para sopesar las causas y consecuencias de las acciones de los personajes y para mostrar la esencia y los contrastes de cada época reflejada.
La dirección propone una estética simbólica que se sustenta en la escenografía de Silvia Inés Vallejo. Ésta es usada en toda su amplitud para representar cada uno de los espacios y tiempos. El piso de tonos verdes y el fondo con intervenciones de murales de Andy Warhol enmarcan cabalmente la época pasada y resaltan la figura de los actores sobre el escenario. Estas intervenciones fueron pintadas sobre persianas, lo que ayuda a la puesta en escena para mostrar apariciones de figuras que refuerzan las situaciones. Asimismo el diseño de vestuario de Rufino Dorta posee la esencia y diferencia de los roles en cada tiempo. Se destacan las transiciones que muestran la energía y música de los 60, gracias a las coreografías de José Lugo y la selección musical de Eduardo Bolívar. Quizás esto desvía un poco la atención sobre la trama central y el desarrollo de los personajes.
En las actuaciones, Gerardo Luongo como Gilberto y Dora Farías como Zulay se muestran precisos y cabales en sus trabajos, en especial la conexión que establece Farías con los sentimientos de su rol. Se destacan Jean Franco de Marchi como El Tigre y Ángel Pájaro como Álvaro, ambos intensos y con buen manejo de las intenciones. Eliana Terán como La Chata y Vicente Bermúdez como Saturno se perciben más externos y sin los matices que requieren sus interpretaciones. El resto de elenco conformado por alumnos del Taller Nacional de Teatro cumple en mayor o menor grado.
Es innegable vincular esta pieza con la historia de muchas épocas que ha vivido la humanidad y que han quedado en el pasado, aunque su espíritu se mantenga en el inconsciente colectivo. Todavía existen personas que mantienen los ideales transitados pero que han sido absorbidos por la sociedad contemporánea. Por esto, percibo que parte de la Venezuela actual se alimenta visiones del mundo ya superadas y que se pretendan conservar sin mirar al futuro.
Publicado en el Diaro Tal Cual.
En la su sala homónima, el grupo Rajatabla presentó Con una pequeña ayuda de mis amigos, texto de Nestor Caballero, producción general de William López y dirección de José Domínguez. Con este estreno, la agrupación comienza el homenaje a Caballero cuyo nombre lleva la III Muestra de Dramaturgia Nacional.
El argumento pone en escena a Gilberto, Álvaro, La Chata y Zulay, cuatro seres que se sintieron atraídos por el sueño revolucionario, de paz, amor y excesos propios de los años 60, pero que transitan una vida en la que traicionaron sus ideales. En el texto, presente y pasado se fusionan para sopesar las causas y consecuencias de las acciones de los personajes y para mostrar la esencia y los contrastes de cada época reflejada.
La dirección propone una estética simbólica que se sustenta en la escenografía de Silvia Inés Vallejo. Ésta es usada en toda su amplitud para representar cada uno de los espacios y tiempos. El piso de tonos verdes y el fondo con intervenciones de murales de Andy Warhol enmarcan cabalmente la época pasada y resaltan la figura de los actores sobre el escenario. Estas intervenciones fueron pintadas sobre persianas, lo que ayuda a la puesta en escena para mostrar apariciones de figuras que refuerzan las situaciones. Asimismo el diseño de vestuario de Rufino Dorta posee la esencia y diferencia de los roles en cada tiempo. Se destacan las transiciones que muestran la energía y música de los 60, gracias a las coreografías de José Lugo y la selección musical de Eduardo Bolívar. Quizás esto desvía un poco la atención sobre la trama central y el desarrollo de los personajes.
En las actuaciones, Gerardo Luongo como Gilberto y Dora Farías como Zulay se muestran precisos y cabales en sus trabajos, en especial la conexión que establece Farías con los sentimientos de su rol. Se destacan Jean Franco de Marchi como El Tigre y Ángel Pájaro como Álvaro, ambos intensos y con buen manejo de las intenciones. Eliana Terán como La Chata y Vicente Bermúdez como Saturno se perciben más externos y sin los matices que requieren sus interpretaciones. El resto de elenco conformado por alumnos del Taller Nacional de Teatro cumple en mayor o menor grado.
Es innegable vincular esta pieza con la historia de muchas épocas que ha vivido la humanidad y que han quedado en el pasado, aunque su espíritu se mantenga en el inconsciente colectivo. Todavía existen personas que mantienen los ideales transitados pero que han sido absorbidos por la sociedad contemporánea. Por esto, percibo que parte de la Venezuela actual se alimenta visiones del mundo ya superadas y que se pretendan conservar sin mirar al futuro.
Publicado en el Diaro Tal Cual.
El gigante de mármol
por Walter De Andrade
El trasfondo político y social de la propuesta es evidente y emite una preocupación por los peligros que acechan la libertad creadora.
Hace unos cinco o seis años aproximadamente el autor caminaba por un corredor de la Galería de la Academia de Florencia (Italia). A paso apurado y no sin emoción, un respiro profundo lo prepara para el encuentro. Al final del pasillo, bañado por la luz natural que se cuela por una cúpula, deslumbra la figura de un hombre desnudo, de unos 5 metros de alto, esculpido en mármol pálido. Es el David, vencedor sobre Goliat, inmortalizado como referente de la belleza humana por el cincel prodigioso de Miguel Ángel Buonarroti. Del embeleso provocado, nació el impulso que se hizo dramaturgia y así, esculpido ahora en la palabra, el “David” se hizo teatro en la pluma del consolidado actor Luigi Sciamanna, quien debuta como dramaturgo con un díptico centrado en la pieza más controversial del escultor florentino. “La novia del gigante”, estrenada en el 2012 fue la primera entrega, y el pasado 27 de marzo, en el marco del FITC 2013, se estrenó “El Gigante de mármol” en la sala de la Asociación Cultural Humboldt como cierre del ciclo.
En ésta última, Sciamanna se remonta a 1503, y presenta la aguerrida defensa que Miguel Ángel hizo de su obra ante la intención generalizada de destruirla por obscena y pagana. El texto, inteligente y ricamente escrito, se centra en exponer la confrontación del artista con los representantes de la iglesia, los comerciantes y los políticos, distintas caras del poder obtuso. El trasfondo político y social de la propuesta es evidente y emite una preocupación por los peligros, todavía vigentes, que acechan la libertad creadora. Si en “La Novia del gigante” hablaba el ciudadano común frente al poder, acá es un artista el que confronta al sistema en defensa de su obra.
El elenco conformado por Jorge Palacios, Armando Cabrera, Marcos Moreno, José Gregorio Paredes y Elvis Chaveinte, además del propio Sciamanna, se muestra consolidado, con un manejo sólido del texto, encomiable trabajo vocal e interpretaciones bien delineadas. Impecable el vestuario de Eva Ivanyi y Raquel Ríos que junto a la sobria iluminación de Manuel Troconis entregan una visual íntegra.
La pieza podría sí, ajustarse, sintetizando el desarrollo del conflicto que se hace reiterativo. El epílogo, luego del encuentro onírico de Miguel Ángel, ya victorioso, con su escultura vivificada (creemos que es el desenlace final), toma rumbos desconcertantes en historia y planteamiento escénico debilitando el acertado discurso hasta allí mostrado.
Columna publicada el 02/04/2013 en el diario El Nuevo País
El trasfondo político y social de la propuesta es evidente y emite una preocupación por los peligros que acechan la libertad creadora.
Hace unos cinco o seis años aproximadamente el autor caminaba por un corredor de la Galería de la Academia de Florencia (Italia). A paso apurado y no sin emoción, un respiro profundo lo prepara para el encuentro. Al final del pasillo, bañado por la luz natural que se cuela por una cúpula, deslumbra la figura de un hombre desnudo, de unos 5 metros de alto, esculpido en mármol pálido. Es el David, vencedor sobre Goliat, inmortalizado como referente de la belleza humana por el cincel prodigioso de Miguel Ángel Buonarroti. Del embeleso provocado, nació el impulso que se hizo dramaturgia y así, esculpido ahora en la palabra, el “David” se hizo teatro en la pluma del consolidado actor Luigi Sciamanna, quien debuta como dramaturgo con un díptico centrado en la pieza más controversial del escultor florentino. “La novia del gigante”, estrenada en el 2012 fue la primera entrega, y el pasado 27 de marzo, en el marco del FITC 2013, se estrenó “El Gigante de mármol” en la sala de la Asociación Cultural Humboldt como cierre del ciclo.
En ésta última, Sciamanna se remonta a 1503, y presenta la aguerrida defensa que Miguel Ángel hizo de su obra ante la intención generalizada de destruirla por obscena y pagana. El texto, inteligente y ricamente escrito, se centra en exponer la confrontación del artista con los representantes de la iglesia, los comerciantes y los políticos, distintas caras del poder obtuso. El trasfondo político y social de la propuesta es evidente y emite una preocupación por los peligros, todavía vigentes, que acechan la libertad creadora. Si en “La Novia del gigante” hablaba el ciudadano común frente al poder, acá es un artista el que confronta al sistema en defensa de su obra.
El elenco conformado por Jorge Palacios, Armando Cabrera, Marcos Moreno, José Gregorio Paredes y Elvis Chaveinte, además del propio Sciamanna, se muestra consolidado, con un manejo sólido del texto, encomiable trabajo vocal e interpretaciones bien delineadas. Impecable el vestuario de Eva Ivanyi y Raquel Ríos que junto a la sobria iluminación de Manuel Troconis entregan una visual íntegra.
La pieza podría sí, ajustarse, sintetizando el desarrollo del conflicto que se hace reiterativo. El epílogo, luego del encuentro onírico de Miguel Ángel, ya victorioso, con su escultura vivificada (creemos que es el desenlace final), toma rumbos desconcertantes en historia y planteamiento escénico debilitando el acertado discurso hasta allí mostrado.
Columna publicada el 02/04/2013 en el diario El Nuevo País
lunes, 13 de mayo de 2013
Caricias
Por Bruno Mateo
@Bruno_Mateo
En el Espacio plural del Trasnocho
cultural, en la zona de Las Mercedes de
la ciudad de Caracas se está presentado
desde el 26 de abril de 2013, la obra CARICIAS del catalán Sergi Bebel ,texto que marca la
internacionalización del autor que nos cuenta la historia de 11 diálogos
distribuidos en 10 cuadros con una estructura dramática muy interesante
ya que, en cada cuadro, un personaje sale, y entra otro. Es un historia continua
en donde no hay detenimiento en el cambio de un cuadro a otro. Este texto se
ubica en la década de los noventas en la ciudad de Barcelona, España; en esta
ocasión, el director venezolano José
Jesús Gonzalez nos trae a once actores (Virginia Urdaneta, Loly Sanchez , José
Romero, Ana María Paredes, Alexander Solórzano, Mariu Favaro , Marco Alcalá ,
Arlette Torres , Alexander Rivera , Grouber Materan y el Primer Actor José
Torres) que encarnan a once personajes muy variopintos que transitan por los
intríngulis de los distintos ámbitos privados de las relaciones humanas que
tocan los temas de el incesto, el punk, la homosexualidad, la indigencia, la
vejez, la soledad, el maltrato y la muerte.
No es casualidad
que se traiga a escena esta pieza en estos momentos cuando el ser humano parece estar en el umbral de la transformación
de nuestro sistema social en donde “los finales felices” y las “sagradas
familias” parecen conminados al
almibarado mundo del celuloide más conservador de los productores cinematográficos.
CARICIAS es un texto que nos habla más desde los silencios y del lenguaje
connotativo. La puesta en escena de González intensifica los silencios. Un
verdadero acierto en su dirección porque abre el compás de la interpretación
por parte del público sobre lo que hay
entrelíneas, a la vez que los actores dosifican muy bien este elemento. La voz
de la soprano se amalgama con la
atmósfera de desasosiego creada a lo largo de la dinámica del montaje. La
utilización de distintos ritmos hacen
que los noventa minutos de duración del trabajo se hagan placenteramente
llevaderos. Aunque el uso de los paraguas en escena es un recurso bastante
manido, en este caso, pienso que éstos nos hacen percibir un ambiente lluvioso
y gris, tan grisáceo como la vida de esos personajes anodinos.
De las
actuaciones puedo acotar que son actores comprometidos con sus personajes, hay
tan variadas interpretaciones que el público tendrá la oportunidad de obsevar
cómo los actores enfrentan su trabajo a la hora de representar a un ente
ficcional . En lo particular puedo hacer
mención de algunas actuaciones, pero me
parece injusto con todo el elenco porque aquí en este montaje sí se puede
hablar de un verdadero hecho colectivo.
Es una pieza bastante
elaborada que merece mantenerse un buen tiempo en temporada para que las
personas puedan disfrutar de ella y ver como todos los elementos que conforman
el hecho teatral se conjugan para dar forma a una obra artística.
viernes, 10 de mayo de 2013
El amor prohibido por el SIDA
por E.A Moreno-Uribe
El Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida prosigue enfermando y matando. Y es por eso que en Venezuela hasta mediados de abril de 2013 había ya 167 mil infectados de SIDA, según declaraciones de Edgar Carrasco, vocero de Onusida, para la agencia Efe. El SIDA está ahí, agazapado, esperando víctimas, tratando de impedir que los seres humanos se amen.
Y ante tales noticias, el teatro venezolano, otra vez más, ha salido al frente con el espectáculo Habitante del fin de los tiempos, el cual hace temporada en el teatro Escena 8, gracias a la entrega del dramaturgo y director Johnny Gavloski aliado con el productor y actor José Manuel Ascensao, apoyados además por los comediantes Xavier Muñoz y Marilyn Ascensao. ¡Otra vez regresan a la batalla por la vida y el amor!
Hay que recordar, que los creadores de las artes escénicas del mundo, desde 1982, cuando se dio el reventón del SIDA en Estados Unidos y se regó en los cinco continentes, se pusieron de acuerdo para utilizarlo en sus metáforas artísticas y mostrar así obras o espectáculos para difundir sagas sobre infectados y diversas formas o métodos para afrontar el síndrome. Emergió así un teatro, un cine y una televisión con fuerte carga didáctica y consejos filosóficos. También los poetas y los escritores, además de los medios de comunicación, aportaron lo suyo: dando instrucciones para prevenir las infecciones y reiterando recomendaciones para tener más cuidado en las relaciones sexuales. Al tiempo que la medicina enfiló todas sus herramientas para controlar al retrovirus causante de tanta mortandad, pero todavía no existe una terapia capaz de erradicar al SIDA de la faz de la Tierra y por eso las cifras rojas de las estadísticas alarman a todas las sociedades.
18 AÑOS DESPUES
Habitante del fin de los tiempos, texto que evoca el humano miedo a la muerte como una encrucijada de una tragedia, avivada con inteligente humor, el mismo que conquistó el Premio Municipal de Teatro 1997 entre otros galardones, vuelve en este crucial 2013 con su historia sobre tres venezolanos -David, Erasmo y Janice-para demostrar, una vez más, que el amor y la amistad pueden ser cómplices y darle un verdadero significado a la vida.
Sin importar las preferencias o conductas sexuales- David, heterosexual, y Erasmo, gay- aprenderán y enseñarán a sobrevivir entre sus diferencias ideológicas, culturales, espirituales y emocionales, gracias a una inquebrantable amistad, soportando los avances de una enfermedad que los hace valorar la vida; mientras Janice se mantiene latente en esa saga hasta aparecer en un dramático final.
El público de este siglo XXI entra fácilmente en un torbellino de las emociones de los personajes, enfrentados sus propias dudas y expectantes ante una sociedad homófoba y falsamente religiosa, quienes deben luchar contra sí mismas para lograr salir adelante, esperando encontrar la cura antes de la muerte imprevista.
No es una pieza grata para nadie, sino todo lo contrario. Es una tragedia contemporánea que atrapa al espectador por ese hibrido del amor y la amistad, el cual no tiene parangón con ninguna otra experiencia y solo los que hemos vivido las peripecias de nuestros amigos enfermos y aferrados la vida, podemos comprenderlo y sentir como se nos arrugan nuevamente los intestinos o como se nos desbordan las lágrimas al recordar sus agonías.
El texto como tal ha envejecido y requiere de una poda precisa para bajar el tiempo de representación y permitir incluso que el público digiera las básicas líneas de información, poéticas algunas, y deguste más las transiciones de los personajes y las peculiaridades de la trama.
Las actuaciones son un reto de verdades, como la de Ascensao, quien lleva el peso de la obra, y el positivo debut de Muñoz. Sin sus entregas no habría espectáculo.
EL MAL DEL SIGLO
Los venezolanos Elio Palencia, Marco Purroy, Johnny Gavlovski, y David Osorio Lovera, durante la última década del siglo XX, coincidieron al llevar al teatro como elementos dramáticos de sus piezas a personajes afectados por “El mal del siglo” o sea infectados por ese virus extraño que vino de lejos, el tristemente famoso Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida. En síntesis, estos autores, preocupados ante el peligro que se cierne sobre la libertad de los seres humanos para amar en toda intensidad posible, se fijaron en el tema del SIDA, lo amaron y optaron por escribir sus textos: Habitación independiente para un hombre solo, Anatomía de un viaje, Habitante del fin de los tiemposy El último brunch de la década.
Añadieron a la larga de personajes del prototipo venezolano, a seres nunca antes vistos en la escena, homosexuales, bisexuales o heterosexuales infectados por el SIDA, el cual pone en peligro a la humanidad entera, sin distingos de costumbres amatorias, y/o sexuales. Y es precisamente una novedad en el teatro de Venezuela, para no citar al de otros países, el que sus dramaturgos escriban sobre el temible SIDA. Esas piezas teatrales, junto a las del precursor Amado Naspe, fueron las primeras que se mostraron en Venezuela. Esa respetable lista prosiguió aumentando: Palencia estrenó en 1997 a Arráncame la vida, a la cual versionó y le cambió el titulo para así publicar y montar ¡Mátame mamá!, en 2011, pero antes, en 2010, se agregó el trabajo de Julio Bouley y José Luis Pérez: Vamos a imaginar que nos estamos tomando un café treinta años después/ Testimonio teatral en 7 tiempos”.
EPIDEMIA
La epidemia de Sida en Venezuela sigue concentrada en hombres homosexuales y transgéneros, dijo a Efe vocero de Onusida, Edgar Carrasco, quien aclaró que esto no indica que la infección no afecte a otras personas. “Estas estimaciones se realizan con base al comportamiento de la epidemia en cada paí¬s. Para Venezuela, se hace este cálculo con base a que 20 por ciento de las personas con VIH necesita terapia antirretroviral". Carrasco echó mano del último informe venezolano relativo a los avances en la lucha contra el SIDA, que él exaltó como de “gran credibilidad”, donde se señala que la edad de los hombres infectados se ubica entre 30 a 39 años, y en las mujeres entre 25 a 34 años. Según estas referencias, el 5 por ciento de la población de “hombres que tienen sexo con hombres” podrí¬an estar infectados en la actualidad, aunque también agregó que “un tercio de los casos notificados pertenece a mujeres”. Según Carrasco, la epidemia se hallarí¬a concentrada en ese grupo debido a la falta de campañas “desprejuiciadas” dirigidas especialmente a los homosexuales hombres
miércoles, 8 de mayo de 2013
CAFÉ Y CARAMELOS: EL VALOR DE LA AMISTAD
por Carlos Herrera
La vida nos ofrece tener la familia con la cual nacemos y como lo refería el dramaturgo venezolano, Isaac Chocrón, “la familia elegida” esa que estará con uno porque fue la que escogimos, para bien o para mal en lo que será el decurso de nuestra adultez. La familia elegida podrá constituirse por personas íntimas, amigos o conocidos que, con el pasar de los años, ya cuando la persona se presiente en el ocaso de su existencia, termina sabiendo que no solo le han acompañado en las verdes o las maduras, de aguantarse los cambios de luna derivados del carácter o personalidad sino, incluso, porque terminan siendo cómplices, aguzados oidores de todas nuestras cuitas y firme bastón cuando por razón u otra, el andar existencial no haya impedido moral, sentimental o psicológicamente hecho caminar lerdos.
Son la voz de una esperanza que hace que la letra de un viejo bolero que reza casi tajantemente sobre la compañía de la vieja soledad hace que intuyamos que siempre habrá ese alguien, ese amigo, esa persona que por uno u otro factor, esté a nuestro lado para no sentirnos tan desasistidos, tan solos, tan huérfanos de un alguien en lo que sabiamente un dramaturgo suscribiría bajo el título de una obra como “Compañeros de viaje”, porque la vida es eso, un largo viaje donde muchos estén o no cerca de ti, emprenden juntos o por separado ese periplo hacia la eternidad y son, quizás pocos, pero escogidos, los que más allá de la partida, quienes te recordaran.
Los días sábado 4 y 5 de mayo tuve la especial oportunidad de estar en la calurosa tierra guanareña una vez más. El propósito; acompañar a los que considero una de mis familias más queridas en el medio teatral. Me refiero a toda la gente que, de alguna u otra forma he visto crecer y ser quienes son a lo largo de décadas como lo conforma la Compañía Regional de Teatro de Portuguesa quienes, nuevamente levantaron haciendo lo que mejor saben hacer que es buen teatro, estuvieron por espacio de tres semanas presentando su más reciente trabajo teatral, “Compañeros de viaje” del dramaturgo argentino, Carlos Gorostiza (Buenos Aires, 1920) de quien hayamos algunas referencias dentro del primer tomo de la compilación Escenarios de dos Mundos, Inventario Teatral de Iberoamérica y que en palabras del investigador, Gerardo Fernández nos ilumina al decirnos que, aparte de ser uno de los autores y creadores más renombrados del s. XX en tierra gaucha, ya desde sus inicios –pero que marcaría su posterior desarrollo como artista de las tablas como del pensamiento escénico- e ir descollando en distintas formas creadoras que van de la poesía a la dirección teatral, pasando por experiencias como actor hasta llegar a ser novelista y cineasta, fue fácil reconocerle ese peculiar elemento de siempre tratar de perfilar un “estilo expresivo que nos representara y nos diferenciara, y en el cual nos reconociéramos” dado que Gorostiza fue capaz de involucrarse con “referencias concretas a problemas reales e inmediatos y a situaciones verdaderas y creíbles, a una indagación profunda en la coyuntura politicosocial que vivía el país y en la naturaleza de los cambios que la sociedad argentina estaba experimentando, a la aplicación de formas lingüísticas que eran fiel y jugosa reproducción del habla popular cotidiana; a una verdad y meticulosidad en el perfilado de personajes no sólo coherentes y enterizos, sino también genuinos y espontáneos”.
Autor que, desde obras como El puente pasando por El pan de la locura o Matar el tiempo logró calar no sólo con fuerza sino con honestidad para exponer cosas que le permitiese ser trascendente a lo largo del Cono Sur y, por ende, a toda la extensión sudamericana e, incluso, a nivel mundial.
Como venía diciendo, la experiencia ofrecida por la CRTP en los espacios de la Sala “Federico Collado” del Centro Cultural “Hermán Lejter” (Guanare / Edo Portuguesa) se constituyó en base a la afiligranada capacidad de versionamiento efectuada por un ducho artista cuya capacidad de respetar argumento, personajes y lo relativo a la forma específica de su estructura dramática donde la esencia queda y solo unos detalles se ajustan en pro del contexto donde se habrá de llevar su representación como del potencial público que la expectará fue dado por Aníbal Grunn para un texto corto de un acto (Aeroplanos, estrenada en 1990), un juguete teatral del cual sitúa al lector/espectador de ese texto espectacular en sintonía con dos hombres en avanzada edad (Francisco y Antonio), grandes amigos unidos por unos inquebrantables nexos que los han convertido en auténticos náufragos de la vida pero sobrevivientes porque comprendieron siempre que fueron sólidos compañeros de viaje que se supieron complementar como moneda de dos caras, que aunque sean lanzados al aire para ver cual es el destino de lo que marca al caer siempre el lado que no se ve, es el otro. Esos amigos del siempre, viudos, que no han viajado fuera de su terruño, pero que saben del mundo porque o bien uno colecciona estampillas o el otro, se informa, no desconocen sino sus geografías de sus sensibilidades, las fronteras inasibles de sus cuitas y anhelos; son derecho y revés de vidas conformadas por el más maravilloso canto que dos seres pueden expresarse: la fraterna amistad.
Una unificadora amistad que les hace leerse uno al otro sin cortapisas y comprender que la vida es ese pequeño espacio donde se une la esperanza con desasosiego de una mala noticia, es esa unión de almas que puedan que estén en un juego de preguntas/respuestas o de jugar dominó o hasta de chupar un caramelo y sorber tragos de café pero en la conciencia que son humanos y efímeros y que, al final de todo hasta un vuelo a otro país seguirá siendo enaltecedor para afianzar que lo humano prevalece y decirnos que hay signos del reconocimiento en mi que están en ti.
El trabajo como puesta en escena efectuada por Carlos Arroyo no se planeó amplificar nada. Escenificación intimista, espacialidad conformada por un cuadrado con mínimo de elementos: una mesa, dos sillas, y tres porta elementos (casetera fondo izquierdo, teléfono en primer plano primer plano izquierdo y en al fondo, una vasija metálica; un juego de dominó, una mesita con una cafetera, dos tazas). Sencillez con el espacio que, sin ser parco, supo capturar la vitalidad y energía de dos histriones en la articulación de sucintas tensiones como de micro climas emocionales.
Pero, ¡Ojo!, estamos ante un drama lacónico pero poderoso que, para algunos espectadores podría lanzarlos al peligroso terreno del melo porque se asoma mirando su abismo pero con sapiencia para bordearlo gracias a la sobria experticia de director que ha sabido también vivenciar esa clase de situaciones desde su tránsito como actor haciéndole comprender que, lo simple no es cosa de colocar actores a fin de decir cosas sin ton ni son sino de que lo que se dive y acciona puede mover un universo; una dirección que indico al diseñador de iluminación que tonalidades y acentos con los reflectores debían estar en consonancia con lo específico textual y de lo que ocurría sobre las tablas y, así, armar una atmósfera complementaria con una ambientación musical (bolero) escogido ex profeso para colocar el sentido y significación de lo que sucede como acción dramática; fue una puesta hecha desde la experiencia y apuntalada con intuición a fin de dinamizar un proceso decantado para que cada persona supiese donde hallar la médula de ese algo dramático les podía tocar su fuero interno. Una dirección aplomada gracias a que de lo poco, exacto y de lo necesario, preciso. Eso fue el el mejor logro de la dirección: apuntalar un espacio escénico sin el embadurnamiento de los elementos no verbales a fin que, texto y actuación brillasen por sí mismos.
Carlos Arroyo supo comprender estas coordenadas y ponerlas al servicio del dos magníficos actores como lo son Wilfredo Peraza y del propio Aníbal Grunn quienes de menos a más (en una lectura sabatina tocada por el feroz bullicio de un soberana lluvia que se desató justamente en los momentos más álgidos de la representación) pero que, en segunda lectura como espectador, pude deleitarme de ese poderoso factor que es la actuación elevada a niveles de lo orgánico donde la matización de los parlamentos sabía colocar ese acento donde se debía, que cada frase tenía una razón, que cada parlamento estaba unido a un recuerdo o a una exposición de verdad y sobre todo, porque ambos se fusionaron como artistas en un proceso e interrelación de personajes que se transformaban y emanaban hacia la platea: verdad escénica.
Fue sencillamente un trabajo de florilegios excepcional donde Grunn y Peraza lograron ese canto hermoso y sublime de constatar como con una dramaturgia tan especial como la de Gorostiza (y con los toques necesarios de la versión) eran capaces de llegar a lo más profundo de la emotividad del espectador. Un regalo histriónico porque la validez del acto escénico está en esa capacidad de decirnos cosas que, al salir de la sala e irnos alejando del teatro, frases, imágenes, parlamentos, gestos, silencios, miradas y hasta entendidos de lo que fue lo visto, revolotean en nuestros oídos, se asoman al cerrar los ojos y hasta permanecen cuando ya la soledad del ser individual, se ausenta de lo social para hacernos reflexionar que ¡la vida es eso: un minuto con los demás!
Para efectos de ir cerrando este compendio de crónica crítica diré que la producción para Compañeros de viaje fue sintética y pertinente para los efectos de lo que Carlos Arroyo deseaba ver sobre la escena; la labor en tal sentido conforma la composición plástica del ámbito escénico donde el juego de colores permitió una armonía cromática que al entrar el juego de iluminación de Kelyson Berrios, las tonalidades nunca alborotan la retina sino se acoplaron a un sentido de atmósfera de quietud, de sosiego y hasta de estar a tono con lo que las acciones verbales y psicológicas se emanaban desde la escena. La realización de escenografía de Luís Alberto Salas y la producción de Julián Ramos terminan por acoplar en su justa dimensión el concepto global de este satisfactorio y emotivo canto a la amistad que nos ofreció la CRTP en una breve temporada de la cual aspiro como animal de teatro, poder constatar en otras salas y con otros espectadores para verlos evolucionar con retos distintos a los que conllevó su experiencia en su terruño artístico guanareño. Hermoso espectáculo que sin llegar a una hora, sumerge nuestra alma en un regocijo que mereció mi más espontáneo aplauso. Acotación: ¡Les volveré a ver porque fue una muy grata experiencia artística como teatral!
Miércoles 08.05.2013
La vida nos ofrece tener la familia con la cual nacemos y como lo refería el dramaturgo venezolano, Isaac Chocrón, “la familia elegida” esa que estará con uno porque fue la que escogimos, para bien o para mal en lo que será el decurso de nuestra adultez. La familia elegida podrá constituirse por personas íntimas, amigos o conocidos que, con el pasar de los años, ya cuando la persona se presiente en el ocaso de su existencia, termina sabiendo que no solo le han acompañado en las verdes o las maduras, de aguantarse los cambios de luna derivados del carácter o personalidad sino, incluso, porque terminan siendo cómplices, aguzados oidores de todas nuestras cuitas y firme bastón cuando por razón u otra, el andar existencial no haya impedido moral, sentimental o psicológicamente hecho caminar lerdos.
Son la voz de una esperanza que hace que la letra de un viejo bolero que reza casi tajantemente sobre la compañía de la vieja soledad hace que intuyamos que siempre habrá ese alguien, ese amigo, esa persona que por uno u otro factor, esté a nuestro lado para no sentirnos tan desasistidos, tan solos, tan huérfanos de un alguien en lo que sabiamente un dramaturgo suscribiría bajo el título de una obra como “Compañeros de viaje”, porque la vida es eso, un largo viaje donde muchos estén o no cerca de ti, emprenden juntos o por separado ese periplo hacia la eternidad y son, quizás pocos, pero escogidos, los que más allá de la partida, quienes te recordaran.
Los días sábado 4 y 5 de mayo tuve la especial oportunidad de estar en la calurosa tierra guanareña una vez más. El propósito; acompañar a los que considero una de mis familias más queridas en el medio teatral. Me refiero a toda la gente que, de alguna u otra forma he visto crecer y ser quienes son a lo largo de décadas como lo conforma la Compañía Regional de Teatro de Portuguesa quienes, nuevamente levantaron haciendo lo que mejor saben hacer que es buen teatro, estuvieron por espacio de tres semanas presentando su más reciente trabajo teatral, “Compañeros de viaje” del dramaturgo argentino, Carlos Gorostiza (Buenos Aires, 1920) de quien hayamos algunas referencias dentro del primer tomo de la compilación Escenarios de dos Mundos, Inventario Teatral de Iberoamérica y que en palabras del investigador, Gerardo Fernández nos ilumina al decirnos que, aparte de ser uno de los autores y creadores más renombrados del s. XX en tierra gaucha, ya desde sus inicios –pero que marcaría su posterior desarrollo como artista de las tablas como del pensamiento escénico- e ir descollando en distintas formas creadoras que van de la poesía a la dirección teatral, pasando por experiencias como actor hasta llegar a ser novelista y cineasta, fue fácil reconocerle ese peculiar elemento de siempre tratar de perfilar un “estilo expresivo que nos representara y nos diferenciara, y en el cual nos reconociéramos” dado que Gorostiza fue capaz de involucrarse con “referencias concretas a problemas reales e inmediatos y a situaciones verdaderas y creíbles, a una indagación profunda en la coyuntura politicosocial que vivía el país y en la naturaleza de los cambios que la sociedad argentina estaba experimentando, a la aplicación de formas lingüísticas que eran fiel y jugosa reproducción del habla popular cotidiana; a una verdad y meticulosidad en el perfilado de personajes no sólo coherentes y enterizos, sino también genuinos y espontáneos”.
Autor que, desde obras como El puente pasando por El pan de la locura o Matar el tiempo logró calar no sólo con fuerza sino con honestidad para exponer cosas que le permitiese ser trascendente a lo largo del Cono Sur y, por ende, a toda la extensión sudamericana e, incluso, a nivel mundial.
Como venía diciendo, la experiencia ofrecida por la CRTP en los espacios de la Sala “Federico Collado” del Centro Cultural “Hermán Lejter” (Guanare / Edo Portuguesa) se constituyó en base a la afiligranada capacidad de versionamiento efectuada por un ducho artista cuya capacidad de respetar argumento, personajes y lo relativo a la forma específica de su estructura dramática donde la esencia queda y solo unos detalles se ajustan en pro del contexto donde se habrá de llevar su representación como del potencial público que la expectará fue dado por Aníbal Grunn para un texto corto de un acto (Aeroplanos, estrenada en 1990), un juguete teatral del cual sitúa al lector/espectador de ese texto espectacular en sintonía con dos hombres en avanzada edad (Francisco y Antonio), grandes amigos unidos por unos inquebrantables nexos que los han convertido en auténticos náufragos de la vida pero sobrevivientes porque comprendieron siempre que fueron sólidos compañeros de viaje que se supieron complementar como moneda de dos caras, que aunque sean lanzados al aire para ver cual es el destino de lo que marca al caer siempre el lado que no se ve, es el otro. Esos amigos del siempre, viudos, que no han viajado fuera de su terruño, pero que saben del mundo porque o bien uno colecciona estampillas o el otro, se informa, no desconocen sino sus geografías de sus sensibilidades, las fronteras inasibles de sus cuitas y anhelos; son derecho y revés de vidas conformadas por el más maravilloso canto que dos seres pueden expresarse: la fraterna amistad.
Una unificadora amistad que les hace leerse uno al otro sin cortapisas y comprender que la vida es ese pequeño espacio donde se une la esperanza con desasosiego de una mala noticia, es esa unión de almas que puedan que estén en un juego de preguntas/respuestas o de jugar dominó o hasta de chupar un caramelo y sorber tragos de café pero en la conciencia que son humanos y efímeros y que, al final de todo hasta un vuelo a otro país seguirá siendo enaltecedor para afianzar que lo humano prevalece y decirnos que hay signos del reconocimiento en mi que están en ti.
El trabajo como puesta en escena efectuada por Carlos Arroyo no se planeó amplificar nada. Escenificación intimista, espacialidad conformada por un cuadrado con mínimo de elementos: una mesa, dos sillas, y tres porta elementos (casetera fondo izquierdo, teléfono en primer plano primer plano izquierdo y en al fondo, una vasija metálica; un juego de dominó, una mesita con una cafetera, dos tazas). Sencillez con el espacio que, sin ser parco, supo capturar la vitalidad y energía de dos histriones en la articulación de sucintas tensiones como de micro climas emocionales.
Pero, ¡Ojo!, estamos ante un drama lacónico pero poderoso que, para algunos espectadores podría lanzarlos al peligroso terreno del melo porque se asoma mirando su abismo pero con sapiencia para bordearlo gracias a la sobria experticia de director que ha sabido también vivenciar esa clase de situaciones desde su tránsito como actor haciéndole comprender que, lo simple no es cosa de colocar actores a fin de decir cosas sin ton ni son sino de que lo que se dive y acciona puede mover un universo; una dirección que indico al diseñador de iluminación que tonalidades y acentos con los reflectores debían estar en consonancia con lo específico textual y de lo que ocurría sobre las tablas y, así, armar una atmósfera complementaria con una ambientación musical (bolero) escogido ex profeso para colocar el sentido y significación de lo que sucede como acción dramática; fue una puesta hecha desde la experiencia y apuntalada con intuición a fin de dinamizar un proceso decantado para que cada persona supiese donde hallar la médula de ese algo dramático les podía tocar su fuero interno. Una dirección aplomada gracias a que de lo poco, exacto y de lo necesario, preciso. Eso fue el el mejor logro de la dirección: apuntalar un espacio escénico sin el embadurnamiento de los elementos no verbales a fin que, texto y actuación brillasen por sí mismos.
Carlos Arroyo supo comprender estas coordenadas y ponerlas al servicio del dos magníficos actores como lo son Wilfredo Peraza y del propio Aníbal Grunn quienes de menos a más (en una lectura sabatina tocada por el feroz bullicio de un soberana lluvia que se desató justamente en los momentos más álgidos de la representación) pero que, en segunda lectura como espectador, pude deleitarme de ese poderoso factor que es la actuación elevada a niveles de lo orgánico donde la matización de los parlamentos sabía colocar ese acento donde se debía, que cada frase tenía una razón, que cada parlamento estaba unido a un recuerdo o a una exposición de verdad y sobre todo, porque ambos se fusionaron como artistas en un proceso e interrelación de personajes que se transformaban y emanaban hacia la platea: verdad escénica.
Fue sencillamente un trabajo de florilegios excepcional donde Grunn y Peraza lograron ese canto hermoso y sublime de constatar como con una dramaturgia tan especial como la de Gorostiza (y con los toques necesarios de la versión) eran capaces de llegar a lo más profundo de la emotividad del espectador. Un regalo histriónico porque la validez del acto escénico está en esa capacidad de decirnos cosas que, al salir de la sala e irnos alejando del teatro, frases, imágenes, parlamentos, gestos, silencios, miradas y hasta entendidos de lo que fue lo visto, revolotean en nuestros oídos, se asoman al cerrar los ojos y hasta permanecen cuando ya la soledad del ser individual, se ausenta de lo social para hacernos reflexionar que ¡la vida es eso: un minuto con los demás!
Para efectos de ir cerrando este compendio de crónica crítica diré que la producción para Compañeros de viaje fue sintética y pertinente para los efectos de lo que Carlos Arroyo deseaba ver sobre la escena; la labor en tal sentido conforma la composición plástica del ámbito escénico donde el juego de colores permitió una armonía cromática que al entrar el juego de iluminación de Kelyson Berrios, las tonalidades nunca alborotan la retina sino se acoplaron a un sentido de atmósfera de quietud, de sosiego y hasta de estar a tono con lo que las acciones verbales y psicológicas se emanaban desde la escena. La realización de escenografía de Luís Alberto Salas y la producción de Julián Ramos terminan por acoplar en su justa dimensión el concepto global de este satisfactorio y emotivo canto a la amistad que nos ofreció la CRTP en una breve temporada de la cual aspiro como animal de teatro, poder constatar en otras salas y con otros espectadores para verlos evolucionar con retos distintos a los que conllevó su experiencia en su terruño artístico guanareño. Hermoso espectáculo que sin llegar a una hora, sumerge nuestra alma en un regocijo que mereció mi más espontáneo aplauso. Acotación: ¡Les volveré a ver porque fue una muy grata experiencia artística como teatral!
Miércoles 08.05.2013
miércoles, 1 de mayo de 2013
Premian al teatro venezolano. Se inaugura el Premio de la crítica
La Asociación Venezolana de Críticos de Teatro eligió a los artistas nominados para el Premio de la Critica AVENCRIT 2012, el cual entregarán,por primera vez, durante el venidero mes de junio.
AVENCRIT también decidió otorgar un Premio Especial para una institución o una personalidad, pero solo se conocerá en la noche de la premiación.
TEATRO PARA ADULTOS.
ACTRIZ PRINCIPAL: María Teresa Haiek (El acompañante), Jénifer Urriola (Neurosis sexuales de nuestros padres) y Yuri Pita (Señorita Julia).
ACTOR PRINCIPAL: Anibal Grunn (La colección del peregrino), Vicente Peña (Pedro y el capitán) y Antonio Delli (La novia del gigante y Palabras encadenadas).
ACTRIZ DE REPARTO:Rossana Hernández (Señorita Julia),Cittlaly Godoy (Neurosis sexuales de nuestros padres) y Rosalía Blanco (Tinto de verano).
ACTOR DE REPARTO:William Escalante (Tres noches para cinco perros), Gabriel Agüero (Séptico) y Adolfo Nitolli (Neurosis sexuales de nuestros padres).
DIRECTOR:Carlos Arroyo (La colección del peregrino), Consuelo Trum (Pedro y el capitán), Hernán Vargas (Séptico) y Luis Fernández (High).
PRODUCTOR:Lazo Producciones (High), Caterina Cardozo y Nohely Arteaga (La ratonera), Diana Volpe (Ciclo Strindberg) y CNT/Portuguesa (La colección del peregrino).
DRAMATURGIA VENEZOLANA: Daniel Di Mauro (La colección del peregrino), Rubén León (Tinto de verano) y José Simón Escalona (De todas todas).
VESTUARIO:Joaquín Nández (Las amargas lágrimas de Petra Von Kant), Raquel Ríos y Efrén Rojas (Las bacantes) y Orlando Arocha (Ciclo Strindberg)
ILUMINACIÓN:Lina Olmos (Pedro y el capitán), José Jiménez (High) y Kenlyssom Barrios (La colección del peregrino).
ESCENOGRAFÍA: Rafael Sequera (La colección del peregrino), Emily Jolie (Pedro y el capitán) y Guillermo Díaz Yuma (Las criadas).
TEATRO PARA NIÑOS (AS)
ACTRIZ:Mercedes Barrios (Ratón y vampiro), Saima Rada (La luna y el niño juegan un juego que nadie ve) y Jénnifer Urriola (Miguel Vicente pata caliente)
ACTOR:Slavko Sorman (Miguel Vicente pata caliente), Héctor Castro (Ratón y vampiro) y Diego Mora (Miguel Vicente pata caliente).
DIRECTOR:Oswaldo Maccio (La luna y el niño juegan un juego que nadie ve), Juan José Martín (Arlequin enamorado) y Vyana Rodríguez Preti (Ratón y vampiro).
DRAMATURGIA INFANTIL: Carmen García Vilar (El robo de la arrobita) y José Luis León (El último dragón).
PRODUCTOR:Karla Fermín (La luna y el niño juegan un juego que nadie ve), Coco Seijas (Ratón y vampiro) y El último dragón (Cnt/Centro de actividades alternas).
MÚSICA:Pantelis Palamides (Odisimbad) y Jonathan Angarita (Miguel Vicente pata caliente).
MAQUILLAJE: Juan José Martín (Arlequín enamorado) y Luis Alfredo Ramirez (Miguel Vicente pata caliente).
ILUMINACIÓN:Carolina Puig (Ratón y vampiro) y Orihely Brizuela (Miguel Vicente pata caliente).
VESTUARIO: Samira Recondo (Arlequín enamorado), Luis Alfredo Ramirez y Franklin Zambrano (Miguel Vicente pata caliente) y José Luis León (El último dragón).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





